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Mark Spitz
EL SEÑOR DE LAS SIETE MEDALLAS DE ORO
Mark Spitz compitiendo por la medalla de oro en los 100 metros estilo mariposa, en Munich 1972.

Tan pronto como caminó, Mark Spitz tuvo su primer encuentro con el agua. A los dos años de edad, aprendió a nadar, bajo la supervisión de su padre Arnold, quien con su familia, se trasladó a vivir a Hawai, donde trabajó en una compañía de acero. El pequeño Mark, el menor de tres niños, comenzó a practicar los secretos de la natación en la playa de Waikiki y a partir de ese momento brotó la leyenda del nadador más rápido de la historia. "Deberían haber visto al pequeño sumergirse en el océano", declaró su madre Lenore a un reportero del Times el 12 de abril de 1968.

A los ocho años, ya de regreso en California, donde nació en Modesto, el 10 de febrero de 1950, Mark Spitz continuó con la práctica de la natación en el Club YMCA. Era incansable. Practicaba la natación los siete días de la semana y las 52 semanas del año, con el asesoramiento del su entrenador Sherm Chavoor. Destilaba talento a raudales y comenzaba a mostrar potencial tremendo, eficiencia de manos y piernas que trabajaban a la perfección al surcar las aguas en infinidad de competencias. Antes de cumplir 11 años, ya era poseedor de 17 records nacionales en su categoría.

Su padre Arnold no podía ocultar el orgullo por su hijo y siguió apoyándolo en su carrera, cuando lo inscribió en el Club de Natación Santa Clara, donde fue entrenado por George Haines, un preparador todavía más duro que Chavoor, quien dejó huella imborrable en la vida de Spitz. A los 14 años, su padre decidió que era ahora o nunca con su hijo y lo animó para que alcanzara la excelencia en la natación, sobre todo en el difícil estilo mariposa. Le inculcó a Mark la importancia de ser primero siempre.

Y Mark comenzó a responder a la confianza de su padre al colgarse infinidad de medallas y lograr el título a los 16 años en los 100 metros mariposa en el campeonato nacional, primer campeonato de 24 que ganaría. En 1967 se llevó cinco medallas en los Juegos Panamericanos en Winnipeg, Canadá, y se declaraba listo para la conquista de los Juegos Olímpicos de México 68.
Tanta era la confianza en su talento que Marx Spitz vaticinó que ganaría en México seis medallas de oro, pero sólo conseguiría dos preseas áureas en relevos 4 por 100 y 4 por 200 metros libres, una de plata en 100 metros mariposa y una de bronce en 100 metros libres.

Sin embargo, Mark Spitz no se amilanó, sino que continuó con su duro entrenamiento con vistas a los Juegos Olímpicos de Munich 1972, donde se consagraría como el más grande atleta olímpico de todos los tiempos.
En Munich, no sólo conquistaría siete medallas de oro, sino que batiría el récord en siete finales, ingresando a la elite de los grandes campeones. Tal proeza lo convirtió en el primer atleta en ganar siete oros en la historia de los Juegos Olímpicos y pulverizó la marca del italiano Nedo Nadi, quien había ganado cinco oros en los Olímpicos de 1920.

Y por si fuera poco, agregó tres oros como miembro del equipo de Estados Unidos, en 400 y 800 metros estilo libre.

El 28 de agosto de 1972 ganó la primera presea de oro en 200 metros mariposa en 2.07 segundos. Esa misma noche se colgó la segunda de oro en 400 metros relevo libre.

Al siguiente día, logró la tercera medalla áurea en 200 metros libre con 1.52.70 segundos. La cuarta llegó en los 100 metros mariposa en 54.27 segundo; la quinta, en 800 metros relevo libre (esta prueba ya no es olímpica); la sexta, en 100 metros libre, y la séptima, el 3 de septiembre, en 400 metros.

Mark Spitz nació en Modesto, California, de origen judío, y debido a ello sintió en carne propia el ataque palestino en los Juegos Olímpicos de Munich, en el cual fueron asesinados 11 atletas israelíes.

Los recuerdos de aquel hecho trágico aún perduran en la memoria de Spitz. A pocas horas de haber ganado su última medalla, dormía cerca del ataque terrorista. Resultó ileso, pero ya no quiso permanecer ni un minuto más en Munich y muy nervioso abandonó el país con fuertes medidas de seguridad antes de la ceremonia de clausura.

Spitz regresó a sus raíces judías cuando compitió en los Juegos Maccabiah en Tel Aviv en agosto de 1965, donde ganó cuatro medallas de oro. Y regresó a Israel en 1969 tras los Juegos Olímpicos de 1968 en México.

EL RETIRO

Tras los Juegos Olímpicos de Munich 1972, Spitz se retiró de la natación, a los 22 años de edad. Su resonante triunfo en Munich le redituó una ganancia de 7 millones de dólares en dos años, tras comenzar una carrera en Hollywood y la grabación de comerciales de televisión, conducta que muchos le criticaron, pero que también muchos le elogiaron.

Con su singular mostacho y mostrando un parecido al actor Omar Shariff, Mark Spitz se transformó en vocero de compañías como la Xerox, Kodac, Bausch And Lomb, General Motors, General Mills, Adidas, Speedo. Viajó por el mundo ofreciendo pláticas de los Juegos Olímpicos y de su experiencia y recuerdos de los ataques terroristas.

Se casó con Suzy Weiner, una estudiante de Teatro de la UCLA. Reside en Los Ángeles, California, donde construyó en su casa una piscina. Pero, las paradojas de la vida, funge como coach de su hijo, quien no practica la natación, sino que es jugador de futbol soccer.

Ya en el retiro y dedicado a la navegación, a los viajes y al trabajo promocional, Spitz intentó regresar a la natación. En 1989, a los 39 años, 17 más viejo que en 1972, comenzó a entrenar para las eliminatorias de los Juegos Olímpicos de 1992. Pero no logró el boleto en 50 y 100 metros mariposa al cronometar 58.03. Necesitaba 55.59. Planeó volver también en 1996, pero ya no lo hizo y muchos señalan que hubiera ganado otra medalla, pues era un hombre notable.

En 2000 fue distinguido como el Atleta del Siglo en los deportes acuáticos y nominado por Sports Illustrated como uno de los seis más grandes olímpicos. Y el COI lo eligió entre los cinco atletas del siglo.

"De niño terminé en el deporte de la natación por ósmosis", declaró al Washington Post. "Estuve en un equipo, mejoré, me perfeccioné, me hice fabuloso, luego logré records mundiales. Nunca tuve la oportunidad de sentarme a reflexionar: ¿Qué estaría haciendo si no estuviera haciendo esto?", señalaría Mark Spitz, el héroe estadounidense, el más grande nadador olímpico.

 
 
 
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