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| Grave riesgo, dura actitud del FMI |
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Por Chris Giles en Londres
El Universal Miércoles 24 de enero de 2007 |
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Analistas esperan que el organismo internacional sea un buen árbitro
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Pocos dudan que sería muy desagradable que se registrara un agravamiento súbito de los desequilibrios globales como el déficit comercial sin precedentes de Estados Unidos y los correspondientes superávits de China, Japón y los países productores de petróleo. Las consecuencias de ello incluirían algunas, o todas, de las siguientes: un desplome del dólar, turbulencia en muchos otros mercados financieros, precios más altos de las importaciones en los países desarrollados, una alza de las tasas de interés, una recesión en Estados Unidos, proteccionismo y depresión global. Con tanto en juego, muchos ciudadanos esperarían que sus dirigentes encontraran un sitio adecuado para analizar los riesgos y acordar políticas para alejarlos. Pero si se enteraran con que frecuencia se plantea el tema en escenarios internacionales sin que se obtengan avances sustantivos, podrían sentirse menos que complacidos. Durante el año pasado, los países han abordado el tema de los desequilibrios en encuentros bilaterales, en el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las reuniones regulares de ministros de finanzas del G-7 y en las pláticas del Grupo de los 20, por nombrar solamente cinco. En estas conferencias normalmente se hacen llamados a una mayor disciplina fiscal en Estados Unidos, a una reforma estructural en la Unión Europea y Japón, y a tasas cambiarias más flexibles en Asia. Cuando los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales se despiden, también se olvidan de los compromisos que hicieron, siguen como antes hasta el siguiente convite, y el proceso vuelve a empezar. Reconociendo la pérdida de tiempo que estas reuniones implica, Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, estableció el año pasado cinco principios para una acción multilateral efectiva a fin de enfrentar los desequilibrios globales. Primero, crear instituciones internacionales sólo cuando sea necesario; segundo, asegurarse de que los compromisos de cada nación sean claros; tercero, otorgar a las instituciones multilaterales herramientas para ser árbitros efectivos; cuarto, comprender las limitaciones de la historia; quinto, evitar la duplicación. Su esperanza era que, con estos principios, un FMI reformado y más legítimo se convertiría en el árbitro de las distintas estrategias económicas de los países, usando su vigilancia para dar forma a las políticas en un país cuando entraran en conflicto con las de otros. De hecho, el FMI se está reformando lentamente conforme a estos lineamientos. También organizó "consultas multilaterales" este verano entre Estados Unidos, China, Japón, la eurozona y Arabia Saudita para analizar los desequilibrios globales. Sin embargo, las probabilidades están en contra de lograr un avance trascendente debido a que los países no aceptan su culpabilidad por los desequilibrios. China insiste en que su tasa cambiaria semifija promueve la estabilidad en vez de un enorme superávit en cuenta corriente, y que el yuan no está subvaluado. Estados Unidos piensa lo contrario y se molesta por las críticas de otras naciones a su baja tasa de ahorro. Advierte a todos que si Estados Unidos gastara más, habría una depresión global. Incluso si el FMI fuera el árbitro, probablemente sería impotente. Como el profesor Barry Eichengreen, de la Universidad de California, ha sostenido, ninguno de los países responsables de los desequilibrios globales necesita escuchar los exhortos del FMI, dado que Estados Unidos pide prestado en su propia moneda y siempre podría imprimir más dinero, y los países con superávits en cuenta corriente o abundantes reservas están bien protegidos contra salidas repentinas de financiamiento. En estas circunstancias poco alentadoras, no sorprende que el FMI esté poniendo rápidamente fin a sus consultas multilaterales sobre desequilibrios globales. Tras ser lanzadas en medio de fanfarrias la primavera pasada, para finales de 2006 la gerencia del fondo señaló que todo lo que sucediera después de que las consultas terminaran sería un "ejercicio informal de inventario" dentro del organismo. No obstante, Ted Truman, del Instituto Petersen de Economía Internacional, insiste en que no todo está perdido. El asunto no es el poder formal del FMI sino su "autoridad moral" para persuadir a los países de cambiar sus políticas. Considera que el fondo podría hacer más de lo que ha hecho: "El director gerente del FMI no ha estado dispuesto a decir ´nuestros chicos no se están involucrando´". Eso, empero, implicaría un grave riesgo para el fondo y para la cooperación global. Es un riesgo que el fondo no ha estado dispuesto a tomar.
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