ixel.gonzalez@eluniversal.com.mxLa inflación en México muestra cierta resistencia a disminuir pese a la fuerte contracción de la actividad económica y reduce más el poder de compra en los hogares afectados por la debilidad del empleo.
En economías flexibles, una fuerte reducción de la demanda trae consigo caídas importantes en los precios. Un ejemplo de lo anterior es Estados Unidos, cuyo índice general de precios cayó 1.3% entre septiembre de 2008 y el mismo mes de 2009; la inflación general anualizada de México, en contraste, fue de 4.5% en el pasado mes de octubre.
La existencia de monopolios privados y públicos genera altos precios y crea distorsiones en la economía.
La estructura económica de México, que además incluye precios regulados por el gobierno como la gasolina, el gas y la electricidad, trae el riesgo de escaladas de precios, debido a que estos bienes son la base de la producción de otros bienes y servicios; en consecuencia, los mayores costos son trasladados tarde o temprano a la inflación.
La distorsión en los precios en el país implica que el descenso de la inflación sea gradual, de tal forma que el índice de precios permanece por arriba del limite superior de la meta de inflación de Banco de México, ubicado en 4%.
En octubre, la inflación subyacente decreció también de forma pausada al situarse en 4.9% a tasa anual.
Un reporte de Alfredo Coutiño, director de análisis para América Latina de Moody’s economy.com, señala que la resistencia del componente subyacente de inflación es un indicativo de que la economía es más consistente con una inflación estructural alrededor de 5%, que la meta oficial, de 3% a 4%.
El inconcluso reajuste de precios se refleja en el componente subyacente de la inflación, particularmente en los precios de bienes importados, que están relacionados con la depreciación del peso. En tanto, la inflación de las mercancías permanece más elevada que la de los servicios debido a su propia naturaleza comercial.
El documento de Moody’s expone que algunos precios regulados no se están ajustando de acuerdo a sus referencias internacionales, mientras que algunos precios agrícolas están fuertemente influenciados por la escasez de oferta, y ciertos precios son inflexibles por la falta de competencia.
La inflación en el país será presionada por el incremento en los impuestos y en las tarifas de los bienes públicos a partir del cierre de este año, producto de un reajuste anticipado de precios.
La expectativa más reciente de los analistas incluye los efectos de la inflación potenciales del programa fiscal de 2010 que contempla aumentos en impuestos y en los precios públicos, otorgando un mayor peso o contribución adicional a la resistencia inflacionaria.
El propio Moody’s economy.com pronostica que la inflación terminará este año en 4.5% y que cerrará el año entrante en 5.5%, como resultado del ajuste anticipado de precios.
La resistencia de la inflación no tiene raíces monetarias debido a la ausencia de presiones de demanda doméstica, lo que ha permitido al banco central mantener las condiciones monetarias en zona expansiva.
El banco central terminó el ciclo monetario de relajamiento en agosto pasado, cuando anunció una pausa en los recortes de tasas de interés. Durante los primeros siete meses, la tasa de referencia fue recortada en 375 puntos base, desde el pico de 8.25% de diciembre a la tasa de 4.50%.
El reporte de la firma estadounidense considera que, aunque el evento inflacionario no tenga raíces monetarias, la política monetaria deberá ser más restrictiva a inicios de 2010 para evitar un efecto en las expectativas.
La resistencia a la baja de los precios hace difícil alcanzar la meta de inflación prevista por Banxico y las presiones de los cambios fiscales originan el alza de las expectativas de los precios, ocasionando un círculo vicioso en prejuicio del poder adquisitivo.