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México, como país en vías de desarrollo, enfrenta el enorme reto de impulsar el crecimiento económico que le permita generar empleo y abatir el nivel de pobreza de su población, al tiempo que transita hacia una economía de bajo carbono.
El sector industrial mexicano está consciente del desafío que la humanidad enfrenta ante los impactos del cambio climático y asume su responsabilidad social ante esta problemática que, aunque global en su origen, es local en su impacto.
Es por ello que busca participar de manera activa en conjunto con el gobierno y los demás sectores de la sociedad, en el diseño de las políticas públicas en materia de cambio climático, así como en los programas y acciones relacionados con la actividad industrial.
La negociación que realice México en materia de cambio climático en la ciudad de Copenhague debe tener como premisa fundamental promover el crecimiento económico para generar empleo y bienestar.
De manera adicional, pero no menos importante, debe modernizarse la infraestructura de generación y el consumo de energía, la planta productiva y el transporte, así como las edificaciones.
La visión del sector industrial debe ser considerada por la delegación negociadora en Dinamarca, ya que deben buscarse resultados favorables que promuevan y mejoren la competitividad del país, pues este acuerdo pudiera incluir compromisos de reducción de los países desarrollados, así como de los principales países emergentes como China, India, Brasil y México, entre otros.
La postura de México debe ser de país en vías de desarrollo, con enormes necesidades de crecimiento económico y de empleo; que la negociación permita incrementar su intensidad de uso de energía per cápita y, por tanto, desarrollar su infraestructura energética.
Asimismo, debe evitar que la política de cambio climático que adopte se convierta en una barrera a la competitividad y sustentabilidad de la industria nacional o en barreras comerciales por parte de los demás países.
De acuerdo con el rumbo que tomen las negociaciones internacionales sobre cómo reducir los gases efecto invernadero, las medidas por aplicar tendrían un efecto en los costos de las actividades industriales, por lo que muchos países (entre ellos Estados Unidos) demandarán que los competidores internacionales se ajusten a las mismas obligaciones. De no hacerlo, las importaciones provenientes de esos países se verán sujetas a restricciones no arancelarias.
En este punto es necesario que México aspire a una calidad de vida similar a la de los países desarrollados y que el incremento en emisiones que esto implica se atenúe por la mayor eficiencia en el uso de los bienes y transformación de recursos.
Para ello, la industria nacional necesita las condiciones que permitan modernizar la infraestructura para diversificar las fuentes de energía renovables y con ello reducir la dependencia de combustibles fósiles, así como incrementar la eficiencia energética de la planta productiva.
México debe contar con una política integral, que dé valor agregado a los recursos naturales de nuestro país; una política de competitividad y sustentabilidad de la industria, que permita mejorar el bienestar nacional y combatir los enormes retos que representa el cambio climático.
El acero, por el desarrollo sustentable de México
En el caso de los países en vías de desarrollo, se observa que el crecimiento en el consumo de acero está correlacionado con la mejora en los ingresos de la población y con la calidad de vida de la sociedad; 50% de la producción mundial de acero se utiliza en la construcción y en el desarrollo de infraestructura.
El acero siempre está presente en nuestras vidas: en el transporte, en el trabajo, en la salud e incluso cuando nos alimentamos. No podemos imaginar un mundo sin acero; el acero, independientemente de su origen, estará siempre presente en nuestras vidas.
Es decir, para impulsar el desarrollo de un país, la presencia del acero es ineludible. La pregunta es si es posible promover la producción del mismo u optar por la importación.
Con el aprovechamiento de la capacidad ociosa de la siderurgia es posible generar empleos, contribuciones impositivas, evitar salida de divisas y coadyuvar en el combate al cambio climático.
Si se deja de producir en aras de una economía de bajo carbono, por políticas globales que responden a las circunstancias de países desarrollados, no sólo se perderán los beneficios mencionados, sino que habría una considerable pérdida de divisas, con el correspondiente costo para el país.
*Presidente de la Comisión de Comercio Exterior de la Canacero