finanzas@eluniversal.com.mxWASHINGTON.— El plan por 700 mil millones de dólares propuesto por Bush para rescatar el sistema financiero de Estados Unidos ha tropezado con un dilema que podría transformarse en conflicto bipartidista: rescatar sólo a los bancos o extenderlo a Main Street, a los millones de estadounidenses comunes y corrientes que enfrentan quiebras hipotecarias.
Un fin de semana inusual encontró a congresistas, funcionarios del gobierno y la Reserva Federal discutiendo los detalles de un paquete de rescate solicitado al Congreso para que el Departamento del Tesoro pueda tener capacidad ilimitada para comprar hasta 700 mil millones de activos bancarios en problemas.
The New York Times advertía ayer que si el plan funciona permitirá atacar la causa principal de la tensión: la caída en los precios de las casas. Si los bancos reanudan la entrega de créditos, las hipotecas podrían estar bajo control, lo que permitiría a la gente acumular recursos para comprar las propiedades; el precio de los bienes se elevaría o al menos se evitaría que volviesen a desplomarse. Estas acciones evitarían la quiebra de más inversiones ligadas a hipotecas, aliviando tensiones bancarias, frenando la caída.
El sábado por la noche miembros del Congreso se adentraban en la revisión del plan y reiteraban la intención de agregarle un sólido “contenido social”. En palabras del presidente del Comité de Servicios Financieros, Barney Frank, la propuesta de Bush podría reformarse para añadir compensaciones, bonos y la posibilidad de reducir las quiebras hipotecarias. “Deseamos asegurarnos que el paquete será integrado de manera que maximizará la posibilidad de reducir las quiebras”.
Esas intenciones, alentadas sobre todo por congresistas demócratas, chocaron de inmediato con una parte del Partido Republicano, que advirtió sobre los riesgos de alterar el sentido original del paquete de rescate. No es todo: los demócratas desean incluir especificaciones que limiten las compensaciones a las firmas a las que el gobierno comprará activos.
Ayer, el secretario del Tesoro, Henry Paulson, advirtió que el plan debería considerar un componente de alivio a las hipotecas y dijo que imponer límites a las compensaciones podría desalentar la participación en el programa de rescate. “Si empleamos un diseño de castigo, no funcionará como necesitamos que lo haga”, dijo en entrevista a la cadena televisiva Fox.
Todos en este país parecen tener claro que las acciones en preparación representarán la mayor intervención pública desde la gran depresión de los años 30.