|
|
 |
| Johnny Weissmuller |
 |
| WEISSMULLER ROMPIÓ MARCAS,
CREO UN MITO |
 |
Alameda, Pennsylvania: Se estremece el mundo de la
natación: un chiquillo de sólo 15 años
de edad se convierte en el primer ser humano que rompe
la barrera del minuto de los 100 metros libres. Johnny
Weissmuller registra un tiempo de 59:06.
Lo más sorprendente es que ese chiquillo, nació
en Winbar, pequeña población del estado,
padeció la poliomielitis en su infancia primera.
"El agua del río, el agua del mar, el agua
de una piscina... Agua, mucha agua... Johnny debe nadar
para sanar", recomendaron los doctores. Y Johnny
Weissmuller fue lanzado al agua.
Nada, en la presencia vigorosa de este muchacho de fuerte
tórax y lacio cabello peinado prolijamente hacia
atrás, hace recordar aquel niño debilucho
y enfermizo. Son las Olimpiadas de 1924, las Olimpiadas
que Pierre de Coubertin se ha empeñado en llevar
a casa: París. Johnny Weissmuller, quien todavía
no ha cumplido los 17 años, es un macetón
fuerte y alto, que tendrá como gran enemigo,
en los 100 metros libres, al doble campeón olímpico:
su compatriota Duke Pao Kahanamoku. Pero lo vence con
facilidad e impone la gran marca olímpica: 59:06
segundos.
Primera medalla de oro, primera marca olímpica.
Vendrán dos más: en 400 libres, Weissmuller
registra 5.04.02, y después forma parte del relevo
de 4X200, que gana con tiempo de 9.53.04.
Es, Weissmuller, el único que disputa al "Finlandés
volador", el atleta Paavo Nurmi —ganador
de cuatro medallas de oro— el mítico título
de "Rey de las Olimpiadas".
Cuatro años más tarde, en Amsterdam 1928,
Weissmuller refrenda sus victorias en 100 metros -58.06-
y 4X200 —9.36.02—.
Y cuando dice adiós a la competiciones deportivas,
Weissmuller se va no sólo con el oro de cinco
medallas olímpicas, sino con 75 marcas mundiales.
Acababa una leyenda.
Pero nacía otra...
En ese entonces, en las tiras cómicas dominicales
de los principales periódicos del mundo, había
un personaje que capturaba la imaginación de
todo lector: Tarzán, el hombre mono; la historia
de un pequeño británico que quedó
en orfandad en las profundidades de la selva africana
y que fue adoptado por una familia de gorilas. Tarzán
creció fuerte y poderoso hasta convertirse en
el rey de la selva. Enemigo de cazadores furtivos, de
hechiceras y de feroces tribus, Tarzán no sólo
peleó contra todos ellos, sino que venció
sin más arma que un puñal, a leones y
panteras, a descomunales boas, a furiosos cocodrilos.
La industria cinematográfica sentaba las bases
de un imperio en Hollywood y estaba urgida de personajes.
Tarzán era ideal.
Pero un mito necesitaba a otro mito. Tarzán lo
encontró en Johnny Weissmuller, quien le dio
vida en la pantalla: le cedió sus excepcionales
cualidades físicas. Fue su voz. Fue suyo el grito
legendario, prolongado y sonoro, después de cada
victoria. Fue suyo el cuerpo atlético que paseó
de liana en liana.
La primera película, "Tarzán, the
ape man", fue el primer gran éxito de una
larga cadena.
El mundo entero conoció al hombre-mono sinónimo
de victoria sobre el mal. Se hizo amigo de sus amigos:
Tantor, el gigantesco elefante líder de una gran
manada: Jad-bal-já, el león dorado...
Sufrió y rió con las vicisitudes de Jane
y Boy, la familia que Tarzán forjó en
una casa construida en lo alto de un árbol, y
festejó las divertidas ocurrencias de Chita,
el gracioso chimpancé...
Pero algo pasaba fuera de las pantallas.
Mientras Tarzán mantenía su invencibilidad,
el mundo entero nadaba contra el pasado de Weissmuller.
Y sus marcas que batieron viejas marcas, marcas que
a su vez nacieron para ser batidas, pronto fueron superadas.
Una a una. Una y otra vez. Olimpiada tras Olimpiada.
Un día Johnny Weissmuller dejó de ser
Tarzán.
Había casado con la explosiva actriz mexicana
Lupe Vélez, y con ella se fue a vivir a Acapulco,
que había sido espléndido escenario para
una de las películas de Tarzán. Lupe Vélez
se fue rápidamente de la vida de Johnny Weissmuller.
Pero él permaneció en Acapulco. Para siempre
y en la dorada bahía guerrerense finalizó
su existencia. Johnny Weissmuller murió en 1984,
año en el que Ambrose Gaines se convirtió
en campeón olímpico de los cien metros
libres cronometrando 49.80.
El mundo entero sigue nadando detrás de Tarzán.
Han pasado 80 años desde que aquellas viejas
marcas fueron impuestas. De París 1924 a Atenas
2004... De los 59 segundos flat en metros, a los 48.74
de Alexander Popov; de los 5:04.02 en 400 metros, a
los 3:47.97 de Danyon Loader.
Pero siguen viviendo las leyendas.
Tarzán y Weissmuller. Como uno solo.
|
|