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| Yoga a 42° |
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Cristina Salmerón
El Universal Lunes 12 de mayo de 2008 |
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A esta temperatura se quema más grasa y con el sudor se acelera la eliminación de toxinas
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maria.salmeron@eluniversal.com.mx ACAPULCO, Gro.— El calor es sofocante, mi cuerpo bien podría ser la escultura de una fuente que escurre agua por todo el cuerpo; siento náuseas, mareos y mis músculos punzan tan fuerte como mi corazón. Lo único que quiero es salir de este cuarto ardiente, pero a la vez, quiero saber cómo concluye esta experiencia. El Bikram Yoga es una disciplina que se practica a 42°c y se basa en una serie de 26 posturas (asanas) y dos ejercicios de respiración (pranayamas) que combinan habilidades de concentración, paciencia, determinación y autocontrol. Estoy en un salón, rodeada de cerca de 200 personas, y la clase está por comenzar. El aumento en la temperatura se percibe desde la entrada; además del tapete de yoga, es necesaria una toalla y una botella con agua helada —debo confesar que ésto me pareció una exageración, pero, por otra parte, nunca he sido de las que sudan mucho—. Inicia la clase, el maestro está al frente y comienzan las respiraciones y las posturas. El calor favorece un estiramiento fluido que permite un mayor rango de movimiento en las articulaciones, músculos, ligamentos y otras estructuras que soportan el cuerpo. La alta temperatura ayuda al buen funcionamiento de las células-T y del sistema inmunológico. Conforme avanzamos por las 26 asanas, el cuerpo comienza a calentarse y parece increíble cómo se estira, pero igual de increíble es la cantidad de sudor que secreta el cuerpo. El ambiente se va poniendo más y más caliente (200 cuerpos trabajando en verdad generan intenso calor). El agotamiento se va sintiendo, necesito aire fresco y, sin embargo, hay una fuerza interna que impide rendirme. A esta temperatura se ejercita completamente el sistema cardiovascular, además permite que el cuerpo queme grasa de manera más eficiente. Los músculos y el tejido conector se vuelven más elásticos y permiten mayor flexibilidad. Sudar ayuda a la desintoxicación y eliminación de toxinas a través de la piel. Me confieso una alumna menos que principiante y con asombro veo cómo maestros yoguis de todo el mundo, con sus cuerpos esculturales, se estiran lo impensable y tienen una fuerza digna de un campeón de gimnasia. Mientras tanto, yo lucho por no desfallecer y llegar con decoro hasta el final de este yoga-sauna. Practicar Bikram Yoga por 90 minutos equivale a correr 10 km, ir al gimnasio, tomar una clase de aerobics, recibir un masaje y un facial, ir al quiropráctico, meditar, ir a terapia, entrar a un Temazcal y, por supuesto, hacer yoga. Toda mi ropa está húmeda y de vez en vez tomo un trago de agua para no desfallecer. “¡Vamos!, no son tan afortunados para morir tan jóvenes”, dice el maestro Bikram Choudhury. Esto da, en cierta forma, fortaleza para seguir. “¿Cuándo acaba?”, dice una voz dentro de mí, pero “¿no te mata la curiosidad por ver cómo acaba (y cómo acabas)?” me susurra otra. Sigo entonces. Esta combinación de hatha yoga con intenso calor proporciona salud total a través del equilibrio y fortalecimiento de todos los sistemas del cuerpo. Quienes lo practican se cargan tanto de energía que no necesitan de muchas horas para dormir y sufren pocas enfermedades. Perdí la cuenta y no sé qué tan cerca o lejos estoy de la anhelada postura 26. La voz del maestro dicta sentarnos al estilo japonés (con los muslos sobre los talones) para hacer respiraciones; trato de introducir aire a los pulmones como nunca en la vida. Después nos recostamos en posición de cadáver (boca arriba), y como si fuese uno me comporto. Para finalizar, todos escuchamos una canción y relajamos el cuerpo. La clase ha concluido, pero la experiencia del Bikram yoga apenas comienza.
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