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Marion Jones
UNA DURA CAÍDA
La atleta perdió las cinco medallas olímpicas que había ganado en Sydney 2000,
tras confesar haberse dopado. Todos sus récords, desde septiembre del 2000, fueron anulados.
Archivo EL UNIVERSAL

Cuando Marion Jones era apenas una chiquilla y vivía en Los Ángeles, donde nació, no jugaba con muñecas; prefería competir con niños. Sólo con niños. Pronto superó a su hermano mayor Albert, quien la escogía como parte de su equipo en aquellos encuentros atléticos de banqueta con equipos de otras calles, de otros barrios. Pero la suya no fue una infancia feliz: su padre la abandonó y su abuelo, quien la adoraba, murió cuando ella aún no cumplía 10 años.

A los 13 fue descubierta por Brian Fitzgerald, un entrenador atlético de secundaria. Tenía razón: pocos meses después, Marion se convirtió en la estudiante de secundaria que más rápidamente ha corrido los 200 metros en la historia del atletismo, y destacó también en el basquetbol universitario: en su año de novata, y en la posición de pivote, impulsó a las Tar Heels de Carolina del Norte al campeonato nacional de basquetbol. Y en 1992 cuando tenía apenas 16 años fue escogida como reservista en la delegación que competiría en Barcelona, pero declinó el ofrecimiento. “No quería apresurar las cosas”, explicó tiempo después.

En 1993, la Asociación Deportiva estadounidense se preguntaba: ¿qué tan buena es Marion Jones? Se respondió a sí misma: es la velocista más talentosa que ha existido. Pero ella misma parecía empeñada en negarlo: se dedicó más al basquetbol que al atletismo y no sólo perdió el ritmo de una atleta especializada en el sprint, sino que, poco antes de Atlanta 96, se fracturó el pie derecho y volvió a quedar fuera de los Juegos Olímpicos. Un año después rectificó el camino y en los campeonatos mundiales conquistó el oro en los 100 metros y en el relevo 4 x 100.

Fue encadenando triunfos y satisfacciones hasta llegar a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Y a unos días del comienzo de los últimos Juegos Olímpicos del siglo, Marion Jones se presenta, por fin, en la máxima justa deportiva del mundo. Es la segunda mujer más rápida de la historia en 100 y 200 metros sólo detrás de su compatriota Florence Joyner Griffith. Pero tan veloz es, como inconsistente es.
Por eso la pregunta: ¿Cinco medallas olímpicas?...
“Esa es mi meta”, dice Marion con voz transparente como el agua... “Hacer lo que nadie ha hecho”.

Y lo hizo.

Aterrizó en Sydney con bombos y platillos vaticinando que ganaría cinco medallas de oro. Atrapó la atención del mundo, que estaba a la expectativa de la hazaña en puerta. Y en efecto, sí fueron cinco preseas, pero no todas de oro, sino solamente tres (100 m, 200 m y relevos 4x400 m) y dos de bronce (salto de longitud y relevos 4x100 m).
La impecable demostración la catapultó hacia el máximo escenario del atletismo mundial. Jones contrajo matrimonio con C.J Hunter, un irritable hombre de 150 kilos que no vacila en manifestar su desagrado por la prensa y sus inquisitivas preguntas. ¿Soy un poco distraída pero tengo el lujo de contar con mi esposo. “Cuida mis espaldas”, señala Jones. La prensa europea apodó a la pareja como La Bella y La Bestia.

Tras los Juegos Olímpicos de Sydney, C.J. Hunter fue acusado de dopaje y esto arrastró a Marion Jones, de quien muchos comenzaron a hilvanar sospechas.
Pese al escándalo, Jones continuó su participación en las pruebas de atletismo, pero se divorció de C.J. Hunter para comenzar un romance con el velocista Tim Montgomery, plusmarquista mundial de 100 metros.
Renació Marion Jones y comenzó a soñar en Atenas 2004. Pero el fantasma del dopaje rondó una vez más a Jones, tras una investigación sobre un nuevo producto llamado Tetrahidrogestrinona (THG), de los laboratorios Balco, al que se le vinculó y manchó su imagen.

El desconcierto y la preocupación propiciaron un mal entrenamiento, el cual impidió que calificara para Atenas 2004 en 100 y 200 metros. Sólo participó en salto de longitud quedando en quinto lugar, y en los relevos de 4x100, prueba en la que Estados Unidos fue descalificado.
Y la pesadilla continuó para Marion Jones, luego que en diciembre de 2004 Víctor Conte, de los laboratorios Balco, denunció que Marion se dopaba desde hacía varios años y que él mismo le había enseñado a utilizar la TGH.
Más adelante Marion Jones dio positivo en un control antidojaje por EPO, aunque el contraanálisis demostró que se había tratado de un error.

A finales de 2006 anunció que meditaba un probable adiós del atletismo, por no soportar las continuas sospechas sobre su supuesto dopaje.
Al año siguiente dobló las manos y finalmente aceptó haberse dopado durante los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Se vio obligada a devolver las cinco medallas y recibió como castigo una suspensión de dos años. Ante la hecatombe, anunció su retiro del atletismo y más adelante los libros de récords fueron desempolvados al anularse los resultados de todas las competencias que disputó desde el primero de septiembre de 2001.

Sin embargo, la tormenta no cesó en la vida de Marion Jones. Fue condenada en enero de 2008 a seis meses de prisión y dos años de libertad condicional por perjurio, durante los cuales tendrá que cumplir 800 horas de servicio comunitario.
Al salir del tribunal, Jones declaró: "Como pueden imaginar, estoy extremadamente desilusionada con todo esto; pero así como di la cara en los años de victoria ahora lo que hago por lo que es correcto. Respeto la decisión del juez y espero que la gente aprenda de mis errores".

 
 
 
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