La calidad del empleo en México se deteriora constantemente ante las recurrentes crisis internas que hoy se exacerban con la más fuerte recesión global del siglo.
Para Mario Chávez, joven de 26 años, su porvenir comienza a resultarle profundamente preocupante: “Tengo algunos años trabajando y he tenido prestaciones de forma intermitente. Me doy cuenta de que cada vez hay menos empleos que te ofrezcan prestaciones, incluso las de la ley, y esto me preocupa mucho, pues veo que tengo menos oportunidades de tener apoyo para comprar una casa”, expresa.
Actualmente de los 45.7 millones de mexicanos en edad de trabajar, 2.4 millones de ellos están desempleados, y cerca de 27.7 millones están ocupados pero no tienen acceso a instituciones de salud, mientras que 12 millones más laboran en el sector informal de la economía, el máximo número de personas reportadas en las estadísticas del INEGI. En tanto que 4.8 millones de personas estuvieron subempleadas, es decir, que requirieron trabajos adicionales para nivelar su ingreso en el hogar.
Desafortunadamente, la presente recesión mundial ha intensificado las precarias condiciones laborales en México, pues respecto al año pasado el desempleo aumentó en 772 mil personas, el nivel de personas en la informalidad se incrementó 127 mil y el subempleo en 1.8 millones de mexicanos.
“Estamos viendo una dramática recomposición de la calidad del empleo en México. El desempleo y la informalidad han aumentado, los salarios son menores y las horas trabajadas han aumentado; en tanto, la gente más preparada busca emplearse más para compensar su nivel de ingreso”, expresa José Luis de la Cruz Gallegos, investigador del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) campus estado de México.
Robert Duval, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), afirma que la poblaciónasalariada está tendiendo más hacia la informalidad y el autoempleo. “Con o sin crisis económica, el empleo formal está disminuyendo, y la crisis actual está acelerando tanto el desempleo como la subocupación”, comenta.
Al respecto, cifras de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) muestran que se revirtió la caída registrada por la informalidad entre 2006 y 2007, y que está regresando a los niveles de 2005. Pero aun antes de la recesión económica global que inició en 2008, la tendencia reportada desde la crisis de 1995 es que el empleo temporal o eventual crece al doble que el permanente.
Entre 1995 y julio de 2009, el empleo formal creció a un ritmo promedio de 2.4%; el trabajo eventual lo hizo a una tasa de 3.6% y el permanente a una tasa de 2.5%, en promedio.
Sin calidad en el empleo
La estructura laboral y económica del país profundiza su deterioro, pues la población tiene que trabajar cada vez más horas, incluso en fines de semana, tener más trabajos a la vez o emplearse bajo condiciones precarias, sin prestaciones y menores ingresos.
En el lapso del último año, el número de personas que buscó un empleo adicional para compensar su nivel de ingreso aumentó en 1.8 millones, y casi 100 mil personas más laboraron por su cuenta, creando un universo de 9.97 millones de mexicanos de trabajadores por cuenta propia en el país.
En contraste, 428 mil trabajadores subordinados dejaron de tener prestaciones como acceso a instituciones públicas de salud entre el segundo trimestre de 2008 e igual periodo de 2009.
Así, 13 millones de trabajadores subordinados o remunerados no tuvieron cobertura de salud pública.
“Otro indicador de la menor calidad del empleo en el país se refleja en los menores salarios obtenidos, problema que afecta sobre todo a las personas que ganan menos de dos salarios mínimos al mes”, afirma De la Cruz, académico del Tecnológico de Monterrey.
En un año, el rango de ingresos se redujo considerablemente, pues 334 mil personas más ganan cuando mucho mil 500 pesos al mes, o un salario mínimo, sumando un total de 5.6 millones de mexicanos; mientras que las personas que ganan entre mil 500 y 3 mil pesos mensuales, o de uno a dos salarios mínimos, aumentó en 650 mil personas, con lo que 9.6 millones de personas se situaron en este rango salarial.
En tanto, las personas que ganan entre dos y tres salarios mínimos, es decir, entre 3 mil y 4 mil 500 pesos al mes, disminuyeron en 1.6 millones, a un total de 8.56 millones de trabajadores en el último año.
“En los últimos años, no se ha visto un incremento en los salarios reales de los trabajadores en el país, y ahora con la crisis se han empezado a ver caídas de 4% y 5% en los salarios hasta el momento, pero podría ser peor. México lleva décadas con un crecimiento moderado del Producto Interno Bruto, pero los salarios han fluctuado, mas no con una tendencia creciente de largo plazo”, indicó Robert Duval, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
Actualmente, 64% de la población trabajadora mexicana no cuenta con acceso a las instituciones de salud, y 5.55 millones de los ocupados laboran en condiciones críticas de ocupación, es decir, menos de 35 horas semanales por razones ajenas a su voluntad, o más de 35 horas pero percibiendo menos de un salario mínimo, o laborando más de 48 horas a la semana, pero ganan entre uno y dos salarios mínimos.
Efecto cascada
Ante el cierre de empresas y recortes laborales, la población ha tenido que buscar empleos adicionales (subempleo), y la población de mayor nivel educativo es la más afectada por este fenómeno.
“El capital humano más preparado es el que está teniendo que buscar empleos complementarios, lo que nos refleja una seria descomposición del mercado laboral que incide en el bienestar de la población y que se reflejará en los niveles de pobreza en el país”, comenta el catedrático José Luis de la Cruz.
En consecuencia, se observa a personas preparadas trabajando en actividades de menor productividad como una primera o segunda opción laboral.
“La paulatina reducción del mercado formal implica que la productividad de la fuerza laboral vaya también a la baja, y esto tiene un efecto negativo sobre el crecimiento económico del país”, indica Robert Duval, del CIDE.
Discriminación
Por si fuera poco, en el país siguen ocurriendo situaciones discriminatorias, tales como diferencias en los sueldos pagados de acuerdo con el sexo y condición o estrato social.
“Mi ex jefe contrataba a diseñadores bajo el perfil fresita”, comenta Rosario Valdés, profesionista. O Adela Gutiérrez, quien vivió en carne propia la discriminación laboral. “En dos de los trabajos donde he laborado, gano menos que mis compañeros hombres que realizan actividades similares”. Y agrega: “En lo único que no ha habido diferencia de género es en la pérdida de prestaciones, y el sentir del terrorismo laboral, que crece y crece cada día al interior de la empresa”.