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| Repostería inteligente La innovación en su sistema para recibir los pedidos de sus clientes, permitió a Pastelerías Muguet aumentar utilidades
Aída Ulloa Muguet inició en 1992 distribuyendo pasteles para varios restaurantes de la ciudad de México. Su centro de operaciones era una accesoria rentada que antes fungía como estacionamiento privado. La madre y hermana de Alejandro horneaban los productos mientras él aportaba el capital. Con el paso del tiempo se dedicó de lleno al negocio para hacerlo crecer. Entre sus primeros clientes estaban la cadena de restaurantes Cambalache, el restaurante argentino Martín Fierro y las Cafeterías Denny´s. Los pedidos de cada cliente variaban desde dos hasta 18 pasteles por día y de tener menos de 20 compradores pasaron a 150 en pocos años. "El trabajo con restaurantes es ingrato. La venta no depende de la calidad, del servicio o de la puntualidad con la que entregamos. A veces hay cambios, ya sea de dueños, de chefs o el restaurante cierra y nos quedamos sin ese cliente", comentó el empresario. Al principio Muguet hablaba con cada cliente para solicitarle su pedido, después ellos mismos llamaban, pero el volumen de telefonemas era tal que pusieron una contestadora de cassette. Anotar todos los pedidos les implicaba más de dos horas, por lo que a finales de los 90 Alejandro contactó a la empresa Auronix que se dedica a crear soluciones integrales en computación y telefonía y su proceso se redujo a tres minutos. "Llegábamos a las cuatro de la mañana para contestar, además teníamos problemas porque no se entendía lo que querían, yo imaginé alguna vez recibir las llamadas, llegar a mi oficina, prender la computadora y que apareciera la información, pero me parecía sólo un sueño. Hice contacto con la empresa y ellos me desarrollaron el sistema que actualmente estamos utilizando", detalló. El costo del sistema fue de aproximadamente 40 mil pesos. El cliente llama y contesta una grabación con un menú dividido en cinco áreas: pedidos, mensajes, fax, lista de productos y una opción para consultar el historial de pedidos por cliente. El usuario ingresa con una clave y digita en su teléfono el código de cada producto. Previo a esto Muguet envía a cada cliente una lista con las claves y su número de usuario. Cuando marca una clave, el sistema corrobora el pedidio diciendo el nombre del pastel seleccionado. "La gente prefiere eficiencia aunque sacrifique calidez", aseguró. El sistema condensa la información y al día siguiente muestra una lista con los pedidos, así como los nombres de los pasteleros y decoradores con la cantidad exacta de pasteles que debe hacer cada uno por día. "Antes teníamos que esperar hasta que una persona tomara todos los pedidos para luego transcribirlos en un pizarrón y que empezaran a trabajar. Aprovechamos el sistema para que la información se vea en una pantalla en el área de producción". Alejandro César tuvo la visión de ampliar el negocio, estar más cerca de los clientes e incrementar las ganancias. Con el paso del tiempo Muguet dejó a un lado la distribución a restaurantes para evitar la intermediación. "Algunos restaurantes eran celosos, le decían a la gente que ellos mismos elaboraban los pasteles y en ocasiones había deterioros en el producto por el mal manejo en sus almacenes", enfatizó. De 180 a 200 pasteles diarios pasaron a 220 en promedio con el uso del sistema. Aunque la producción no se elevó considerablemente, las utilidades para la pequeña empresa sí lo hicieron. Actualmente tienen dos tiendas en la ciudad de México, una en Polanco y otra en la colonia Del Valle, donde anexaron una cafetería para vender pasteles, pan, café, revistas, gelatinas y hasta mermeladas. Además venden los productos en tiendas Liverpool (excepto Santa Fe y Perisur) con sus propias cámaras de refrigeración y se encargan de controlar el inventario y su rotación. Aunque siguen entregando en restaurantes (25 en promedio), sólo trabajan con aquellos que hacen pedidos grandes. Alejandro considera expandir su negocio en poco tiempo, pero antes de hacerlo quiere mejorar sus procesos para beneficio de los compradores. En menos de dos meses estima invertir 60 mil pesos en un nuevo sistema. "Estamos en tratos con Auronix. Queremos implementar un nuevo sistema que toma los pedidos con la voz del cliente. Sólo tiene que decir el nombre del pastel y automáticamente se registra lo que quiere", detalló. Aunque Alejandro no dio cifras exactas de sus ventas, comentó que en los últimos seis años las utilidades crecieron 67% anual.
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