Hace un año en esta semana México parecía estar al borde del caos político, cuando, en una elección disputada, el candidato conservador ganó por un margen mínimo. Pero el espectro de la inestabilidad se ha desvanecido y ya en el puesto el presidente Felipe Calderón está gobernando a su país con mano segura.
Las propuestas de cambios al sistema fiscal anunciadas la semana pasada proporcionarían -si son aprobadas por los legisladores- recursos muy necesarios para gastos adicionales en beneficios sociales e infraestructura. Aunadas a las nuevas reglas sobre pensiones públicas introducidas en marzo, las reformas económicas son las más importantes en más de una década en México.
Y aunque la campaña de alto perfil del presidente para combatir la violencia vinculada a las drogas ha sido menos exitosa, al menos ha inyectado una mayor energía en la lucha contra uno de los problemas más terribles en México, hecho que fue evidenciado por la decisión del lunes de destituir a más de 250 altos oficiales de la policía. Queda mucho por hacer en la batalla contra el crimen: casi 200 policías y soldados y más de mil otras personas han sido asesinadas este año en una ola de violencia.
Las propuestas de la semana pasada -cuya pieza central es un impuesto corporativo mínimo de 19%- representan un muy necesario esfuerzo para combatir la persistente evasión fiscal por parte de compañías mexicanas, una de las principales razones por las que la recaudación fiscal en México registra un lastimoso 11% del producto interno bruto, uno de los niveles más bajos en América Latina.
Sin embargo, la reforma está lejos de ser perfecta. Un nuevo impuesto sobre los depósitos en efectivo, diseñado para atraer a negocios pequeños e informales al sistema bancario, podría tener exactamente el efecto contrario, por ejemplo.
Aún con los ingresos adicionales, equivalentes a 3% del PIB, el gobierno seguirá dependiendo fuertemente de Pemex, la compañía petrolera estatal.
Calderón debe ahora enfrentar a los monopolios que dominan las telecomunicaciones y muchos otros sectores, obstaculizando la competitividad de la economía en su conjunto. México se está volviendo menos tolerante a las prácticas restrictivas.
El reciente fallo de la Suprema Corte de la Nación de revocar una legislación que podría haber consolidado al duopolio que domina la televisión del país, es uno de los indicios más visibles.
Hasta el momento, el desempeño de Calderón ofrece buenos augurios. A diferencia de su predecesor, Vicente Fox, el nuevo presidente ha demostrado ser un político hábil, capaz de negociar efectivamente y dispuesto a combatir los intereses creados que se han opuesto consistentemente a las reformas y bloqueado el desarrollo. Si mantiene el impulso, las recompensas para México podrían ser muy grandes.