La hija mayor de la familia del burócrata espera una plaza en el área de mercadotecnia de una empresa. Será hasta enero cuando se vuelvan a abrir las contrataciones donde hace 10 meses es becaria. Mientras, los cinco mil pesos que recibe al mes aminoran los gastos de la familia. Ella se hace cargo de sus propios gastos, como diversión y ropa.
De lo demás se hacen cargo sus padres, ambos burócratas. Ella de una dependencia federal y él de la Secretaría de Turismo del Distrito Federal. “Estoy tranquilo, sé que esta secretaría no cerrará sus puertas como la federal, tenemos muchos proyectos en puerta y para Marcelo Ebrad, el turismo en la ciudad y la promoción son muy importantes, así que por el momento me siento muy seguro en el trabajo”, dice.
Quizá por eso le sorprende tanto que a otras familias les pegue tanto la crisis. Ellos tienen un sueldo fijo y eso les da tranquilidad. “Yo veo que los centros comerciales están llenos y en los restaurantes de moda, en la Condesa, tienen fila para entrar, creo que sí hay dinero, la gente sigue gastando en esas cosas”, asegura.
Y es que el ingreso mensual de ésta familia no ha cambiado en lo que va del año. La burocracia los ha mantenido estables. “Al menos tenemos un trabajo y un sueldo seguro, por eso no hemos padecido la crisis económica”, dicen.
Son de las pocas familias de este Diario de la Crisis que siguen comiendo fuera de casa en fin de semana. “Eso sí, vamos a restaurantes modestos, nada de lujo ni de moda, pero sí por lo menos no tenemos que cocinar en fin de semana”, dice.
Septiembre fue un mes menos apretado porque no tuvieron que hacer gastos escolares, como en agosto, cuando el hijo menor entró a la preparatoria. “Este mes fue nuestro segundo mes de pago de colegiaturas y hasta el momento hemos salido bien, no nos hemos desajustado en otros gastos y vamos fluyendo bien con esa nueva responsabilidad”, dice.
La familia se muestra optimista. Ha visto con buenos ojos la crisis, incluso un poco de lejos al no sentirse todavía parte de ella. “Yo veo a muchos que están bien y a muchos que están mal, gracias a Dios, nosotros estamos muy bien, no nos ha pegado”. Reconoce que han ajustado sus gastos, aprendieron a comprar, dicen que ningún alimento se descompone en el refrigerador. Ya no compran nada de más, ni nada que no se vayan a comer.
Pero aún así, han disfrutado de vacaciones por lo menos una vez en todo el año y mantenido su estilo de vida. Pudieron meter a su hijo menor a una preparatoria particular y eso los llena de satisfacción. “No nos hemos visto muy apretados, creo que al igual que muchos estamos a la espera de cómo empeorarán las cosas, el alza de impuestos y precios terminará por desajustarnos en algún momento a todos”, dice.
Texto: Cinthya Sánchez