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Ahí en la pantalla se exhibía el 1.00...
la puntuación perfecta dividida en dos por una
limitación de la pizarra electrónica,
que no estaba preparada para la vibrante demostración
de talento con la que una pequeña de 14 años
pasaba a la historia tras obtener el 10 perfecto en
gimnasia. Así se daba a conocer al mundo en aquellos
Juegos Olímpicos de Montreal 1976. Su nombre:
Nadia Comaneci.
El público como un murmullo de mar era todo exclamaciones,
que se contenían de convertirse en gritos o aplausos,
tal vez temerosos de romper la concentración
de aquella gimnasta con aspecto infantil que sin mayor
problema realizaba su ejecución en las barras
asimétricas.
Nada parecía distraerla, muy a pesar de una de
las rusas que clavaba su mirada atónita ante
lo que estaba presenciado, una rutina perfecta. El número
73 negro que contrastaba perfecto con el leotardo blanco,
un par de listones rojo y blanco, el dorado flequillo
partido casualmente en dos. La escalada triunfal al
podio flanqueada por dos banderas rusas. El himno rumano
y una sonrisa tímida. Todo sellado en una fracción
de historia que la inmortalizará para siempre.
Pero este logro en los Juegos Olímpicos no fue
producto de la casualidad.
Nadia comenzó a competir a nivel nacional en
1970 como miembro del equipo de su ciudad natal. Rápidamente
fue reclutada por el reconocidísimo entrenador
Bela Karolyi y su esposa Marta (entrenadores entonces
del equipo nacional de Rumania) que más tarde
huyeron a Estados Unidos, donde fueron entrenadores
de muchos grandes gimnastas estadounidenses. A los 13
años Nadia Comaneci tuvo su primer éxito
importante; ganó tres medallas de oro y una de
plata en el Campeonato Europeo de Gimnasia en Skien,
Noruega.
Un año después, en 1975, la gimnasta superó
con cuatro victorias individuales a la rusa Lyudmila
Turishcheva, pentacampeona de Europa, y se alzó
con la primera posición en la clasificación
general individual de las competiciones preolímpicas
de Montreal. Ese mismo año, la Prensa Asociada
la eligió Atleta del Año.
El mágico
1976
El año 1976 fue el de Nadia. Triunfó en
Nueva York, donde, además de hacerse con la victoria
en la Copa América, se convirtió en la
primera mujer que realizaba el dificilísimo doble
mortal de espaldas en la salida de su ejercicio de asimétricas.
A los 14 años de edad fue la estrella de los
Juegos Olímpicos de Montreal con la puntuación
perfecta, misma que antes de esa justa ya había
recibido 19 veces, y la repetiría seis veces
más.
Ganó tres medallas de oro: general individual,
barra de equilibrio y paralelas asimétricas;
una de plata: general por equipos y una de bronce en
suelo.
Participó de nuevo en los Juegos Olímpicos
de Moscú 1980 y se clasificó en el segundo
lugar de la general individual tras la rusa Yelena Davidova.
En su libro Cartas a una gimnasta joven, Nadia dice
de esta derrota que "aquel día, Yelena simplemente
lo hizo mejor". Consiguió conservar sin
embargo el título olímpico de barra de
equilibrio y empató en suelo para el oro.
Tras esta edición de los Juegos Olímpicos,
Nadia se retiró del alto rendimiento.
Actualmente continúa vinculada con el mundo de
la gimnasia y se ocupa de diversas obras de caridad.
Ella y su esposo son propietarios de la Academia Conner
de Gimnasia y de algunas tiendas de material deportivo.
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