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El retorno medido
de Salinas... y algo más

EL EX PRESIDENTE DECIDIÓ VOLVER PARA AJUSTAR CUENTAS, ATACAR Y CONTRAATACAR

Fue, al inicio del mes de mayo, un retorno…a su manera. Calculado, medido, con una cuidadosa estrategia mediática y un primer evidente objetivo: ajustar cuentas con Ernesto Zedillo Ponce de León. Un retorno de Carlos Salinas de Gortari para atacar, contraatacar…y algo más..

Reaparición con un libro "La Década Perdida". El día 3 de mayo, EL UNIVERSAL dio a conocer en exclusiva un adelanto del libro en el que Salinas de Gortari sentencia que con el gobierno zedillista, México sufrió un viraje histórico que provocó toda una década de parálisis.

Entre 1995 y 1998, agregó, "se tomaron decisiones que convirtieron un problema en una crisis y provocaron la ruina económica y social más grave desde la Revolución de 1910".

Retorno en su estilo.Él se encargó de planear a quienes otorgaría entrevistas, y las presentaciones que haría en la capital del país, como en ciudades y en el extranjero. Reaparición pues, con plena actividad política.

Viajó también a Chalco, el municipio que fue insignia durante su sexenio con el Programa Nacional de Solidaridad.

Y acudió a la tierra de sus antepasados, Nuevo León en diversas ocasiones y a mediados de agosto empezaron a aparecer en columnas periodísticas y en bocas de personajes del escenario político versiones en el sentido de que Salinas de Gortari podría ser el candidato al gobierno de esa entidad, rumores que él no desmintió de manera personal, expresa o categórica. Luego, ya frecuente, ya común, ha sido su asistencia a eventos sociales, como la boda de la hija de Manlio Fabio Beltrones y otras ceremonias.

Ya antes el ex presidente había tenido diversas apariciones públicas, en el Palacio de las Bellas Artes en un evento organizado por Televisa, y en la toma de posesión del gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto quien posteriormente sería convocado a las reuniones en la casa de Carlos Salinas para convivir, jugar al dominó con Emilio Chuayffet, Francisco Rojas y otros amigos incluidos militantes de otros partidos políticos.

Pero fue el 3 de mayo pasado cuando la opinión pública supo que Carlos Salinas estaba al contraataque.. Y con un reto: en su libro, Carlos Salinas dijo que presentaba documentos, citas, cifras, para contribuir a un debate. Ernesto Zedillo no respondió.


Poder entregado

Fidel Samaniego R
fidel.samaniego@eluniversal.com.mx

En voz baja, pero firme, Carlos Salinas de Gortari dijo a Ernesto Zedillo, después del frío abrazo que se dieron: "¡señor presidente, deseo que le vaya bien… porque si eso ocurre querrá decir que a México le va bien".

Fue todo. Cada quien se dirigió a su autobús. Había concluido la ceremonia. Zedillo, alargó el paso cuando dejó el recinto, no se detuvo en el lugar en el que se despedirían. Salinas, desconcertado, tuvo que ir a su encuentro.

Luego, inició el recorrido en su nueva senda. Desde el camión respondio a quienes se despedían de él. Más tarde, golpearía con el puño la reja que rodea la tumba de su madre, quedaría ahí durante varios minutos, sólo, con sus recuerdos, sus pensamientos.

Todo había terminado…y todo estaba por comenzar.

Quedaban atrás la carrera en el servicio público, primero encargos menores. Después como poderoso integrante del equipo de Miguel de la Madrid, hasta llegar tras la contravertida elección a la Presidencia.

Y los primeros actos de poder: la cuidadosa operación para encarcelar a Joaquín Hernández Galicia. La creación del Programa de Solidaridad. Y la reestructuración de la deuda externa, la negociación del TLC de América del Norte.

Y las giras semanales por el país. Los viajes al extranjero, los elogios de Mijail Gorbachov, Margaret Thatcher, Fidel Castro, Felipe González. El paseo en madrugada en Cartagena con Gabriel García Márquez, y en los Campos Elíseos con Carlos Fuentes.

Pero luego la muerte de su madre, su maestra, Margarita de Gortari. Y la aparición del EZLN. Y los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo —"era mi amigo" dijo la noche del crimen— de Luis Donaldo Colosio, de José Francisco Ruiz Massieu. Un amargo final de sexenio.

Tras el encarcelamiento de su hermano Raúl, la breve huelga de hambre, el temor de quienes fueron sus cercanos de que tomara una decisión fatal, y el virtual exilio en Irlanda, luego en Cuba. Y breves visitas a México, durante el sexenio de Zedillo, con manifestantes con bien pintadas mantas, frente a su casa. Y ha dejado que pase el tiempo. Sólo él sabe si cerraron sus heridas. Está de regreso. Después de las etapas de la gloria del poder, de cruzar el desierto, es hoy un feliz abuelo a sus 60 años… y en activo.

El día que Salinas entregó el poder a Zedillo (diciembre 1994) se quedó solo con sus recuerdos


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