Buscando el precio
Macario Schettino
El Universal

Martes 07 de octubre de 2008



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Cuando empezó la caída, el 15 de septiembre, como que no le hicimos suficiente caso. Muchos lo vieron como un ajuste en las bolsas de valores, de los que hay muchos en el año. Dos semanas después, cuando el gobierno de Estados Unidos solicitó al Congreso un paquete por 700 mil millones de dólares para evitar mayores problemas, ya nos llamó la atención. Un poco porque el paquete se parece a nuestro Fobaproa de hace 13 años, y un poco más porque la Cámara de Representantes decidió rechazar el paquete solicitado.

Ese lunes 29, las bolsas tuvieron una de sus mayores caídas. Pero pocos notaron que el comportamiento negativo ocurrió desde antes de la votación en el Congreso. Los mercados no veían en ese paquete una solución a todo el problema, y se seguirían ajustando. De hecho, así lo hicieron durante toda la semana. Comparando con el nivel del 12 de septiembre, antes de que se destapara la cañería, el Dow Jones ha perdido casi mil 500 puntos, 13% de su valor, y el índice S&P 500, mucho más amplio e informativo, ha perdido casi 16%. En un año, la caída es de 32%.

 

Lo que estamos viendo ahora es cómo la burbuja especulativa se desinfla. Durante esta década, los estadounidenses se pensaron más ricos de lo que eran y gastaron muy por encima de su capacidad de pago. Las casas subían de valor, y más gente las compraba, y subían todavía más, hasta que, justo hace tres años, empezó la caída. Poco a poco, quienes habían comprado algo que no podían pagar se declaraban insolventes, o simplemente abandonaban la casa. Las instituciones que tenían las hipotecas ya no pudieron cobrar, y entonces vino el derrumbe.

 

Hoy no sabemos aún de qué tamaño es el problema, porque es prácticamente imposible seguir cada uno de los instrumentos financieros construidos durante los últimos años. Puesto que no es claro cuál institución está sana y cuál no, la confianza ha desaparecido, y con ella el crédito. No importa cuál sea la tasa de interés en este momento en Estados Unidos, simplemente no se presta. La escasez de crédito puede provocar una seria recesión, lo que significa un menor valor para las empresas en el futuro.

 

Los mercados buscan encontrar el valor real de los activos. Y eso lo que significa es grandes movimientos, más hacia abajo que hacia arriba, hasta que ese valor se encuentre. En un cálculo razonable, pero no exacto, las casas en Estados Unidos están todavía entre 15% y 20% por encima de su valor. Las acciones, también en promedio, muy probablemente estén ya muy cerca de encontrarlo.

 

Por eso el paquete financiero no significaba una recuperación financiera inmediata, y por eso su aprobación no se ha reflejado en un alza accionaria. Este paquete apenas empezará a instrumentarse, y podrá ejercer sólo 250 mil millones de dólares en un inicio, en operaciones que no serán sencillas ni rápidas.

 

Las próximas semanas serán muy parecidas a lo que hoy vemos: nerviosismo en los financieros, declaraciones en los políticos, y para quienes tienen efectivo, un gran océano de oportunidades en los mercados. Para México, no importa mucho si la bolsa cae o si el dólar se aprecia, lo que debe preocuparnos es de qué tamaño será la contracción de la economía estadounidense, porque ése es nuestro gran cliente, y en 2009 no tendrá mucho dinero para comprar. Ése es el problema para México.

 



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