La visita de Estado de la presidenta Michelle Bachelet a México, los días 20 y 21 de marzo próximo -la primera de un jefe de Estado desde que asumió el gobierno el presidente Felipe Calderón-, viene a rubricar el excelente estado de las relaciones diplomáticas que mantienen nuestros países, ratificada en la reciente cumbre del Grupo de Río.
En el plano económico, desde 1990, año en que México y Chile reanudaron sus relaciones diplomáticas, el intercambio comercial ha crecido de manera espectacular.
El comercio bilateral, que en 1990 no alcanzaba los 160 millones de dólares, tuvo un crecimiento de 2,000%. En 2006, casi superamos 3 mil 300 millones de dólares.
Dicho intercambio se ha visto fuertemente incentivado con la puesta en vigencia del Tratado de Libre Comercio, TLC, en 1999 (ver cuadro).
El TLC ha sido reconocido por muchos especialistas como el más exitoso, en especial por la diversificación en la comercialización de productos y servicios; por la institucionalidad que genera un diálogo permanente y fluido entre las partes; por la participación de las pequeñas y medianas empresas en el comercio y por el gran crecimiento gracias a la desgravación existente, que significa que 99.7% de los envíos está totalmente liberado del pago de aranceles.
En materia de inversiones, México supera los 870 millones de dólares en inversión acumulada en Chile. Esto convierte a México en el principal inversionista latinoamericano en nuestro país y el undécimo inversionista a escala mundial en Chile. Entre las empresas que destacan tenemos a Telmex, Bancomext, Bimbo y Editorial Televisa.
Por su parte, las inversiones de nuestro país en México se mueven en un rango de entre 400 y 600 millones de dólares y entre ellos figuran Molymet, SAAM, Farmacias Benavides, MASISA, Sonda y CMPC. Estimamos que estas inversiones son sólo el inicio de un proceso. Consideremos que las inversiones de empresas chilenas en el extranjero son del orden de los 34 mil millones de dólares en países como Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Australia.
No dudamos que tanto en comercio como en inversiones se dispone de enormes espacios para el crecimiento de nuestras relaciones. Los límites a este incremento están, fundamentalmente, en un desconocimiento mutuo de las realidades y potencialidades que ofrecen una y otra economía.
Acuerdo de Asociación Estratégica
El TLC, en la nueva etapa que nos entrega un amplio Acuerdo de Asociación Estratégica entre ambos países, nos permitirá ese mayor acercamiento y conocimiento. Es también muy importante perfeccionar sistemas, procedimientos e instrumentos bilaterales en materias aduaneras, fito y zoosanitarias, normas de origen, especificaciones técnicas y otras, que nos permitan facilitar y agilizar el intercambio comercial. Chile está convencido que hay un alto grado de complementariedad entre nuestras economías dado el alto nivel de desarrollo tecnológico de la industria mexicana, las dotaciones de recursos naturales y las diferencias estacionales. No dudamos que, en la medida que este conocimiento mutuo vaya mejorando y se perfeccione el marco institucional, vamos a vivir un fuerte incremento del comercio y un nuevo proceso de inversiones chilenas en los diversos estados mexicanos.
En el marco del TLC vigente, quedaron pendientes dos importantes capítulos: el que se refiere a las compras públicas y el relativo a los servicios financieros. Es muy grato constatar que el primero ya ha concluido en su negociación y pronto ingresará en los respectivos procesos de ratificación parlamentaria. Respecto del tema de los servicios financieros, un ámbito esencial en la ampliación de los negocios bilaterales, pronto se reunirán los equipos negociadores para definir los términos de su apertura futura.
Una relación amplia
Durante la visita de la presidenta Michelle Bachelet se pondrá en funcionamiento el Acuerdo de Asociación Estratégica (AAE) entre Chile y México, un acuerdo de última generación que fortalecerá la relación bilateral en todos los ámbitos. Se impulsa así una asociación integral institucionalizada en un solo instrumento jurídico, que abarcará las áreas políticas, de cooperación bilateral y con terceros países, promoviéndose el libre comercio y las inversiones, así como las relaciones culturales, científicas, académicas y de intercambio en general. Con esta Asociación Estratégica es como México y Chile van a enfrentar juntos y asociados el mayor desafío que la globalización presenta a nuestras economías: mejorar nuestros niveles de competitividad en los mercados internacionales. La gran verdad de hoy es que sin capacidad competitiva no es posible aprovechar convenientemente las oportunidades que ofrece el mercado mundial, y ésta depende no sólo de las empresas y los empresarios, sino del conjunto de la sociedad: de la calidad del sistema educativo, de la salud, de la infraestructura, de la calidad de la mano de obra, etc, en fin, de que la sociedad en su conjunto comprenda que la competencia es hoy global, de que para competir en ese contexto se requieren alianzas con otros países en todos estos planos. Y es aquí donde esta gran amistad, respeto y cariño que nos profesamos mutuamente, se transforma en un instrumento para el progreso de nuestros pueblos. Por eso la importancia del visionario AAE.
Este acuerdo abarca toda la gama de nuestras relaciones y, de alguna manera, es la demostración de la historia común que hemos emprendido ambos pueblos desde el mismo momento en que nos independizamos de España en septiembre de 1810.
No dudamos que el mayor flagelo que nuestras sociedades deben enfrentar son la pobreza y la desigualdad de oportunidades que les son inherentes. La pobreza es el mayor problema que tienen las democracias, pues actúa como un elemento desintegrador y generador de limitaciones y conflictos que frenan el avance económico y social. Se habla mucho de los logros económicos de mi país, cuando en realidad los avances más significativos y profundos se han ido logrando en el plano social. Junto con haber ido reestructurando un sistema de protección social en materia de salud, de educación, de acceso a la vivienda, impulso a la igualdad de la mujer, de protección a la infancia, y a crear un sistema de seguro contra el desempleo, se ha avanzado notablemente en la reducción de la pobreza. Es todo un conjunto de políticas públicas que convergen en esa dirección. En efecto, a fines de los años 80, aún durante la dictadura pinochetista los niveles de pobreza llegaban a 45% de la población nacional, ¡con índices de indigencia de 17%! En la última encuesta realizada en 2003, la pobreza se había reducido a 18%, y casi 5% se encontraba en los umbrales de la indigencia. Son avances muy importantes, que son nuestro mayor orgullo. Reconozco, al mismo tiempo, que aún son niveles de atraso inaceptables en una sociedad moderna. Es el decidido propósito del gobierno y de la sociedad chilenos el seguir cambiando esta realidad que nos avergüenza. Estos son los mejores avances de Chile y ésos son nuestros principales desafíos.
Estamos siendo testigos y artífices de procesos que nos deben conducir, además, a una mayor unidad entre nuestras naciones, con menos retórica y más iniciativas concretas que nos lleven a hacer lo que los europeos, por ejemplo, están logrando exitosamente: la integración económica, social y política. Es imprescindible que actuemos en conjunto para detener el enorme deterioro ambiental que se evidencia cada día, así como lograr reglas más justas y claras que permitan un comercio mundial más beneficioso para todos. Se trata de darle un rostro más humano, justo y respetuoso con el medio ambiente al proceso de globalización. México, Chile y las otras naciones de la región tenemos una enorme tarea que enfrentar. Es el interés común de nuestras naciones y nuestros pueblos lo que nos impulsa en estas tareas.
*Embajador de Chile en los Estados Unidos Mexicanos