No se necesita ser ejecutivo de una aerolínea o funcionario de aviación federal para reconocer que los cielos por encima de los tres principales aeropuertos de Nueva York están abarrotados de aeronaves que llegan y salen de la ciudad más grande de Estados Unidos.
Para las legiones de pasajeros de ojos llorosos, la congestión ha implicado perder vuelos de conexión y oportunidades de negocios.
“Los aeropuertos tienen una capacidad limitada”, indicó Fred Smith, director general de FedEx, la firma de paquetería que tiene más aviones que cualquier aerolínea excepto por American Airlines. “El problema es qué vaca vamos a sacrificar. Es una discusión interminable y que se está dando en todo el mundo”.
Hoy, el centro del debate es probablemente el vecindario de Queens en Nueva York, hogar del aeropuerto internacional John F. Kennedy. A raíz del miserable desempeño en cuestión de puntualidad registrado este verano, la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) propuso el mes pasado limitar el número de vuelos en horas pico a alrededor de 80 por hora, en vez del nivel actual ilimitado que se ubica hasta en 115.
No siempre fue así. Andrew Watterson, ahora director del área de aviación de la consultora Oliver Wyman, recuerda la época en la que la mayoría del tráfico aéreo interno se canalizaba al aeropuerto de LaGuardia y el JFK estaba relativamente subutilizado.
“La gente siempre hablaba de que el JFK era el lugar para encontrar vuelos nacionales baratos”, indicó Watterson, quien vivía en Manhattan a finales de los 70.
La creciente demanda de rutas transcontinentales, aunada al surgimiento de aerolíneas regionales de menor costo, desbordaron la capacidad tanto del JFK como del cercano aeropuerto internacional Liberty de Newark.
En un reciente estudio de Zagat, una guía turística en línea, los viajeros clasificaron al LaGuardia y al JFK como dos de los cinco peores aeropuertos en Estados Unidos.
Aerolíneas y políticos se han unido para protestar por la propuesta de la FAA.
Jon Corzine y Eliot Spitzer, gobernadores de Nueva Jersey y de Nueva York, respectivamente, escribieron que “el tope sería un golpe paralizante para los pasajeros de nuestra región, nuestra industria de la aviación y nuestra economía”. Continental Airlines destacó que los vuelos excedentes del JFK se desviarían a Newark, creando un “tapón” en el centro de operaciones regional de la aerolínea.
Ante el temor de que el límite desaliente el turismo y la actividad económica en Nueva York, el alcalde Michael Bloomberg se ha sumado al coro de críticos de la FAA y ha dado su respaldo a un plan para cobrar impuestos a las aerolíneas durante las horas pico.
En cualquier caso, los costos de viajar por avión probablemente van a aumentar.
Funcionarios de aeropuertos de otras ciudades grandes ven una oportunidad en los congestionados cielos de Nueva York.
“No estamos diciendo que las grandes aerolíneas internacionales se vayan de Nueva York, pero podrían comenzar a buscar en otras partes del país”, señaló Jeffrey Fegan, director general del aeropuerto internacional Dallas-Fort Worth en Texas.
Las aerolíneas sostienen que la FAA podría encontrar maneras de disminuir las restricciones de capacidad. Destacan en este sentido la decisión del presidente George W. Bush de liberar parte del espacio aéreo normalmente reservado para vuelos militares durante la temporada vacacional cercana al Día de Acción de Gracias.
Permitir que los aviones comerciales utilicen más frecuentemente este espacio sería de gran ayuda, indicaron las aerolíneas.
También ayudaría reducir las restricciones a las rutas de vuelo que llegan al JFK, aunque esto seguramente generarán protestas por el exceso de ruido.