La crisis financiera y económica por la que atraviesa el mundo seguramente tiene algo positivo: ha obligado a replantear las políticas económicas en los países más ricos, también a que los organismos financieros internacionales sean cuestionados en su labor de mantener un orden entre las economías.
Además, hemos sido testigos de cambios en la forma de actuar de gobiernos, que probablemente nunca imaginamos. Desde la decisión de George W. Bush de tomar el control de algunas instituciones financieras; el avance en la nacionalización de la banca afectada por la crisis en Alemania, hasta el rescate por el Estado y los contribuyentes de grandes compañías que se formaron en el mundo capitalista.
Desde luego, estos cambios obligan a los encargados de las políticas económicas de cada nación a buscar alternativas para poder salir de la crisis y, por supuesto, evitar un nuevo choque económico global. El problema es determinar cuál es la doctrina que ayudará en el futuro inmediato, y cuál es el costo de implementarla.
Sin duda, muchos economistas estarán revisando qué se ha hecho en las últimas décadas y quiénes aportan la mejor alternativa. Es ahí donde el nombre de Anthony Giddens vuelve a aparecer en las noticias, probablemente no como quien tenga la solución a todos esos problemas, sino por sus investigaciones y trabajos en el área de la Sociología, entre la que destaca en estos momentos la llamada Tercera Vía.
Giddens, sociólogo británico y autor de por lo menos 34 libros publicados —en no menos de 29 idiomas—, hace en la Tercera Vía un planteamiento que probablemente sea bien recibido, dada la actual coyuntura en diversas naciones europeas y de algunos países en vías de desarrollo.
La alternativa es un sistema de economía mixta, es decir, se rechazan las ideas que van a los extremos, como aquella de un completo capitalismo que deje a las fuerzas del mercado el movimiento de la economía y de los agentes que participan en ella; y, en el otro extremo, la que lleva al gobierno a tomar más control en los sectores productivos con el fin de aumentar el bienestar de la población.
Incluso los trabajos de Giddens recogen sus puntos de vista sobre los efectos de la globalización, de la interdependencia que existe, y sobre todo de las consecuencias, porque incluye desprenderse de las políticas que se han realizado por años en las diferentes regiones del mundo y avanzar, dice, en políticas que involucren a todos.
El pensamiento de Giddens lleva a replantear el desarrollo tecnológico, la educación y los mecanismos de una competencia regulada que lleven al progreso y, en consecuencia, al desarrollo económico y social de la población, situación que puede ser replanteada en cada nación.
Los trabajos de Anthony Giddens dejan una gran reflexión sobre la modernidad y la política, ya que involucran un proceso dinámico entre las personas y la estructura social en una relación de interdependencia, lo que supone un conjunto de reglas. Esto llama la atención si se considera que gran parte de la actual crisis económica y financiera se originó por la falta de reglas en el sector bancario y, desde luego —como lo reconocen personajes como Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal— de vigilancia en un mundo cada vez más globalizado.
Giddens puede ser uno de los personajes que tomen relevancia en la reorganización de la estructura económica mundial, porque sus trabajos dejan un gran espacio para la atención del individuo, que se ha venido perdiendo en el dominio de la economía de mercado, de políticas con las que se pensó que los agentes se controlarían por las fuerzas del mercado y se descuidó el costo social que esto implica.
A sus 71 años, Anthony Giddens trabaja como profesor emérito de la London School of Economics and Political Science.