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“Me asusta el cambio climático”

El Universal

Miércoles 18 de julio de 2007

“Nadie sabe cuándo pasará ni cómo, pero es seguro que será una catástrofe”, dice Alexandra Cousteau

Alexandra Cousteau, nieta del reconocido investigador marino, dijo al diario español El Mundo que Earth Echo International se dedica básicamente a la comunicación y a la educación ambiental.

“Creemos que hay que seguir aprendiendo durante toda la vida y que cada día decidimos cómo actuar. Con nuestro trabajo queremos provocar la acción individual de cada persona en defensa del medio. Cada acto es importante, es la única manera de cambiar de fondo la situación”.

Sobre los efectos del cambio climático en los océanos, comentó que la atmósfera y los mares son inseparables. “El océano controla la atmósfera y viceversa. Así que algo ocurrirá aunque no se sabe cuándo ni cómo, lo que sí se sabe es que afectará las corrientes, los polos, la temperatura, el nivel del mar... será catastrófico. Me da mucho miedo. Y si pienso en las generaciones futuras, aún más”.

Otra de las actividades de la fundación ha sido la de filmar documentales para distribución internacional, tal como lo hacía su abuelo, quien obtuvo tres premios Oscar (The Silent World, The Golden Fish y World Without Sun).

La institución también tiene interesantes proyectos en Centroamérica. En entrevista para la revista española Tercera Mujer, Alexandra explicó su interés por esta región del planeta. “En Europa o Estados Unidos hay dinero, experiencia, recursos para salvar barcos, para pagarles a los guardacostas y para proteger santuarios. Hay programas de alternativas económicas para gente que no tiene recursos marinos. En Centroamérica, además de todo eso, faltan expertos en el tema que ayuden a las autoridades a tomar decisiones”.

En sus charlas insta a utilizar el transporte público, reciclar, utilizar productos biodegradables para que, poco a poco, se logre crear una gran montaña de contención contra la contaminación. “Puede parecer sacrificado, pero quiero ser parte de la solución”, comentó.

“Mi abuelo y mi padre eran dos genios, y seguir sus pasos es una deuda que tengo con ellos. Trabajaré para conseguirlo”.

Hogar sobre las aguas

El Calypso es una deuda pendiente de Alexandra Cousteau. Esta nave fue construida como un barredor de minas para la Segunda Guerra Mundial en 1943. Al finalizar el conflicto armado fue devuelto a la marina estadounidense y luego vendido en 1949 a Löel Guinness, quien a su vez lo cedió a Jacques Cousteau para emprender sus aventuras desde 1951.

Por 40 años fue el hogar del padre y abuelo de Alexandra hasta que se hundió en 1996 en Singapur al chocar con otra embarcación. Dada la importancia del navío, fue reflotado y llevado al puerto francés de La Rochelle, el objetivo era que formara parte del acervo del museo marítimo de la ciudad, lo cual aún no sucede.

Alexandra decidió entonces hacer algo al respecto y se reunió con Guinness. Ella le pidió que la dejara salvar el barco que tanto ama. Él accedió y en junio de 2002 firmó un contrato a 10 años con la joven, dándole plena autoridad para rescatar el navío.

Sin embargo, Francine Cousteau, la segunda esposa y viuda del “capitán”, impidió que Alexandra realizara el proyecto de recuperación del Calypso. Es más, como presidenta de Cousteau Society —fundación a cargo de las posesiones del famoso documentalista— logró que el nombre de la nieta no fuera relacionado con el de la embarcación.

El Cousteau mexicano

En nuestro país existió también un oceanógrafo, comunicólogo, investigador y ecologista, a quien apodaban “el Cousteau mexicano”. Ramón Bravo Prieto fue un hombre que vivió para el mar y un rendido admirador de los tiburones.

Fue multipremiado por sus trabajos periodísticos y de investigación científica.

Vivió y trabajó siempre enfrentando riesgos, buceando en zonas peligrosas y conviviendo con animales de cuidado. Paradójicamente, él murió en 1998 efectuando reparaciones domésticas, pues recibió una descarga eléctrica que le provocó un ataque al miocardio.

Trabajó con Televisa, el Canal 13 y Canal 11, además de que recibió importantes contratos con el prestigiado corporativo The National Geographic Society, así como de la Academia de las Ciencias de Roma, el Instituto de Investigaciones Oceanográficas de Cuba, Ornis Films de España, Pro Sport Video de Francia, Production Center West de California, y en varias ocasiones fue llamado por la Sociedad Cousteau para colaborar en la producción de documentales.



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