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méxico
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El enérgico
reproche a la incapacidad policiaca TOCÓ PUERTAS SIN RESPUESTA; UN AÑO PASÓ, HIZO SUS PESQUISAS Y HALLÓ A SU HIJA... MUERTA |
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Alejandro Jiménez
alejandro.jimenez@eluniversal.com.mx "¡¿Eso es no tener nada?!, ¡eso es no tener madre!". La frase cortó el aire. La voz entrecortada, llorosa, indignada del empresario deportivo Nelson Vargas conmovió a una opinión pública abrumada por la percepción de inseguridad generada por la revelación de secuestros de alto impacto. Fue en el contexto de las investigaciones para buscar a su hija de 18 años, Silvia Vargas Escalera, secuestrada el 10 de septiembre de 2007, y cuando por pesquisas propias logró relacionar a un antiguo chofer de la familia con la peligrosa banda de secuestradores Los Rojos, comandada por Raúl Ortiz González. Un burócrata de la justicia le había dicho: "No tienes nada". El 25 de agosto de este año, Silvia Escalera Montes, la madre de la joven, aprovechó el momento social generado por el asesinato de Fernando Martí para dar a conocer su propia situación y hacer un llamado público a los secuestradores para regresar a la negociación y liberar a su hija. Nada. El 10 de septiembre de 2008, en el aniversario del evento, Nelson Vargas exigó que se aclarara el paradero de Silvia. Ninguna autoridad avanzó en la investigación. Nadie parecía querer saber nada. Dio parte a las autoridades desde el principio de su pesadilla. Dilaciones, engaños, ineficiencias y ningún resultado. Escaló en niveles de autoridad su reclamo, pero las respuestas, sin esperanzas, políticas frías de fingida empatía: "Estamos contigo, comparto como padre tu dolor, pero no sabemos dónde está Silvia". Finalmente, el 4 de diciembre, a unas horas de que Vargas dijo que Dios se había olvidado de él y los suyos, de la nada surgió la súbita pista. Un reo del penal de Barrientos "se acordó" de un secuestro con las características del de Silvia, llevado a cabo en el sur de la ciudad, por las mismas fechas. Describió a ejecutores, procedimientos y detalles dolorosos para la familia. Una casa en Tlalpan fue revisada y unos restos humanos fueron encontrados. Los exámenes de ADN, dactilares y antropométricos confirmarían que era Silvia. En tres días se aclaró lo que no se pudo en un año. El sepelio de la joven fue el 13 de diciembre. La familia Vargas pasó de la rabia y la impotencia al trabajo de resignación. Sin embargo, en la sociedad, víctima cotidiana de la delincuencia, quedó flotando el indignado: "¡Eso es no tener madre!". Nuevo y doloroso reto Su ronca voz era incompatible con la locución; aun así logró ser conocido como todo un referente del equipo de José Ramón Fernández en la crónica televisiva de la natación. En estas lides se fue a las Olimpiadas de Seúl y de Barcelona, y cada domingo hacía sus comentarios en el programa DeporTV. Este capitalino de clase media (66 años) tuvo su orígenes en la colonia Clavería y estaba en todo lo que fuera deporte organizado: basquetbol, futbol americano y natación. Ya en su vida adulta, Nelson se vinculó a la parte del deporte oficial y dentro de la iniciativa privada. Entre otras cosas fue director general de Desarrollo del Deporte de la Secretaría de Educación Pública y entrenador del equipo femenil de natación. Sus amplios conocimientos sobre el tema lo llevaron a fundar una de las escuelas más exitosas del ramo, Acuática Nelson Vargas, que se convirtió en un lugar común de las escuelas de la especialidad en todo México. Pero el puesto de honor lo obtuvo de manos del presidente Vicente Fox, cuando en el año 2000 lo nombró titular de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), desde donde Nelson supo lo que era lidiar en serio con la fuerte amalgama de intereses enquistados que suelen ser las federaciones deportivas, sus caciques locales y los intereses económicos que los atraviesan. Regresó a sus negocios, a la vida tranquila de familia, que sería fulminantemente cancelada el 10 de septiembre del año pasado, cuando fue secuestrada su hija Silvia. El martirio que duraría poco más de un año comenzó. Tras 11 meses de apelar a todas las instancias posibles para dar con el paradero de su hija y de seguir una artificial calma que le permitió mantenerse en sus actividades con la mayor normalidad posible, no pudo más y dio a conocer públicamente el caso. La exaltación hizo presa de él en varias ocasiones, lo que más que representar un desfiguro público personal, se volvió un terrible símbolo de la impotencia ciudadana. Al aparecer los restos de su hija, vino la calma. "Silvia está con Dios"... Nelson y su familia, con el reto de salir adelante |
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