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Año de pesadilla para las Águilas del América
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Año de pesadilla para las Águilas del América
FUERON EL EQUIPO CON MENOS PUNTOS OBTENIDOS EN EL CLAUSURA Y APERTURA

Francisco Chacón pitó el final y varios jugadores del América corrieron más rápido que en varios partidos del 2008, que quedará marcado como el peor año de las Águilas desde que Grupo Televisa las administra.

Fue el colofón a 12 meses de pesadilla para un equipo que tiene la arrogancia tatuada en el corazón.

Chacón dio por terminado el cotejo en el que el Necaxa derrotó a las Águilas (2-0) en la última fecha del Apertura 2008, torneo en el que Ramón Díaz apenas pudo maquillar el inolvidable papelón del anterior, ese en el que los azulcrema fueron blanco de todos los escarnios tras concluir en el último sitio general por primera vez en su historia.

El América es el equipo que menos puntos sumó durante todo el 2008 (32). De hecho, el Guadalajara cosechó uno más sólo en el Clausura, donde ocupó el otro extremo de la clasificación general.

Un motivo más para hacer este año tan doloroso como vergonzoso para la afición americanista, que vio a cuatro hombres ocupar el banquillo de su equipo.

De la confusión de Daniel Brailovsky al desconocimiento de Ramón Díaz, pasando por la impotencia de Rubén Omar Romano y la practicidad de Juan Antonio Luna.

El Cabezón fue el único capaz de provocar sonrisas azulcremas, aunque tampoco alcanzó para un título.

Las semifinales en la Copa Libertadores sirvieron como respiro para un equipo que se asfixiaba un poco más cada que salía al terreno de juego.

Porque los pronósticos ya no pasaban por qué equipo ganaría los partidos. Las apuestas se centraban en cuántos goles recibiría Guillermo Ochoa.

Como en el primer Clásico de clásicos del año, ese que las Chivas ganaron (3-2), aunque no golearon debido a su mala puntería y el corazón de Salvador Cabañas.

No obstante, la diferencia plasmada durante 75 minutos ya es memorable para los seguidores rojiblancos y humillante para aquellos americanistas que se animaron a presenciar el cotejo pese a lo desproporcionada que era la diferencia entre los momentos futbolísticos que vivían ambos equipos.

Dominio tapatío que se extendió hasta el amistoso celebrado en el Toyota Park, casa del Chicago Fire, ese lienzo en el que Cuauhtémoc Blanco ha demostrado lo mucho que aún tiene que aportarle a las Águilas.

Ni la estela del Temo fue capaz de ayudar a un equipo que fue dominado por un rival que, en teoría, llegaba con una problemática bastante similar.

Y la trilogía se completó en el segundo duelo liguero del 2008.

Además de compartir el Grupo de la Muerte, Águilas y Chivas llegaron al Clásico del pasado 26 de octubre con la necesidad de ganar para mantener vivas sus esperanzas de llegar a la fase final. El 2-1 en favor del Rebaño Sagrado terminó con los pocos latidos de los tristes y cansados corazones amarillos.

Pero ese fue el modus vivendi de un América que se empeñó en superar la capacidad de asombro de partidarios y críticos.

Sólo un ejemplo: Buena parte del fracaso del Veracruz en su lucha por evadir el descenso se debió a su incapacidad para hacer valer la localía. Los Tiburones Rojos apenas ganaron uno de los ocho encuentros que disputaron en el Clausura. Su única víctima, un lastimoso América que fue superado 4-0.

Revés que significó el octavo de los 12 cotejos que las Águilas acumularon sin ganar, con lo que implantaron otra terrorífica marca en su historia.

De hecho, la hegemonía que ejercen sobre el Cruz Azul les dio la posibilidad de no hilvanar la docena de descalabros.

El 2-2 rescatado en el estadio Azul, único punto en la Liga obtenido por Romano, rompió una cadena de cinco derrotas. A la semana siguiente, comenzó una de seis.

El ridículo provocó cambios drásticos en el organigrama del club.

Guillermo Cañedo White presentó su renuncia a la presidencia de las Águilas. Michel Bauer fue elegido como su sustituto, siendo el puntal de una "reingeniería" que todavía no llega a su fin y de la que los resultados esperados no aparecen.

La primera decisión de la nueva directiva fue contratar al Pelado como estratega. El repunte no se dio.

El América no alcanzó los cuartos de final por tercer campeonato consecutivo y, aunque sumó 10 puntos más (21) que en el certamen anterior (11), la palabra fracaso no pudo evadirse.

Eso explica la premura que mostraron las Águilas tras aquel silbatazo final de Chacón. Sí, una derrota más se acumulaba en su año de pesadilla, pero todos respiraron tranquilos. A final de cuentas, no volverían a perder, de eso estaban seguros, porque ya no habría más partidos...


Heredar el gafete de capitán, tras la salida de Duilio Davino, fue el reflejo de lo que el americanismo esperaba tras la salida de Germán Villa... Hasta que Ramón Díaz llegó a la dirección técnica de las Águilas.

Todo un líder en el vestuario, risueño, bromista, juguetón —con algunos más, como Salvador Cabañas—, el veterano pasó de ser un referente a un foco de división en el plantel.

Titular indiscutible para Daniel Brailovsky, Rubén Omar Romano y Juan Antonio Luna, Villa sufrió desde la banca gran parte de la debacle en el Clausura 2008. La idea de guardar a los insustituibles en el certamen local, en pos de avanzar dentro de la Libertadores, hizo que el capitalino apenas fuera titular en uno de los últimos ocho partidos de las Águilas dentro de la liga.

Pero esa situación se repitió bajo las órdenes del Pelado.

La contratación de Enrique Vera, refuerzo solicitado por Ramón Díaz, condenó a Villa a la banca. El exilio total llegó debido a su boca.

"Si veo que no tengo la posibilidad de jugar, pensaré en salir al final del torneo", declaró tras sólo tener acción durante 26 minutos en el debut ligero frente al Santos Laguna.

El mensaje del cuerpo técnico fue claro e inmediato. Germán no jugó en los siguientes dos partidos.

La mayoría de las oportunidades que recibió durante el campeonato se debieron a lesiones o suspensiones de Vera y Alejandro Argüello, los dos hombres que continúan siendo considerados titulares indiscutibles para el estratega argentino, quien llegó a mostrarse cómodo con el intercambio de mensajes públicos.

"Va a jugar el que esté mejor", sentenció. "Aquí hay opciones para todos".

Aunque Villa prefirió guardar silencio, aduciendo —con ese humor suyo— problemas en la garganta... Humor que le permitió ser líder y que al final le costó su salida del América.

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