juan.arvizu@eluniversal.com.mxCarlos Slim, el gigante de la economía mexicana, ha ido de día de campo a San Lázaro, donde toma el riesgo de “parecer catastrofista”, pues describe un panorama por venir de desplome de empresas y su fantasma el desempleo. Explica: “Hay que prepararse para prever y no estar viendo después las consecuencias y estar llorando”.
Habla de quiebras en cadena, de cierres de comercios “por todos lados”, de inmuebles vacíos. La situación será delicada, dice. Su visión atrapa la atención del auditorio. Mueve las dos manos, que topan con el micrófono del atril. Las ideas fluyen y al decir los complementos, las palabras van más rápido. Sustancia y ejemplo. Lo básico y sus detalles. Busca claridad para persuadir. Es el pensamiento de Slim en acción, y un silencio reflexivo del auditorio.
Pese a que advierte que en el futuro habrá llanto, el público que escucha a Slim en el Palacio Legislativo —la crema del Senado, la Cámara de Diputados, empresarios, académicos, líderes gremiales—, lejos de caer en la congoja, escucha atento al hombre que gana cualquier cantidad de millones de dólares por hora, dar respuesta a la pregunta del Congreso, “¿Qué hacer para crecer?”
El moderador, Ricardo Samaniego Breacht (ITAM), conduce el panel estelar. Primero ha dado la palabra al presidente de la Comisión Federal de Competencia (CFC), Eduardo Pérez Motta, árbitro que persigue la dominancia, mal que paga la gente. Y señala dónde están sus molinos de viento: en las telecomunicaciones, transporte, servicios financieros y energía.
Ha manifestado certeza —compartida por Denis Dresser (10 días antes) y Macario Schettino, en el panel anterior— de que “el Estado mexicano ha sido capturado por grupos de poder y buscadores de rentas”. Los congresistas más poderosos —Beltrones, Madero, Navarrete, Duarte, Gamboa, González Garza—, la primera fila a la que Denis Dresser propinó moretones, cuando dijo que actúan como empleados de los grandes poderes privados, esta vez la pasan a salvo de las alusiones personales.
El castigo viene del gabinete presidencial. El secretario del Trabajo, Javier Alarcón, menciona que el Congreso tiene desde hace 11 años, 264 iniciativas en materia laboral sin dictaminar. A legislar los llama. No gusta. El foro es ya todo un muro de reclamos al poder Legislativo.
La gente dirá que Schettino ha salvado su panel. El moderador Arturo Salcedo Beltrán (IPN), critica el bajo contenido de dos intervenciones, la de Marcelo de los Santos (PAN, San Luis Potosí) y de Isaías González (CROC). Como en campaña electoral, Amalia García (PRD) pide moratoria a deudores de vivienda; Fidel Herrera (PRI), urge bajas en energéticos y varias refinerías, no una.
Su turno, Slim ha empezado a hablar con tonos de profeta del desastre y cierra a ritmo entusiasta y campante. Dice: “No hay países fuertes sin empresas fuertes”; hay que impulsar su trasnacionalización, “como lo ha hecho EU, desde Monroe, desde Poinset…”
Aunque no hay profeta en su tierra, sale rodeado por los presidentes del Congreso, los diputados César Duarte (PRI), Javier González Garza (PRD) y el senador Gustavo Madero (PAN). Entre ellos va Ignacio Cobo, consejero cercano, clara señal de “Slim Trabajando”.
El hombre que gana cualquier cantidad de millones de dólares por hora ha dicho: “Hay que prepararse para no estar llorando”.