BUENOS AIRES.— Las últimas medidas económicas de los Kirchner parecen destinadas a un aterrizaje de emergencia, en medio de la crisis internacional, ante la cual la presidenta había jurado en New York “que la Argentina no se verá afectada”.
El final de un año complicado para la pareja del poder en Argentina los encontró no sólo confiscando, estatización mediante, los fondos de pensiones. Sino además creando un Ministerio de la Producción en el marco de un plan de inversión pública de 12 mil millones de dólares, e impulsando una ley para blanquear aquellos capitales depositados en el extranjero y nunca declarados al fisco, los que serían eximidos de impuestos. Una semana después de esos anuncios llegó otro mucho más auspicioso, Ayer, la presidenta Cristina Kirchner anunció la aplicación de un plan de incentivos a la producción de 13 mil millones de pesos (4 mil 100 millones de dólares) “para impulsar la producción, la inversión, el empleo y el consumo destinados a apuntalar la oferta, a través el capital de trabajo, la prefinanciación de exportaciones y la mejora de la competitividad; y la demanda”, aplicados al consumo de electrodomésticos, autos pero también para el sector productivo como el campo y las pymes.
La meta, según la propia mandataria es evitar el crecimiento del desempleo, justo cuando la economía retrocedió 2% y el superávit comercial se redujo drásticamente de los 12 mil a 2 mil millones de dólares sólo en el tercer trimestre del año.
Para algunos analistas como Carlos Pagni, esas medidas podrían ser cosméticas o no ser suficientes y los fantasmas del default correrían el riego de corporizarse. Amén de los anuncios “productivos de ayer”, lo que pesa y cuesta hacerlo pasar por la aprobación del Congreso es el blanqueo de capitales.