Con respecto a las subastas de dólares por parte del Banco de México (Banxico) existe mucho malestar y enojo, pero, sobre todo, confusión. Creo que esta situación es en buena medida culpa de las autoridades económicas, de su falta de credibilidad y de su incapacidad para informar claramente sobre toda esta situación. Me explico.En primer lugar, debo decir que no me parece una mala decisión por parte del Banco de México la idea de entrar al mercado cambiario para reducir la volatilidad del tipo de cambio (si no se usan las reservas para eso, entonces ¿para qué las queremos?).
Segundo, debe entenderse que la mayor parte de las empresas que especularon con el tipo de cambio no especularon contra el peso, sino ¡contra el dólar! De hecho, justamente por eso perdieron. Es decir, una vez que el tipo de cambio empezó a subir por factores como la “inesperada” salida de inversiones financieras, varias de las empresas que perdieron en sus operaciones financieras tenían que cumplir con compromisos en moneda extranjera. Es por ello que las empresas empezaron a revelar súbitamente la información de sus operaciones con instrumentos financieros y a hacer públicas sus necesidades de financiamiento en dólares.
También es por ello que las autoridades económicas ya sabían que habría una gran demanda de dólares el viernes pasado y para enfrentar esa situación anunciaron la subasta de dólares por un monto mucho mayor al originalmente programado (6 mil 400 mdd versus 400 mdd).
Terecero, una cosa debe quedar bien clara: las reservas no se las regalaron a nadie y, lo que es más, no se le vendieron baratas a nadie. Es cosa de ver el tipo de cambio que se pagó en la subasta (alrededor de 12.8 pesos por dólar en promedio) con el tipo de cambio de hoy (12.34) para entender que no fue un proceso en el que necesariamente ganaron las empresas a las que les fueron asignados los dólares del viernes pasado. Esto, sin embargo, no parecen entenderlo muchos de los críticos de esta intervención.
Cuarto, pensemos en cuál hubiera sido el contrafactual: si el banco no interviene y se deja que el peso se vaya a 15 o 16 pesos por dólar (cómo quizá hubiera ocurrido por la magnitud de las necesidades de esas empresas), es probable que el pánico que se hubiera generado en el proceso hubiera sido de tal tamaño, que difícilmente el tipo de cambio hubiera regresado a un nivel razonable en el corto plazo.
Quizá algunos economistas podrían pensar que esto no sería del todo malo, considerando que ello podría ayudar a hacer más competitivos los productos mexicanos. Lo anterior, sin embargo, quizás estaría bien siempre y cuando se diera el improbable caso de que esto no se tradujera en una mayor inflación, lo que eventualmente eliminaría cualquier ventaja derivada de una depreciación de la moneda.
En suma, creo que la intervención del Banco de México fue correcta y creo que los costos de no haberlo hecho hubieran sido aun más elevados.
Ahora bien, dicho lo anterior, sólo queda por preguntarse una cosa: ¿por que algunas empresas mexicanas decidieron invertir en este tipo de instrumentos financieros y especular en contra del dólar? Por dos razones: porque la política de tasas de interés del Banco de México así parecía anticiparlo (el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos era cada vez más alto) y porque los ejecutivos de estas empresas creyeron en la versión de la fortaleza económica y de la ausencia de contagio económico sobre la economía mexicana.
Esta peligrosa mezcla de políticas y discursos de las autoridades económicas de México fue, paradójicamente, lo que dio lugar a esta situación de volatilidad cambiaria y que, de no haberse intervenido con oportunidad, quizá hubiera sido catastrófica para la economía mexicana.
El autor es investigador del Colegio de México