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No pudieron.... y se quedaron
EL ASESINATO DE FERNANDO MARTÍ EVIDENCIÓ LA INEFICIENCIA POLICIAL E IMPUNIDAD DE MAFIAS
Alejandro Jiménez
alejandro.jimenez@eluniversal.com.mx

Su caso destapó la cloaca. El 1 de junio de este año, el joven de 14 años, Fernando Martí, descendiente de una añeja dinastía de empresarios, es secuestrado en un falso retén cerca de Ciudad Universitaria, en lo que se convertiría en uno de los dos mayores escándalos de ineficiencia policial e impunidad criminal de 2008 y movería a la realización de una segunda marcha nacional contra la inseguridad.

Alejandro Martí, padre de Fernando, no tuvo empacho en salir a los medios de comunicación los primeros días de agosto para ventilar su caso y revelar detalles de la negociación, exhibir el submundo de los negociadores privados y plantear sus sospechas de complicidad dentro de los aparatos policiales. Comenzaron a conocerse más casos de secuestro en todo el país.

Acorralados por la opinión pública, los tres niveles de gobierno y funcionarios de todos los partidos políticos se dieron cita en Palacio Nacional, el 21 de agosto.

Ahí mismo, Alejandro Martí espetó a los presentes: "¡Si no pueden, renuncien!", que cayó como latigazo a quienes estaban acostumbrados a los discursos positivos. El resultado: un Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, con plazos y compromisos.

Fue entonces que el gobierno del Distrito Federal dijo tener indicios sólidos de que quien privó de la libertad y de la vida a Fernando Martí habría sido una banda de secuestradores conocidos como de La Flor, por su morbosa costumbre de poner una en los cuerpos de sus ejecutados.

Pronto se sabría que la banda estaba integrada en su mayoría por policías federales y locales, activos y retirados, presuntamente comandada por Sergio Humberto Ortiz Juárez, El Apá, quien habría contado con la complicidad de una agente de la AFI, Lorena González, con una red de informantes dentro de las Procuraduría capitalina y con varios delincuentes dedicados al plagio.

Mientras las autoridades armaban el caso, organizaciones civiles convocaron para el 30 de agosto a una marcha titulada Iluminemos México. Su convocatoria fue vasta.

Tras los primeros 100 días del Acuerdo por la Legalidad, los responsables de la seguridad en el país aseguraron que están trabajando. La banda de La Flor sigue sujeta a proceso y Martí anunció la creación del Sistema de Observación para la Seguridad Ciudadana (SOS).



Discreto y sin glamour

Alejandro Jiménez
alejandro.jimenez@eluniversal.com.mx

Los negocios no iban bien. Su deuda se volvió inmanejable. Fue entonces, en el invierno de 2007, cuando la enorme transacción salió en todas las páginas de Finanzas de los diarios: Alejandro Martí vendía a Alfredo Harp Helú la cadena de tiendas Deportes Martí y los gimnasios Sport City, en 2 mil millones de pesos, cifra que, sacada de contexto, representaba un apetitoso pastel para la criminalidad.

Hasta ese momento era la peor experiencia por la que había atravesado la familia Martí. Faltaba lo de Fernando.

Hablar de Alejandro es lo mismo que hablar de su empresa. Creado desde 1936 con un establecimiento en el Centro Histórico de la ciudad de México, el grupo Martí pasó con el tiempo de vender artículos deportivos, a convertirse en el mayor proveedor de ropa para atletas en el país, y a uno de los mayores consorcios de acondicionamiento físico de la actualidad.

El gran salto en los negocios lo dio en 1968, cuando se convirtió en el proveedor oficial de ropa para los deportistas en la Villa Olímpica y del equipo nacional. Sin competencia a la vista, la sucursal del Centro quedó como casa matriz de lo que sería un gran emporio.

Poco después se abrió la primera sucursal del grupo, en el entonces moderno concepto de centro comercial que representaba Plaza Universidad. Es la época en que se hace cargo de dicha tienda.

Desde entonces creció el grupo, hasta contar con 132 sucursales en la actualidad. Ya con la conducción a su cargo, Alejandro crea en 1995 el concepto de gimnasio Sport City.

No es afecto a los reflectores ni a las páginas de sociales. Aun cuando es muy conocido en el medio empresarial y sus avatares financieros son de dominio sectorial desde 1995, mantuvo hasta agosto de este año un bajo perfil, congruente con su discreción personal.

Sin embargo, la tragedia del secuestro de su hijo lo llevó por la senda del activismo social, dentro del tema de la inseguridad, primero como ariete del reclamo ciudadano hacia las autoridades ineficientes y después como organizador del incipiente Sistema de Observación para la Seguridad Ciudadana (SOS).

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