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Mohammed Ali
LA MEDALLA QUE TERMINÓ EN EL RÍO
A su regreso a Estados Unidos tras la medalla de oro en Roma 1960.
Eran los años de la segregación y la presea terminó en el fondo del un río.
ARCHIVO EL UNIVERSAL

Es la historia del más grande, el que en el cuadrilátero bailaba como mariposa y picaba como avispa. En su vida social también puede ser aplicado ese viejo lugar común, pues el púgil a la vez que crecía en su carrera profesional fue madurando en sus convicciones religiosas y políticas. Así, pueden establecerse asociaciones: Mohammed Alí y los musulmanes; Cassius Clay y Malcom X, tan válidas como las que relacionan esa figura legendaria con las de Sonny Liston y Joe Frazier.

La aparición del ex campeón del mundo de boxeo en el final del camino de la llamada olímpica aún estremece al mundo. El Corriere de la Sera, dice que “Clay conmueve pero la piedad por la enfermedad del gran púgil (En 1984 le fue diagnosticado el mal de Parkinson) no apaga las controversias sobre su rechazo a hacer el servicio militar”. Se lee en La Republica: “El más grande, el púgil que sobre el ring bailaba como una mariposa y picaba como una avispa pedía ayuda porque las llamas le estaban quemando el brazo. Pero en los juegos, desnudo en su enfermedad. Mohammed Alí ha pegado duro, seguramente más que antes, al demostrar que hay aún cosas que hacen palpitar el corazón por algo distinto al miedo”.

BAILABA COMO MARIPOSA

Una breve historia del más grande puede ser contada a partir de septiembre de 1954, en Lousville, Kentucky, cuando los hermanos Cassius Clay y Rudolph -de diez y 12 años de edad- vagaban desesperados por las calles buscando una bicicleta que les había sido robada.

Alguien les aconsejó que visitaran al policía de Joe Martin, quien atendía el gimnasio Columbia en la parte sur de la calle 4. El rubio Martin escuchó ahí la historia de las desgracias de los hermanos Clay.

-Si agarro al tipo que me robó la bicicleta -sollozó el hermano mayor-, ¡le daré una paliza!

-¿Ustedes saben boxear? -preguntó Martín-. Les voy a ayudar de esa manera: enseñándoles a boxear.

También puede contarse la vida de Cassius Marcellus Clay II desde el viaje que hace a Roma en 1960 -con 18 años de edad-, como parte de la delegación olímpica de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos. Medía 1.85 y pesaba 81.650 kilos.

El peso semicompleto despachó a Yvon Becaus, de Bélgica, y al soviético Gennadiy Shatkov, en sus dos primeras peleas. En semifinales se enfrentó a Tony Madigan, campeón australiano, en un encuentro difícil que conquistó por puntos. Los jueces sumaron, sobre todo, los jabs izquierdos que Clay incrustaba en el rostro estupefacto de Madigan. La gran final ocurrió el 15 de septiembre de 1960, con 16,000 espectadores que llenaban el Palazzo dello Sport. Para abreviar, sólo hay que apuntar que el polaco Zbigniew Piertzkowski terminó con cortadas en torno a los ojos, la nariz y la boca.

Medalla de oro y humillación de color oscuro. Dice Alí que al regresar a su patria no le fue permitido entrar a un restaurante “por ser negro”. Entonces tomó la medalla y la aventó al río.

PICABA COMO AVISPA

Otro posible inicio, el nacimiento de un campeón en pesos pesados. 25 de febrero de 1964. El salón de convenciones de Miami tiene, ocupados, 8 mil. Sonny Liston aparece como el favorito, y está 8 a 1 en las apuestas. El sexto round es decisivo, pues en él Liston empieza a ser sacrificado. Clay le llegó a pegar ocho rectos consecutivos hasta que se dobló. El joven peleador pensaba: “Sí, viejo y baboso. Intentas ser tan grande y tan malo”.

Vino el descanso, y cuando se marcaron los diez segundos de preparación para el séptimo round el campeón escupió el protector, y Cassius Clay saltó de gusto.

-¡Soy el rey, soy el rey, soy el más grande!

La historia, entonces, puede ser relatada de muchas maneras. ¿Cuando comienza a vivir un hombre, cuando nace o cuando descubre los resortes ocultos de la vida? ¿Cuando asciende o cuando cae y se refugia en si mismo?

¿Cuando decide oponerse a las injusticias establecidas?

Cassius Clay desapareció con el nacimiento del musulmán Mohamd Alí. fue declarado oficialmente “muerto” cuando rechazó el reclutamiento para ir a la guerra de Vietnam en 1967. Volvió a la vida en sus combates con Joe Frazier y Joe Foreman, en 1970 y 1974.

Alí nunca dejó de luchar contra el mal de Parkinson, que comenzó a dificultarle la movilidad. Precisamente por eso, el 19 de julio de 1996 en Atlanta fue el candidato perfecto para ser el último portador de la antorcha olímpica ante todo el mundo y el encargado de encender el pebetero.

Alí, el más grande. El rey.

 
 
 
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