¿Quién podrá ayudarnos?
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¿Quién nos enseña a ser empresarios? Aunque las instituciones educativas prometan en sus campañas de publicidad que tienen la capacidad de crearlos con teorías de negocio, la realidad es que los empresarios están solos y la solución a sus retos de ejecución se parece más a procesos consultivos. Leamos pues la historia de un tal Pepe y un tal Toño.
Pepe es un empresario de 40 años. Hace más de 15 que terminó la carrera. Después de graduarse trabajó en un par de empresas corporativas donde se volvió bueno técnicamente, escaló a niveles gerenciales y tuvo la oportunidad de relacionarse con compañeros (como Toño) y miembros de su cadena de valor, hasta que un día encontró una oportunidad de mercado que nadie estaba atendiendo y que él decidió aprovechar. Pensó: “si yo tengo ese dolor y encontré la solución, seguro que hay mas ejecutivos como yo que la tienen y que están dispuestos a pagar por ella".
Cuántos empresarios como Pepe y Toño han creado así su empresa, ya sea porque encontraron la oportunidad o porque la oportunidad los encontró a ellos, renuncian (o los corren) a la idea de depender de una corporación que no les debe ninguna lealtad y en lugar de recontratarse deciden emprender su propio negocio.
A partir de esa hipótesis, Pepe puso su empresa a la que invitó a Toño por su buen manejo de clientes. Hoy, a tres años de distancia, no ganan mucho más dinero que cuando eran empleados, ni tienen más o mayor flexibilidad de tiempo (como lo habían planeado), pero están convencidos de que trabajan para construirse un futuro y dejar un legado a sus hijos (aunque piensan que es muy temprano para planear la sucesión).
Sus empleados de confianza (que han hecho realidad el sueño con ellos) han sido leales en los momentos más importantes de la empresa, por lo que sienten responsabilidad mas allá de la relación empleado/patrón, aunque no saben claramente cómo retribuir esa lealtad de una forma que resulte en una relación en la que ambos ganen en el mediano plazo y que no estén pagando entrenamiento a su competencia.
En el primer año que emprendieron el negocio (gracias a sus relaciones), pudieron retribuirse a sí mismos y a sus empleados con: contenidos, certificaciones, conferencias, cursos, talleres y eventos que sucedían en su industria. En la actualidad, ya sea porque no los invitan (sus amigos se están moviendo de puesto), el elevado costo de estos eventos o a que tienen menos tiempo que antes, cada vez se alejan mas de estos beneficios.
El optimismo del emprendimiento no dura más de 12 meses, lo que para Pepe y Toño eran tiempos de euforia, para la gente que contrataban seguramente no representaba lo mismo: la lealtad de los empleados en las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) es igual a un incremento de 10% de sueldo, por eso invertir en ellos puede ser un arma de doble filo. Después del primer año las relaciones basadas en personas y no en estructura se comienzan a degradar, lo que presiona a la naciente empresa.
Hoy en día se encuentran en una posición más compleja que en un inicio: a más competencia, el precio y los márgenes se reducen, no tienen claro cómo generar más oportunidades de negocio, cómo crear una oferta nueva que sea tan exitosa como la primera que crearon y que tenga el potencial para ubicar a su empresa en un nivel superior al que tiene ahora. El principal reflejo de lo anterior es la incertidumbre en cuanto a la previsión comercial al no tener procesos de generación de demanda y ventas planificadas.
A los empresarios Pyme los persigue la sombra de la generalización de su oferta, la competencia reacciona rápido ante la diferenciación lo que eventualmente los pone en una posición de decrecimiento la que sólo podrían revertir innovando. La poca o nula formación empresarial no les permite evolucionar hacia la institucionalización lo que los vuelve una empresa volátil y a merced de la demanda sin posibilidad de tener en control su presente y futuro.
Pepe y Toño en su interior confían lograr que su empresa se consolide ya que recuerdan los éxitos de los primeros años (ya lo lograron una vez), aunque no saben a ciencia cierta cómo regresar a su organización a los niveles de competencia que alguna vez tuvieron.
Diario se hacen preguntas que tienen que ver con los retos de negocio que se les presentan, las cuales van respondiendo conforme conectan la información que consultan en internet, que leen en libros y revistas, que logran atrapar de pláticas con clientes y que aplican a su manera, resultando en aprendizajes que provienen de la experiencia.
Saben que existen consultorías, diplomados, congresos, cursos, talleres, programas de gobierno, para mejorar sus competencias como empresarios y empresa Pyme, ya que todos los días les llegan por internet (email o redes sociales) diferentes ofertas con promesas, poco realistas, de servicios empresariales que ellos saben que necesitan pero que —ante la “terrible” disyuntiva del problema de flujo— deciden dejar para otro momento. Quizá uno menos caótico.
El problema es que la tormenta no se calma por arte de magia. Los empresarios Pyme necesitan reconocer que mientas no establezcan procesos que profesionalicen las distintas áreas, no van a poder terminar de acelerar sus proyectos.
*Director de Nuevos Negocios de Axeleratum
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Qué pasa? sólo publican mis reclamos. Por qué no publicaron el comentario que escribà hace como 5 horas: YOOOOOOOOOOOOOO ...
Gracias a El Universal por la publicación de la columna @javiermurillo
Cuánto tiempo les toma publicar el comentario que hace 3 minutos les envié?
¿Se publicará mi comentario? Espero que sÃ, gracias.