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Miseria y enfermedad persiguen a los indígenas
EMILIO FERNÁNDEZ
El Universal
Lunes 20 de febrero de 2006
Gráfico, página 13



VALLE DE CHALCO, Méx.- Tienen en común ser indígenas, vivir en extrema pobreza y estar enfermos.

Marcelino Martínez González es un triqui de Oaxaca y tiene diabetes. Lizbeth Linares Manzano es una zapoteca de Veracruz y tiene un hemangioma que le deforma la cara.

Marcelino tiene 38 años, pero parece que tuviera el doble de edad. A Lizbeth, de cuatro años, a los pocos días de nacida se le empezó a desarrollar el hemangioma en la nariz, que le impide ver con claridad.

La miseria en la que vivían sus familias los expulsó de su tierra. Llegaron a Valle de Chalco donde comparten la misma desdicha con otra familia náhuatl de Puebla en un pequeño terreno rústico.

Y ahí están los indígenas de Oaxaca, Veracruz y Puebla que huyeron de su tierra pero no de la miseria.

Estar a 20 kilómetros de la capital del país de nada les ha servido a los indígenas asentados en Valle de Chalco, porque viven igual o peor que en la comunidad donde nacieron.

En Nezahualcóyotl, Valle de Chalco, Chimalhuacán, Ecatepec, Coacalco, Tultepec y Tultitlán se concentran los llamados "indígenas migrantes".

Sólo en Valle de Chalco, indicó Alejo Juárez Cabrera, titular de la ofi cina municipal de Atención a Pueblos Indígenas, viven 53 mil, de los cuales 11 mil 872 hablan su propia lengua.

En esta localidad se han concentrado 40 diferentes grupos étnicos: mixtecos, mazatecos, zapotecos, mijes, rarámuris y chamulas son los que concentran la mayor población.



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