![]() |
![]() |
![]() |
| |||||||||||
| Lucha libre, a la arena tecnológica La historia de una tradicional empresa mexicana dedicada a la fabricación de máscaras, que encontró en la tecnología el mejor aliado para ampliar su presencia comercial en prácticamente todo el mundo
AÍDA ULLOA C orrían los años 30 cuando Antonio H. Martínez, originario de León, Guanajuato, sabiendo hacer moldes y zapatos de cuero, decidió probar suerte en la capital del país. Trabajó en un taller de zapatos y luego en una fábrica textil. Luego decidió establecer un taller de calzado deportivo en el Eje Central. Fue en esa misma época cuando la lucha libre se inició en México y llamó su atención. No faltaba a las funciones y se hizo amigo de un luchador conocido como El Charro Aguayo, al cual le cargaba sus maletas y lo levantaba cada vez que se caía del ring. El Charro Aguayo , al conocer el oficio de su amigo, le pidió que le fabricara unas botas especiales para luchador, pues en aquel entonces usaban las mismas que los boxeadores. Su vida cambió cuando el Ciclón McKey , un luchador irlandés, le pidió una capucha que se amarrara como un zapato para que nadie se la pudiera quitar. Antonio lo intentó, pero no pudo entregarla a tiempo y la máscara le quedó pequeña. El luchador se enojó tanto que hasta le aventó el dinero, por lo que pensó que su negocio estaba arruinado. Después de algunos meses McKey regresó y pidió varias máscaras más. Había viajado por el mundo y nadie pudo copiar el trabajo artesanal del zapatero. Antonio ya había encontrado dónde estaba el error, le fabricó varias piezas más. Gracias a las buenas recomendaciones, su negocio creció, dando vida a los luchadores enmascarados que hicieron historia como El Santo, a quien confeccionó su primera máscara. Antonio diseñó un sistema de 17 medidas que se toman de la cabeza para hacer cada máscara a la perfección. Es el secreto mejor guardado de este negocio que hasta la fecha pocas personas conocen, entre ellas su hijo Víctor Martínez, quien desde 1960 lleva la batuta del negocio. Deportes Martínez tiene la patente de las máscaras en México, pero Víctor Martínez quiere patentarlas internacionalmente debido a la piratería. "Antes venían muchas televisoras japonesas y me grababan haciendo las máscaras de principio a fin y luego veía las máscaras piratas en el mercado. La piratería es algo malo para el país, es un retroceso para nosotros. Si no dejaran entrar tantas cosas piratas, la industria mexicana crecería". Mauricio Martínez, nieto de don Antonio, logró diversificar el negocio vendiendo por internet. "Si no lo hacemos nosotros, van a llegar japoneses o estadounidenses. Hace cuatro años iniciamos informando a la gente la historia de las máscaras que creó mi abuelo y que están hechas por mexicanos. Además nos da presencia en el mercado internacional". De acuerdo con Mauricio Martínez, quien estudia Mercadotecnia, la página cuenta con un catálogo de aproximadamente 2 mil productos, entre ropa, máscaras y zapatillas para luchadores. Mauricio explicó que para evitar robos o clonaciones de tarjetas, cuentan con el programa VeriSign para asegurar la transparencia en las transacciones. Los clientes ven los productos en la página y mandan vía fax o escaneados por internet una copia de su identificación y su tarjeta de crédito. El dinero va directo a una bóveda de seguridad y luego el cliente debe firmar un contrato para aceptar los cargos. Sus ventas varían dependiendo de la temporada. "En diciembre tenemos nuestro aniversario y hay ofertas especiales, también suben las ventas cuando hay temporada en la Arena México, pero en internet vendemos a cualquier hora y a cualquier parte del mundo". En un principio usaban piel natural, pero al paso de los años, comenzaron a utilizar materiales que absorben el sudor, más ligeros y lavables, como acriban y licra. Actualmente trabajan 17 personas en sus cuatro talleres. Exportan a Estados Unidos y a países tan lejanos como España, Alemania, Holanda, Australia e Irlanda, y cuentan con un distribuidor en EU. Hacen máscaras para luchadores reconocidos, trajes y máscaras para películas, pedidos especiales o a la medida. Mauricio asegura que al mes venden aproximadamente 450 máscaras. Sus clientes son aficionados, coleccionistas y jóvenes que inician en la lucha libre. Sin embargo, Víctor no está contento con la situación del mercado en México. "Mi intención es irme del país, porque los negocios buenos están en los países de primer mundo". Aún no tiene fecha, pero ya tiene ofertas de inversionistas estadounidenses y canadienses, y planea vender más productos en toda Europa y Asia.
|
|
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio © 2006 Copyright El Universal, México. | ||