BUENOS AIRES.— “Argentina ya está en default. Eso en la práctica, no técnicamente. Desde que Cristina Kirchner llegó al gobierno en diciembre de 2007, su esposo Néstor Kirchner, transformado en un ministro de Economía virtual, tenía dos cosas claras: que era necesario enfriar la economía y que la misma debía atravesar un cuello de botella de la economía argentina en 2009, cuando vencen compromisos por 19 mil millones de dólares. “¿Cómo vamos a hacer para pagar la deuda?”, se preguntaba e inquiría a sus colaboradores en los días previos a adoptar la subida de las retenciones a la exportación de granos, que derivó en la crisis con el sector agropecuario que paralizó la actividad económica y resintió el crecimiento.
Así enfrió la economía por el peor costado posible y no consiguió los miles de millones que necesitaba del campo. Su única fuente de financiamiento, Hugo Chávez, también tomaba distancia al comprar más de 6.5 mil millones de dólares en papeles argentinos, con un interés de 15%, en julio último, para colocarlos de inmediato en el mercado. Una señal más que evidente de que la confianza en Argentina era ya un bien en extinción. Confianza desaparecida por completo la semana pasada, cuando la pareja del poder se decidió por confiscar el sistema de pensiones privado.
“Es una decisión desacertada e incluso no sé si alcanzará para evitar un default en la primera parte del próximo año”, dejó escapar el economista Carlos Melconian, uno de los más consultados por banqueros e inversionistas a nivel local.
“El nivel de confianza en el gobierno es cero y eso puede traer problemas que eran resolubles hasta hace unas semanas” acotó.
En términos fácticos, la recaudación no sólo se vería resentida por la caída de los precios de la soja (perdió más de 40% en los últimos seis meses), sino también por la desaceleración en el crecimiento chino (uno de los principales compradores de soja argentina), que se espera que sea de 10.5% a 8%. Eso haría empeorar no sólo la situación fiscal, sino el gasto interno y, por ende la actividad económica.
En materia fiscal, el superávit este año será de 3.2 según los estudios más serios, ya que durante el gobierno kirchnerista todas las estadísticas económicas, principalmente la de inflación, pobreza y crecimiento del PIB fueron alteradas, pero para el próximo, la consultora Rubinstein y Asociados prevé un déficit de 2%.