Los franceses Aurélien Guichard y Jacques Huclier tienen algo en común: ambos son narices, es decir, personas con un exquisito sentido del olfato, que son capaces de reconocer miles de bellos aromas diferentes y de mezclarlos para crear perfumes inolvidables.
Juntos lograron desarrollar Ricci Ricci, una nueva fragancia fresca, delicada y totalmente femenina, a la que incorporaron notas insólitas nunca antes usadas como la enigmática flor bella de noche y una pequeña planta llamada ruibarbo.
Se sabe que el trabajo en equipo suele tener algunas complicaciones, pero no fue así en este caso, en el que ambos perfumistas consiguieron una auténtica complicidad y lograron crear un perfume que podría convertirse en una leyenda para la casa Nina Ricci.
“En mi opinión la palabra equipo no es lo suficientemente fuerte. Es más como una pareja. Hay algo de intuición en la creación de una fragancia, tienes que entender al otro sin palabras. Como en cualquier proceso creativo, no puedes forzar las cosas, sino que la comunicación tiene que ser verdadera y fluida.
“Trabajar en pareja sólo vale la pena si no hay inconvenientes y no hay concesiones para la creación del perfume. Jacques y yo trabajamos muy bien juntos. Hay cosas que no puedes explicar y eso es lo grandioso de ser nariz, hay procesos que son únicos y misteriosos; crear un perfume es uno de ellos”, comenta Aurélien en entrevista.
“Es una experiencia maravillosa trabajar con otro perfumista. Cada uno de nosotros ha llevado su experiencia y su pasión para hacer esta fragancia acorde a los valores y la petición de la casa Ricci”, expresa, por su parte, Jacques.
Aurélien ama el olor de las maderas y las flores, las cuales quiso incorporar en esta nueva fragancia. Propuso rosa, tuberosa combinada con madera de sándalo y pachulí, para aportar una chispa de frescura al nuevo aroma.
Jacques, por su parte, gusta de la combinación única de esencias. “Me encanta poder tener olores distintos en las fragancias y por eso para esta nueva fragancia propuse ingredientes así”.
Trabajo a cuatro manos
Cada perfumista deja un poco de su personalidad y de sus experiencias de vida en cada una de las creaciones, pues con ellas busca dejar en el mundo un poco de sí mismo. Aurélien y Jacques no son la excepción con Ricci Ricci.
“Digámoslo de esta manera: nunca he desarrollado una fragancia de la cual no esté orgulloso”, advierte Aurélien.
“Hemos puesto mucho de nuestro gusto personal y mucho de lo que somos como personas. Esta nueva creación es el resultado de la unión de la obra de Jacques Huclier y la mía. Sin el otro nunca hubiéramos creado lo que es”.
“Crear es tan fabuloso”, interviene Jacques. “Es algo que empuja siempre mis ideas y me hace llevarlas al extremo. El desarrollo de cada fragancia es un proceso tan intenso que, no cabe duda, contiene mucha pasión”.
Aurélien se imagina a la mujer que use esta fragancia como “muy femenina, sensual y glamourosa”; Jacques, la recrea como la “que a un hombre le gustaría encontrar en cualquier lugar, porque deja un rastro olfativo inolvidable”.
Ambos creadores llegaron por caminos diferentes al universo de los aromas. Aurelién nació en Grasse, capital de perfumería. Su padre era perfumista; sus abuelos han cultivado toda la vida rosa centifolia y jazmín grandiflorum; sus primos son jóvenes perfumistas y también lo eran las generaciones anteriores de la gran familia Guichard .
El caso de Jacques es distinto. Él siempre ha hecho cosas distintas a las que acostumbra hacer su familia, la cual nunca antes había estado vinculada con el mundo de la perfumería; de hecho, comenta que se sorprendieron mucho en su casa cuando les dijo que quería convertirse en perfumista de profesión.
Aurélien estudió en la escuela de perfumería de Givaudan, empresa para la que actualmente trabaja. “Es una gran institución, diseñada para desarrollar a los perfumistas del futuro. Es un programa de tres años durante los cuales aprendes las técnicas necesarias para llegar a ser exclusivamente un nariz.
“Lo más difícil es cuando empiezas a conocer las diferentes esencias que existen. Es como aprender un nuevo lenguaje, el de los olores. Debes ser capaz de reconocer tres mil materias primas y debes hacerlo perfectamente, sin equivocación. Aprendiendo los ingredientes y las técnicas, te vuelves capaz, más tarde, de expresarte olfativamente.
“Tras graduarme, me incorporé al equipo de perfumería y, sólo ocho meses después, pude participar en la creación de Love in Paris”.
Jacques estudió en ISIPCA, el Instituto Internacional de Perfumería, ubicado en Versalles, Francia.
“Tuve la oportunidad de aprender con excelentes profesores. Lo más difícil fue distinguir algunas materias primas que están en el mismo perfil olfativo, así como encontrar la dosis correcta de ellas en las fragancias. Definitivamente, se necesita perseverancia.
“Al terminar la escuela, la empresa Givaudan me dio una posición en el laboratorio. Después de seis meses de colaborar ahí, llegué a ser trainee en perfumería y pude trabajar con excelentes perfumistas senior del mundo.
“Mi inspiración viene de algunas experiencias sorprendentes que me suceden. Trato de recolectar nuevas ideas olfativas en museos, ciudades, en la propia naturaleza, en las calles, en las recetas... Mi trabajo es adaptarlas a los proyectos más adecuados”, finalizó.