“México y Japón viven un reencuentro cultural gracias a su arquitectura y, si bien tienen muchas diferencias entre sí, también comparten coincidencias”, fue parte del discurso que dio el arquitecto japonés Ryue Nishizawa, en su charla magistral con motivo de la inauguración de la exposición SANAA.
La exhibición, montada en el Museo de la Ciudad de México, tiene como objetivo mostrar uno de los conceptos arquitectónicos más innovadores del mundo, producto del trabajo de Nishizawa y su socia Kazuyo Sejima.
“Hace 14 años Sejima y yo fundamos nuestro despacho arquitectónico al que llamamos SANAA con la ambición de hacer construcciones más hermanadas con la naturaleza para que las edificaciones sean perdurables y funcionales”, continúo el arquitecto anfitrión.
La muestra lleva el mismo nombre del despacho, ya que presenta al público sus principales proyectos como el Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York y el Museo de Arte Contemporáneo del siglo XXI, de Kanazawa.
La retrospectiva de la arquitectura vanguardista japonesa se compone de 47 piezas, entre maquetas, planos, fotografías y videos que realizó Nishizawa en varios países y, especialmente, la del edificio Neruda que construirá a finales de este año en Guadalajara.
La transparencia visual y experimental, la exploración de las relaciones entre las actividades interiores y los espacios exteriores, la complementación con el entorno y su aprovechamiento como extensión del propio edificio son las características que distinguen a SANAA.
Arquitectura sustentable
Fue en 1609, cuando los primeros mexicanos visitaron Japón, maravillándose con su lengua, vestimenta y edificaciones. En cambio, la primera migración de japoneses a México, se dio en 1897, asentándose en el estado de Chiapas.
“El redescubrimiento entre las grandes civilizaciones de México y Japón, a 400 años de iniciadas sus relaciones, será la base para compartir un futuro promisorio. Una de las vías para ello es la arquitectura, en particular la de nuevas generaciones como la representada por los jóvenes Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa”, destacó el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.
Al respecto, el arquitecto japonés aludió: “Admiro mucho el trabajo de los creativos mexicanos, como las edificaciones de Luis Barragán y Teodoro González, pues tienen un significado más allá del uso cotidiano, además muestran su cultura y al mismo tiempo imponen vanguardia. Sus construcciones son verdaderas escuelas de arquitectura y uno nunca termina de aprender”.
Con gran sorpresa por los edificios de nuestro país, Nishizawa subrayó que la arquitectura contemporánea mexicana debe apostar por el ahorro de energía y el uso de materiales más nobles que no afecten el ambiente.
La exposición, que permanecerá abierta hasta noviembre, nació a raíz de la muestra que SANAA le organizó al mexicano Luis Barragán en Japón.
“Es importante dejar claro el papel fundamental que juega este intercambio de talento para la ciudad de México, pues su densidad poblacional obliga a reflexionar sobre el diseño y la imagen requerida para equilibrar y armonizar la construcción de edificaciones y recintos, con las necesidades básicas de los habitantes”, puntualizó uno de los representantes de la directiva del museo.
La secretaria de Cultura, Elena Cepeda de León, también encargada de inaugurar SANAA, expresó: “La exposición es un diálogo entre visiones originadas en entornos culturales y geográficos diferentes entre sí, pero con una premisa en común: la especulación de la arquitectura y el urbanismo sobre sí mismos”.
Por su parte, el secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Felipe Leal Fernández, ilustró la aportación del despacho nipón a la arquitectura internacional, como lo prueba el hecho de que sus edificios se han convertido en iconos de las grandes ciudades.
Consideró que su metodología de trabajo es un ejemplo para la arquitectura de hoy, pues la constante en sus obras es la austeridad, ligereza, ahorro energético y contacto con la naturaleza.
“Conscientes de que el arte de la construcción tiene una repercusión global y no sólo es un asunto privado, generan en sus edificios una dinámica equilibrada entre el interior y el exterior, fomentando la relación entre edificio y entorno, entre arquitectura y paisaje, concibiendo una atmósfera para la gente que camina por las calles”, concluyó.
Estilo icónico
SANAA ofrece la oportunidad de conocer y entender el papel de la arquitectura dentro del proceso de cambio de una ciudad. Por tal motivo, el Museo de la Ciudad de México consideró oportuno dedicar un espacio dentro de su calendario de exposición y presentar parte del trabajo realizado por estos innovadores de la arquitectura contemporánea.
“La construcción de un nuevo edificio o los trazos de un plano son igual de importantes para mí y todos son un reto que brindan satisfacción al verlos terminados y que me invitan a la reflexión de mejorar para iniciar una próxima aventura”, comentó Nishizawa.
Para finalizar su interesante ponencia, el artista japonés agregó que uno de sus recientes proyectos es el diseño y la construcción de un museo en su país de origen, para lo que él y su socia ya comenzaron a estudiar a detalle las características que presenta el terreno.
“Cada construcción es novedosa y debe tenerse en cuenta el entorno, sobre todo el factor espacio, ya que en la isla nipona, como en otros lugares, es un elemento escaso”, agregó.
SANAA tiene su sede en Tokio, Japón, y ha sido reconocido internacionalmente por la transparencia visual y experimental que presenta su arquitectura, así como por su exploración de las relaciones entre las actividades interiores y los espacios exteriores.
Sus últimas creaciones son el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York y el Serpentine Gallery Pavillion en Londres. Otros proyectos destacados en su amplia trayectoria son el Museo de Arte Contemporáneo de Sydney, en 1997 y el Proyecto Centro Comunitario Rolex en Lausana, Suiza, en 2005.
Han recibido diversos reconocimientos, entre ellos se enlistan: Premio Yoshioka (1999); Premio en Arquitectura Residencial, Asociación de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Tokio (2001); Premio del Instituto de Arquitectura de Japón (2006); Premio Mario Pani, Ciudad de México y Premio de las Artes de Berlín, Alemania.
“A mi trabajo podría describirlo como coherente, coherente y coherente, pues siempre estoy haciendo lo mismo, planear, trazar, construir y darle vida a un espacio que habitarán ciertas personas en algún momento. Por mi cabeza nunca deja de pasar la idea de cómo crear una relación entre el interior y el exterior…”, explicó entusiasta, Nishizawa.