La cifra récord de 104.3 millones de dólares alcanzada esta semana por la escultura L´Homme qui marche I, del artista suizo Alberto Giacometti, sacudió los mercados del arte internacional tras un par de años de incertidumbre y especulación, a los que había precedido un periodo de compras desmesuradas, en el que la moda se había impuesto a la calidad.
La venta del miércoles en Londres mostró que, de nueva cuenta, hay millonarios que están dispuestos a quintuplicar el precio de salida de una pieza, pero también dejó claro que los compradores de arte están apostando por creadores consagrados -junto a Giacometti, Pablo Picasso y Henri Matisse protagonizaron las mayores adquisiciones de la noche en la prestigiada casa de subastas Sotheby’s-.
El arte de Giacometti, creado tras la Primera Guerra Mundial y en torno de la Segunda, es una expresión de la melancolía. Para algunos críticos, sus largas y solitarias esculturas evocan el sentido débil de la existencia, como si sus personajes sufrieran una constante amenaza de destrucción.
Con su obra surrealista, Giacometti representó la fragilidad del tiempo y el espacio en el ser humano, un contexto que no es ajeno al del hombre del siglo XXI, centuria que inició con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y que se ha visto marcada por una recesión económica sólo comparable con la de 1929.
En ese sentido, cobran vigencia las palabras del filósofo de origen catalán Ramón Xirau, publicadas en 1987 por la revista Vuelta, en el marco de la exposición de los Giacometti que se presentó en el extinto Centro Cultural / Arte Contemporáneo, de la Ciudad de México: “En la obra de Giacometti predomina el miserable solitario que es el hombre a quien se le han derrumbado los dioses, el hombre del siglo XX”.
La noche del escultor
En el catálogo de la casa Sotheby’s se anunciaba que la escultura L´Homme qui marche I tendría un precio inicial de entre 12 y 18 millones de libras. La pieza de bronce fue creada por el artista en 1961 y es considerada un icono de su obra por su tamaño a escala humana, 1.83 metros; era propiedad del alemán Commerzbank, que su vez la había adquirido al Dresdner Bank, el cual se vio obligado a ofertarla ante la grave crisis económica. En los últimos meses, el mundo del arte ha visto cómo los bancos y las universidades han tenido que recurrir a la venta de sus patrimonios artísticos para allegarse de recursos.
La puja de la noche del miércoles abrió en 12 millones de libras y subió hasta los 65 (74.1 millones de euros, 104.3 millones de dólares). Fueron sólo ocho minutos en los que, por obra y gracia de diez compradores -enlazados vía teléfonica, con el apoyo en la sala de asesores de la casa de subastas- se multiplicó el precio.
Giacometti ha sido protagonista de las subastas de los últimos años, pero nadie esperaba que el escultor suizo desbancara del tope de ventas al que fue su amigo y compañero del mundo artístico, Pablo Picasso. El español había impuesto récord de ventas en una subasta de la casa Sotheby’s en 2004 con la obra Garçon à la pipe (Muchacho con pipa), que fue adquirida entonces por 104.1 millones de dólares (existen otros récords de venta de arte que superan los 130 millones de dólares: son los casos de Jackson Pollock y Gustav Klimt, pero estas ventas no se hicieron en casas de subasta).
Ante estas cifras, resulta paradójico que Giacometti eligiera trabajar con bronce, un material económico. Esto evidencia que el valor del arte está más allá del precio de la materia prima.
Un redescubrimiento
Paralela a su presencia constante en las subastas, en los últimos años ha habido grandes muestras que revisan el arte de este creador, nacido en Borgonovo el 10 de octubre de 1901.
En 2009 sus obras se presentaron en la Fundación Beyeler de Riehen, Suiza; en 2008 se exhibieron en Holanda, en el Kunsthal Rotterdam y en el Museo de Arte Moderno de Louisiana, al norte de Copenhague; en 2007, en el Centro Pompidou. Estas muestras, sin duda, han impulsado las ventas.
La falsificación también ha rondado sus lienzos, pero sobre todo sus emblemáticas esculturas: tan sólo en Alemania, a finales del año pasado, alrededor de 100 piezas fueron incautadas cuando pretendían ser vendidas a precios muy elevados.
Ganador en 1962 del Gran Premio de Escultura de la Bienal de Venecia, desde la década de los 30 Giacometti fue considerado como uno de los grandes escultores de la historia. Con Pablo Picasso fue el creador del surrealismo en la escultura, trabajó a la par de otros artistas como Joan Miró y de los escritores Samuel Beckett, Jean-Paul Sartre, Paul Eluard y André Bretón.
Su presencia en las subastas internacionales en los últimos años ha sido constante: en mayo de 2008, en la casa Christie’s se había impuesto el récord para un Giacometti, con la escultura Grande femme debout I, un bronce de 1960, que fue adquirido por 27.4 millones de dólares, cuando lo estimado era alcanzar los 18 millones. Pero en mayo del año siguiente -y en medio de la crisis económica- la casa Sotheby’s no halló compradores para su escultura Le Chat.
La situación cambió -al ritmo de un relativo optimismo económico-: en la subasta de otoño, el pasado 9 de noviembre en Sotheby’s de Nueva York, otra obra de Giacometti, L´Homme qui chavire, se adjudicó por 19.3 millones de dólares, cuando su precio de salida estaba entre 8 y 12 millones. Sin embargo, esa cifra, y la de su récord anterior distan mucho de los 104.3 millones que esta semana, en una noche, se pagaron por una de sus obras.
Además del nombre del comprador -todo un misterio-, la transacción dejó otras preguntas: ¿quién sigue como rey de las subastas? ¿cuál será el precio máximo que se pagará por una obra de arte?