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La Cruzada Nacional contra el Hambre, primera parte


La Cruzada Nacional contra el Hambre, primera parte

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Lunes 28 de enero de 2013 José Luis de la Cruz Gallegos | El Universal
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La puesta en marcha de la Cruzada Nacional contra el Hambre es un reconocimiento de que el modelo económico y los programas de atención social implementados durante los últimos 30 años no han funcionado, el país enfrenta la urgente necesidad de resolver el problema que representa la pobreza, pero además de atender un aspecto aún más básico para cualquier ser humano, el de garantizar su alimentación.

El hecho de reconocer que México se encuentra en dicha espiral negativa es loable, un viraje respecto al manejo que se le dio en la administración anterior, cuando se negó y minimizó el problema. Hoy se tiene la opción de construir un legado diferente, que se pase de una sociedad marcada por la inequidad y acechada por la violencia a una en donde se reconstruya el tejido social. Es la oportunidad de que las acciones, políticas y reformas del gobierno federal lleguen a donde no lo hicieron sus antecesores, a mejorar la vida diaria de los mexicanos.

Para ello es prioritario que los programas se enfoquen a resolver desequilibrios, que dejen el discurso y se transforme en hechos. Se debe involucrar a la sociedad; hemos sido permisivos con los malos resultados, con el avance de la pobreza y la iniquidad, con la ineficacia y corrupción, es momento de que en la construcción de este legado participe la mayor parte de los mexicanos.

Evidentemente que el reconocimiento no es suficiente, se debe ir más allá: si no se eliminan las causas de la pobreza y el hambre difícilmente se podrán resolver los enormes desafíos que estos flagelos representan. De igual manera es prioritario señalar que la cruzada debe ser el inicio de un proceso más amplio e integral, en donde se cuestione y reconstruya el tejido social y la administración pública en sus tres niveles. El objetivo de la cruzada es positivo pero lo hasta hoy manifestado es insuficiente: las causas de la pobreza y el hambre tienen su origen en el propio modelo económico y en la política económica oficial. En el último punto no puede dejarse de mencionar la incapacidad técnica y la falta de transparencia con la que en ocasiones se han operado los programas y recursos destinados para el desarrollo económico y social, particularmente en estados y municipios. Por tanto uno de los primeros retos que tendrá la cruzada es el de convertirse en un programa más ambicioso que cuestione y rectifique lo que desde la esfera pública se ha instrumentado durante los últimos lustros.

Para que la Cruzada se transforme en un proyecto que trascienda lo inmediato debe buscarse una meta más ambiciosa, la de construir una Sociedad de Bienestar y Equidad, en donde indudablemente el problema del hambre debe ser resuelto, pero en la que se aspire a cubrir aspectos relevantes como el de una nutrición adecuada y el acceso a satisfactores de calidad de vida que permitan alcanzar una mayor movilidad social. El declarar que el objetivo es alcanzar una Sociedad de Bienestar y Equidad implica señalar compromisos de largo plazo, consensados no sólo con la clase política, también debe alcanzar acuerdos con otros actores de la sociedad, quienes pueden y deben contribuir a la consecución de la meta.

Generar una Sociedad de Bienestar y Equidades es un proyecto que no culminará en un sexenio, en realidad la administración actual debe sembrar la semilla que permita obtener resultados más ambiciosos, que verdaderamente alineen programas y reformas que hasta hoy se encuentran desvinculados, desvirtuados, que en algunos casos son obsoletos o presa de intereses políticos. La cruzada es un buen paso, pero solo es el inicio de un largo camino para alcanzar un verdadero bienestar social.

*Director del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México



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