MADRID.— El evento más importante de la moda española llegó a su fin; sin embargo, se despide posicionando a Cibeles Madrid Fashion Week como sinónimo de calidad, propuesta y estilo.
Aunque la primera parte estuvo colmada de estilismos recargados y claras evocaciones a los 80, en la última etapa destacaron las colecciones elegantes y sutiles para primavera-verano 2010.
Lydia Delgado, Javier Larráinzar, Francis Montesinos, Antonio Alvarado –quien presentó un desfile con modelos agrupados como equipo de rugby–, Duyos y Andrés Sardá, entre otros, se erigieron en ejemplo de la diversidad que España ofrece en moda.
Un estilo definido, una plataforma sólida y propuestas interesantes son los componentes que hacen de la pasarela Cibeles un factor clave en el medio.
Los nuevos talentos convergen con las leyendas y ambos sectores reciben el apoyo de la crítica especializada y el público. El Ego –espacio creado para el desarrollo de noveles creadores– convive con la trayectoria de modistos como Elio Berhanyer, quien cumplió 80 años de edad, razón suficiente para celebrar con un desfile lleno de emotividad.
El creativo, quien en un principio pensó en dedicarse a la arquitectura, recibió una ovación de pie –homenaje que lo conmovió hasta las lágrimas– tras presentar una antología que hizo honor a la belleza. Estuvo acompañado por tops de la talla de Nieves Álvarez y Judit Mascó, quienes lucieron las creaciones más destacadas. Berhanyer dio muestra de por qué es un consentido de Cibeles.
Otro de los shows más esperados fue el de Ana Locking. La diseñadora abarrotó la sala para presentar la colección llamada Antídoto. Aunque el desfile buscó ser una bocanada de aire fresco para combatir la situación financiera mundial al unir la atemporalidad con la vanguardia –como en los trajes masculinos confeccionados en látex–, se esperaba una muestra más arriesgada.
Encanto español
Lemoniez, Kina Fernández, Roberto Torretta y Alma Aguilar, dieron cátedra de lo que debe conjuntar la pasarela: prendas atractivas y constante evolución.
Fernando Lemoniez mostró atuendos basados en un estilismo americano. Modelos que parecían dirigirse a una carrera de caballos, lucieron imponentes sombreros con vestidos de telas pesadas y lustrosas en tonos tierra. Ésta fue una muestra de que el diseño no tiene que ser excesivo para causar impacto.
La antología de Kina Fernández se valió de un look bohemio al estilo francés, para reflejar las cualidades de la temporada estival, sobre todo, a través de galas elaboradas en gasa y tonalidades verdes como la que lució la modelo Marina Peres, quien cerró la presentación.
Alma Aguilar realizó una oda al encanto de la mujer con una pasarela lila y un gran moño iluminado en luz neón rosa que dieron paso a un estilismo aniñado, pero sin llegar al extremo. Shorts sobre leggings con detalles de encaje, gabardinas con la orilla adornada de escarolas y minivestidos strapless –uno de los must en Cibeles, junto con los pantalones de pinzas y las prendas arquitectónicas– fueron sinónimo de buen gusto.
Una de las sorpresas más agradables de la jornada fue el trabajo realizado por Roberto Torretta, quien se decantó por la sencillez de la silueta, presentando delicados atuendos. Se aplaudieron las salidas de vestidos bordados, pantalones de cintura alta y blusas transparentes.
Sílfide de encanto
El casting de modelos de los 56 diseñadores presentados en Cibeles Madrid Fashion Week fue, indudablemente, un agente importante, a la altura de las mejores pasarelas internacionales.
Bellezas muy top, de gran porte y físico espectacular –la mayoría rebasaba el 1.75m de estatura– recorrieron una y otra vez el pasillo estelar, pero dando un giro diferente a cada exposición.
Una chica destacó entre las demás, ganándose la admiración de los asistentes por sus delicadas facciones y personalidad arrolladora. Se trata de Iris Strubegger, austriaca de nacimiento y una de las portadas más recientes de Vogue París.
Tras bambalinas, después de fungir como maniquí de Juan Duyos, Iris accedió a darnos una entrevista que develó su calidez, amabilidad y sencillez, algo que pocas veces puede admirarse en una representante del modelaje.
Iris desfiló en la semana de la moda de Nueva York para después viajar a Madrid. Fue su primera vez dentro de este festejo fashionista; no obstante, se mostró muy contenta con los resultados: “Estoy feliz de estar aquí. Todo ha estado muy bien organizado y tenemos tiempo suficiente para relajarnos entre un desfile y otro”, señaló la impresionante mujer de ojos color acqua.
La mayoría de los modistos la eligieron como maniquí, pero la belleza no es su único atractivo. Strubegger posee un halo de misterio y es dueña de un estilo diferente –lleva el pelo corto y rojo que por momentos, hace recordar a la camaleónica Linda Evangelista–.
“Me encanta tenerlo así, es más fácil y rápido para mí y para los estilistas. Lo que hago en la pasarela depende de cada diseñador, a veces tienes que ser más elegante y otras todo lo contrario; sin embargo, trato de mantenerme fiel a mí misma. Creo que necesitas mantener una actitud humilde”, explicó.
Iris se declaró fan del diseño ibérico, y mostró especial predilección por las prendas de Jesús del Pozo.
El triunfador
En efecto, las creaciones de Del Pozo representaron la cúspide de esta edición madrileña gracias a su propuesta sobria y moderna que dejó en claro que este creador no se duerme en sus laureles.
La pasarela se llevó a cabo dentro del grupo de exhibiciones en Off y tuvo como marco la Puerta de Toledo. La sobresaliente colección marca el 35 aniversario de la firma de alta moda. Además, contó con el toque de sorpresa real cuando por la puerta apareció la infanta Elena. La fiel seguidora de Jesús se mostró sencilla, tanto en su trato como en su vestuario, ya que portaba un cárdigan beige y pantalones rectos.
Por supuesto, los fotógrafos enloquecieron con su presencia; sin embargo, en cuanto comenzó el desfile, la belleza de las piezas únicas ideadas por Jesús borró cualquier dejo de distracción.
Para primavera-verano 2010, el modisto se inspira en una mujer sensual y romántica, valiéndose de tejidos rústicos como el algodón y el lino. También, contrasta las siluetas voluminosas con las prendas ceñidas al cuerpo.