Esta semana, Europa recurrió a distintos mecanismos para tratar de contener la peor crisis financiera que se recuerda y que amenaza con provocar una depresión económica global.
José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español, solicitó al presidente en ejercicio del Consejo Europeo, al dirigente francés Nicolas Sarkozy, una cumbre extraordinaria en París de gobernantes de los países del Eurogrupo a fin de definir un plan de acción conjunto y consensuar una respuesta “fuerte y coordinada” de los países que comparten el euro como moneda.
Forman parte del Eurogrupo sólo 15 de los 27 estados de la UE: Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta y Portugal.
A la reunión de París están invitados también los máximos responsables de las dos instituciones supranacionales involucradas en la gestión de la moneda única en la Unión Europea: el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, y el de la Comisión ejecutiva de Bruselas, Jose Manuel Durâo Barroso.
Mientras se daban los pormenores de esta reunión, en Francfort, Alemania, el BCE adjudicaba 93 mil 878 millones de dólares, a cuatro días, a un tipo de interés marginal del 0.5%, en una operación extraordinaria para inyectar liquidez.
El BCE informó de que fueron 62 bancos los que participaron en esta operación de refinanciación, aunque no agotaron los 100 mil millones que estaban a su disposición. La operación se realizó en el marco del acuerdo de divisas recíproco (línea swap) que mantiene el BCE con la Reserva Federal estadounidense (Fed).
La Fed y el BCE acordaron a principios de octubre duplicar su acuerdo desde 120 mil hasta 140 mil millones de dólares para aumentar la provisión de liquidez en dólares en la zona del euro.
Los responsables europeos empiezan a no poder ocultar su inquietud, después de una semana negra en las Bolsas en la que han visto cómo el pánico resistía todas las medidas tomadas para apuntalar el sistema y restaurar la confianza de los inversores: recapitalizaciones, nacionalizaciones, aumento de las garantías sobre los depósitos, inyecciones ilimitadas de liquidez por parte del BCE y rebajas de los tipos de interés.
No obstante, este panorama, el miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo, Christian Noyer, dijo el viernes que la inflación de la zona euro podría caer por debajo de 2% el año que viene y que un recorte coordinado de las tasas de interés no podría en riesgo la estabilidad de precios.
Pero a pesar del esfuerzo, las medidas extraordinarias y del entusiasmo de funcionarios europeos, las bolsas de muchas naciones de este continente cerraron la semana con pérdidas por encima de 20%. En una jornada tan negra como las precedentes, la bolsa española registró la mayor caída de su historia, 9.14%, y el DAX 30 de Fráncfort 7.01%.
El BCE advirtió de que la turbulencia afecta a la economía real más de lo previsto, por lo que la esperanza está puesta en la reunión que tendrá este fin de semana el G-7.