Es hora del New Deal global verde
TEXTO ELLIOT MORLEY MP
El Universal

Jueves 20 de noviembre de 2008

Es fundamental que los legisladores avancen en el diálogo acerca de las modalidades que deberá tomar un acuerdo sobre cambio climático posterior a 2012. La actual crisis financiera no debería ser un impedimento

Este fin de semana, legisladores de todo el continente americano, junto a representantes del G-8, se reunirán en la ciudad de México durante el Foro GLOBE de Legisladores de las Américas, en la primera reunión de este tipo destinada a abordar el doble desafío que representa la crisis financiera global y la climática. Es fundamental que los legisladores avancen en el diálogo acerca de las modalidades que deberá tomar un acuerdo sobre cambio climático posterior a 2012. La actual crisis financiera no debería ser un impedimento.

Algunos analistas han sostenido que la actual crisis económica y financiera, o la caída del precio del petróleo, es razón suficiente para detener o incluso revertir la inversión en tecnologías amigables con el medio ambiente y que avanzar hacia una economía con baja intensidad de carbono es un lujo en estos tiempos de dificultades y recesión en los países ricos.

En nuestra opinión, esta crisis económica constituye una oportunidad única para cambiar el modelo económico tradicional por uno que integre los objetivos de crecimiento económico sostenible, seguridad energética y cambio climático. No deberíamos perder la oportunidad de sentar las bases de nuestra futura prosperidad.

Muchos estudios sobre el impacto económico del cambio climático, como el emblemático Informe Stern (**), señalan que sería mucho más barato abordar las causas del fenómeno que tener que enfrentar su impacto en el futuro.

Recientes trabajos van más allá. El Center for Progressive Democracy (Centro para una Democracia Progresista), un grupo de expertos estadounidenses ligados al presidente electo Barack Obama, concluyó que la transición hacia una economía de baja intensidad de carbono no sólo aumentará la seguridad climática y energética, sino que mitigará los peores efectos del cambio climático, minimizará los costos y ofrecerá el estímulo necesario para revertir la desaceleración económica.

En nuestra calidad de legisladores convocados a ratificar cualquier tratado multinacional a futuro, también podemos influir en las negociaciones que comenzarán en diciembre en Poznán, Polonia, y luego en Copenhague, Dinamarca, el año próximo.

¡Sí se puede! Nosotros podemos crear condiciones favorables para lograr un acuerdo de este tipo, tanto a nivel mundial como en nuestros países. En una acción conjunta con el sector privado, los parlamentarios estamos en una posición privilegiada para identificar soluciones prácticas y políticamente viables.

Al igual que el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, quien enfrentó la Gran Recesión posterior a la caída de Wall Street en 1929 con el New Deal (un programa público de incentivos para crear empleos y reformar las prácticas en la gestión de negocios), la actual crisis económica debe abordarse con un New Deal Ecológico.

Un programa de gasto público de este tipo para proyectos de infraestructura con bajas emisiones de carbono, junto con una regulación inteligente del mercado, daría un impulso a la economía y crearía empleos en sectores emergentes en el ámbito de la tecnología verde.

Aunque la economía basada en el carbono duplicó la producción industrial mundial entre 1981 y 2005, es responsable al mismo tiempo de la degradación de 60% del ecosistema terrestre. Pero incluso así, más de 2 mil 600 millones de personas siguen viviendo con menos de 2 dólares al día.

Una vez superada la actual crisis, la cuestión es si las inversiones se destinarán a antiguas prácticas extractivas y cortoplacistas o a una nueva economía limpia y verde que enfrente el desafío múltiple de recuperación económica, seguridad energética y cambio climático.

Así generaremos muchas oportunidades económicas en nuevos mercados de energía renovable además de redes de electricidad más eficientes, más generación de energía a nivel local y la infraestructura necesaria para capturar, transportar y almacenar CO2 de plantas de energía de combustibles fósiles.

América Latina no es responsable de la generación del cambio climático, pero puede ser parte de su solución. Para la región, proteger las riquezas forestales y recibir compensaciones adecuadas por ello es fundamental antes de alcanzar cualquier acuerdo, en especial cuando se consideran los beneficios asociados para las comunidades locales y la biodiversidad.

El documento marco de GLOBE, aprobado por 100 legisladores del G-8 y economías emergentes, incluye un acuerdo de consenso para lograr, antes de 2050, una disminución de 50% en las emisiones de gases de efecto invernadero a partir de los niveles de 1990. Al mismo tiempo, busca diferenciar los compromisos de los países en desarrollo de acuerdo con sus capacidades.

Debemos aprovechar la oportunidad y convertir las inversiones en tecnologías “verdes” en parte de la solución de la actual crisis económica, avanzar hacia una solución realmente multilateral para la crisis climática y planificar así la prosperidad de las generaciones futuras.

(*) Elliot Morley MP es el presidente de GLOBE y parlamentario del Partido Laborista de Reino Unido. Fue ministro de medioambiente durante el gobierno del primer ministro Tony Blair

(**) Sir Nicholas Stern, ex asesor del Primer Ministro británico, Gordon Brown



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