“La humanidad es similar a una persona que se lanza al vacío desde una montaña. Mientras está en caída libre, la persona tiene la sensación de que se encuentra volando. Sin embargo, está cayendo y eventualmente llegará al suelo”, dijo Ray Anderson, presidente de la firma Interface Global.
La analogía anterior nace del enfoque que tiene la humanidad hoy día con respecto al uso de la tecnología para mantener su calidad de vida.
Este enfoque tradicional tiene como premisa que para producir cualquier cosa, por ejemplo: computadoras, ropa, alfombras, papel tapiz, entre otros bienes, se tienen subproductos y residuos que pueden ser contaminantes. Una vez identificados estos contaminantes, se procesan para su reincorporación al medio ambiente o, en el peor de los casos, para su confinamiento final, de acuerdo con Pan- American Advanced Studies Institute (2007).
El enfoque anterior para solucionar el problema de los contaminantes ha sido la filosofía de la Ingeniería Ambiental desde su inicio moderno considerado a partir de 1962, cuando se publicó el libro Silent Spring, de Rachel Carson, en el cual se critica por primera vez el uso indiscriminado de la sustancia química DDT por sus efectos mortales en aves y humanos.
Sin embargo, esta filosofía no es sostenible porque ignora la explotación y extinción de los recursos naturales tanto en los procesos de producción como en los procesos mismos para el tratamiento de residuos. Ambos procesos demandan energía y recursos para llevar a cabo el objetivo de su diseño.
En la actualidad existe un problema de calentamiento global causado por el uso de combustibles fósiles en los procesos de transformación y transporte para sostener la calidad de vida en las ciudades contemporáneas.
También existe una sociedad cada vez más intolerante a la industria contaminante con un perfil de consumidor ecológico. Ambos factores derivan hacia una tendencia tecnológica globalizada de cambiar de una economía basada en el petróleo a una economía basada en tecnología verde.
La Química Verde es una propuesta para renovar los procesos de transformación tradicionales por tecnologías verdes que permitan a las generaciones futuras tener la misma o mejor calidad de vida que la actual.
El principal argumento en esta propuesta es que para producir un bien en cualquier ramo de la producción no es necesario generar contaminantes o residuos que después sea necesario tratar o manipular.
Por ejemplo, en el caso de la pintura o el papel tapiz de las paredes para decorar las casas o edificios tiene el problema de que a lo largo del proceso se requiere contaminar agua, emplear solventes químicos e inclusive celulosa de los árboles para producir el papel.
Una solución al problema anterior sería el reducir el uso de agua y emplear solventes ecológicos. Sin embargo, no hay que olvidar que el objetivo final de la pintura o el papel tapiz es el de que visualmente haya un impacto en la casa o edificio. En Suecia, Camilla Diedrich ha desarrollado una red a base de fibra óptica que despliega patrones de luz sin necesidad del uso de pintura o papel para decorar.
Es un desarrollo en sus primeras etapas; sin embargo, podría ser el principio de la decoración del futuro y, acoplado a paneles solares para el suministro de la energía eléctrica para los patrones de luz, tiene el potencial de ser una excelente alternativa ecológica.
El enfoque vanguardista de este nuevo tipo de “papel tapiz” es la filosofía de la Química Verde, la cual propone romper paradigmas convencionales para dar soluciones sostenibles a los requerimientos de la sociedad moderna y crear un nuevo mercado en negocios verdes.
*Director de la Carrera en Desarrollo Sustentable del Tec de Monterrey / CCM