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Ben Johnson
EL TRAMPOSO MÁS VELOZ
Ben Jonson a la espera de la salida en la final de los 100 metros en los Juegos Olímpicos de Beijing.
Archivo EL UNIVERSAL
En realidad el más veloz en Seúl 1988 fue el canadiense Benjamín Sinclair Johnson.
Al finalizar la prueba, ufano, dijo a los micrófonos: "Este récord mundial durará 50 años, o quizá 100 años"...

Sus palabras sobre el podio de Seúl 1988 no fueron precisamente premonitorias.
Su récord 9.79 segundos para los 100 metros sucumbió apenas cuatro horas después.

En el Centro de Control Antidopaje, a menos de 2 kilómetros del estadio, el doctor Park JongSei descubría en la orina del campeón un anabólico esteroide.

Y entonces, Ben Johnson fue el protagonista del primer escándalo de dopaje en un campeón dentro de la prueba reina del atletismo: los 100 metros planos.

El canadiense se impuso derrotando al legendario Hijo del Viento , el estadounidense Carl Lewis.
Johnson destrozó los récords mundial y olímpico. Asombró. Pero fue una proeza efímera. En el análisis antidopaje fue descubierto el uso de anabolizantes. La sustancia encontrada en la orina del deportista fue estanozolol, un esteroide prohibido por el reglamento del Comité Olímpico Internacional, cuyo uso se relaciona con un ostensible aumento de la masa muscular, pero que implica un grave riesgo para la salud.

Nunca falta un ¿Yo lo vi?

Ya lo sospechaba un entrenador estadounidense, quien antes de la carrera notó algo extraño en la mirada del atleta: "Tenía los ojos amarillos y eso es producto del excesivo trabajo del hígado para producir esteroides", argumentó ante los jueces.
Y al escándalo.

Johnson quien insistía en su inocencia fue despojado de la medalla dorada, que pasó a manos de Carl Lewis, segundo en la prueba.
Tras este incidente comenzó una crisis en el deporte mundial, y todos los campeones quedaron bajo sospecha.

El caso de Ben Johnson cambió radicalmente la concepción general que se tenía del dopaje. Se comenzó a cuestionar si marcas como las de Johnson eran posibles sin la ayuda de sustancias.
Se inició la investigación a numerosos deportistas retirados (en su mayoría de los países comunistas de Europa del Este) en los que se estaban produciendo algunos trastornos físicos.
A partir de este momento, la Comisión Médica del COI empezó a trabajar intensamente para erradicar el dopaje y limpiar el nombre del olimpismo.

DE POR VIDA

Nació el 30 de diciembre de 1961, en Falmouth, Jamaica. Al cumplir 15 años se trasladó con su madre a Canadá y estableció su residencia en Toronto.

Es aquí donde se prepara a fondo como velocista. A los 19 años participa en su primera competencia, donde corre con Carl Lewis, entonces campeón de Estados Unidos.
Cinco años después, Ben Johnson lograba vencerle: 1987 fue uno de sus mejores años, ya que logró batir el récord de los 100 metros planos, con un tiempo de 9.83 segundos y se proclamó campeón del mundo en Roma.

Es aquí donde comienzan a surgir las sospechas sobre el consumo de esteroides.
Fue en Seúl donde se superó a sí mismo, con sus 9.79 segundos.

Como castigo, le prohibieron participar durante dos años en los actos organizados por la Federación Internacional de Atletismo Amateur.

Luego de dos años de suspensión, regresó sin éxito en los Juegos de Barcelona 92; nunca recuperó sus marcas anteriores. En 1993, las autoridades deportivas descubrieron un nuevo dopaje, por lo que quedó excluido de por vida de las competencias.

A mediados de 2003, consideraba emprender acciones legales contra el Comité Olímpico Estadounidense (USOC) por una supuesta autorización a Carl Lewis para participar en Seúl 1988, pese a haber dado positivo en un control antidopaje poco antes de esos Juegos coreanos.
Casi 15 años después, Wade Exum, director de la División Antidopaje del USOC en el periodo 1991-2000, ofreció en bandeja la venganza a Johnson, al entregar más de 30 mil folios a la revista Sports Illustrated y al diario Orange County Register con documentación que aparentemente avala el dopaje de Lewis, que el USOC encubrió en su momento.

Según los informes en poder de los dos medios estadounidenses, los análisis practicados a Carl Lewis durante las pruebas de selección para los Juegos de Seúl revelaron, al menos en tres ocasiones, la presencia de pequeñas cantidades de estimulantes.

"Que Lewis también devuelva su medalla", clama Ben Johnson.

Esta veloz historia sería aún más inverosímil.

 
 
 
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