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DESDE EU SE SUPO DE LOS INFILTRADOS, LO QUE OBLIGÓ AL GOBIERNO A ACTUAR
Francisco Gómez
francisco.gomez@eluniversal.com.mx

Desde Estados Unidos llegó el aviso: el narco infiltró los máximos órganos de lucha contra el crimen organizado en México. La revelación hecha por el testigo protegido Felipe permitió conocer hasta dónde un cártel de las drogas, el de los hermanos Beltrán Leyva, logró infiltrar a los más importantes mandos de la SIEDO, la Interpol-México y hasta en la embajada de Estados Unidos en México.

No sólo jefes policiacos, sino hasta un subprocurador, como es el caso de Noé Ramírez Mandujano, están presuntamente implicados en la colaboración con los Beltrán Leyva. Este es el mayor escándalo de corrupción oficial que se enfrenta en México desde el inicio del actual sexenio, el cual declaró la guerra al narcotráfico.

Los pormenores de la historia de este caso dados a conocer por EL UNIVERSAL permitieron conocer que desde el 2 de julio, justo cuando empezaba el segundo semestre del año y ante una de las más graves escaladas de violencia desatada por el narco, la administración de Calderón se vio en la necesidad de reconocer que parte del enemigo estaba dentro de las propias instituciones y puso en marcha la Operación Limpieza.

El 28 de julio se sumó la de otro colaborador en la investigación, Jennifer. Y tres días después se puso en marcha un operativo militar y policiaco para detener en la SIEDO a los primeros acusados en este escándalo de corrupción policial, Fernando Rivera Hernández, Roberto García García y Miltón Carlos Cilia Pérez.

Dentro de la SIEDO se comenzó a saber que el Operativo Limpieza era de mayores proporciones cuando ocho días después fueron detenidos Miguel Colorado González, Antonio Mejía Robles y Jorge Alberto Zavala Segovia.

Detras de esa oleada renunciaron dos de los principales personajes de la lucha antimafia en México, los entonces subprocuradores, José Luis Santiago Vasconcelos y Noé Ramírez Mandujano, en ese momento encargados de la Subprocuraduría Jurídica y de Asuntos Internacionales de la PGR y de la SIEDO, respectivamente.

Los ex directores de Interpol-México, Ricardo Gutiérrez Vargas y Rodolfo de la Guardia, fueron implicados en la red de corrupción al servicio de los Beltrán Leyva.



Beltrán Leyva

Francisco Gómez
francisco.gomez@eluniversal.com.mx

El nombre de Arturo Beltran Leyva aparece en las listas de los narcotraficantes más buscados en el mundo, pero sus sobrenombres lo definen: La Muerte, El Barbas o El Botas Blancas. A sus 47 años de edad, su poder e influencia en el mundo del tráfico de drogas se deja sentir de Colombia a Estados Unidos como uno de los más peligrosos capos y cuyas operaciones en México le han permitido infiltrar las más importantes instituciones de seguridad.

La Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de la Defensa Nacional lo señalan como el jefe máximo de la organización criminal que conformó con sus hermanos Héctor y Alfredo, este último el único del clan detenido hasta hoy y cuya captura provocó la ruptura y enfrentamiento con otros grupos criminales que tienen a Sinaloa y gran parte de México en medio de una escalada de violencia sin par en la historia nacional.

Desde Badiraguato, Sinaloa, de donde proceden varios de los jefes del narcotráfico en México, el líder de los Beltrán Leyva tejió sus alianzas y rencores en el mundo del tráfico de drogas. El ex aliado de sus paisanos y hoy rivales, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo Guzmán, e Ismael Zambada García, El Mayo Zambada, así como de Ignacio Coronel, Nacho Coronel, y de Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, ha hecho frente a su lucha contra éstos con uno de los grupos de sicarios más violentos, encabezados por Edgar Valdez Villarreal, La Barbie.

Nada parece detenerlo, lo mismo ha comprado a funcionarios encargados de su captura que ejecutado a varios de ellos que se han interpuesto en su trayectoria criminal. Este hombre que aparece siempre con barba en las fotos que se conocen de él, logró sobornar desde militares hasta los principales jefes antidrogas de la PGR y de la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSPF), incluyendo presuntamente hasta el ex subprocurador Noé Ramírez Mandujano, lo mismo que asesinar dentro de su domicilio a otro de los principales jefes policiacos, Edgar Millán Gómez.

El sello de violencia de la organización criminal que dirige quien se conoce también como La Muerte, quedó marcado en cada sitio donde se ha hecho presente. Desde el norte hasta el Pacífico provocó con su jefe de sicarios La Barbie una de las temporadas más sangrientas durante su enfrentamiento con “Los Zetas”, el grupo de sicarios del cártel del Golfo y con los cuales mantiene actualmente una endeble alianza de no agresión, aunque su disputa actual con sus ex socios del cártel de Sinaloa tiene al país sumido en una creciente ola de asesinatos y ejecuciones.

Siempre calzado de botas y vestido con al clásico estilo norteño, la captura y desmantelamiento de la organización de Arturo Beltrán Leyva es uno de los principales objetivos de la lucha de la PGR contra el narcotráfico en México y de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) a nivel internacional, pero hasta ahora su poderío económico, sus nexos con policías corruptos y su ejército de sicarios han impedido su arresto.

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