Desde hace siglos la infidelidad ha sido un tema difícil para la sociedad.
¿Bueno? ¿Malo? ¿Qué es, después de todo? la respuesta depende de cada cultura y casi se puede decir que de cada persona; el asunto es que, a pesar de su antigüedad, no deja de ser un tema de actualidad, y por lo menos en alguna ocasión, todos hemos presenciado o vivido un caso.
Este tema ha sido fuente de inspiración para la pluma de la periodista Yazmín Alessandrini, quien ha vertido su sorprendente punto de vista en las páginas de Exclusivo para hombres pero que les interesa a las mujeres.
Sin duda, un texto polémico que sostiene la tesis de que la infidelidad no es una causa de separación en las parejas, al contrario, asegura que ayuda a que se preserven los matrimonios.
“A lo largo de los años he escuchado las experiencias de mis lectores, y presenciado de cerca muchas de estas situaciones, y he llegado a la conclusión de que la infidelidad trae consigo una serie de consecuencias que llegan incluso a estabilizar relaciones y matrimonios que se daban por perdidos”, subraya la autora.
Ola de sentimientos
Según Alessandrini, una de las principales causas, sino es que la primera del engaño matrimonial es el descuido que la mujer le tiene al marido, provocado por la llegada de los hijos y, con ellos, de más obligaciones y responsabilidades.
“Sin saberlo, ella es la primera en sembrar la semillita de la infidelidad, y se encarga día a día de regarla y cuidarla con base en su olvido y despreocupación por su pareja, quien resignado, se convierte en una máquina que vive para trabajar.
Es entonces cuando el hombre empieza a poner su mirada en alguien que le sonríe, lo saluda por la mañana con entusiasmo, huele bien, se arregla para verse linda y, sobre todo, lo escucha, trata de comprenderlo y de darle sus mejores consejos”, destaca la periodista.
Así, la semilla se convierte en una planta. Los caballeros empiezan a arreglarse más de la cuenta, se interesan por su peso y vuelven a sentirse atractivos.
“Comenzó y no hay marcha atrás, y si bien el hombre busca en otra mujer lo que la suya ya no le da, también se hace algunas de estas preguntas: ¿cómo tirar a la basura los años de matrimonio?, ¿cómo reaccionarían los hijos si lo supieran?, ¿en verdad estoy enamorado o es un refugio?, ¿extraño a mi esposa?
Es entonces que, según la autora, empieza a valorar su matrimonio y se vuelve más condescendiente, refuerza su tolerancia y ve las complicaciones de su relación extramarital desde un plano objetivo”, dice Alessandrini.
Con ello el esposo pone en una balanza el amor que le tiene a la madre de sus hijos, a la mujer con la que decidió compartir su vida y la emoción de sentirse importante para alguien por un tiempo.
Y al final se inclinará por su matrimonio, es por ello que muchas de las veces, cuando las amantes les piden que dejen a su mujer, no lo hacen.
“No es cuestión de aprobar dicha conducta, sino de asegurar que los hechos demuestran que, en continuas ocasiones, este acto de traición trae consigo beneficios al matrimonio”, agrega.
Por ello, Alessandrini recomienda a las esposas tomar sus precauciones y detectar a tiempo los focos rojos.
En pausas
Otro de los temas que la autora toca en su libro es los matrimonios temporales, la idea es que el matrimonio tenga fecha de caducidad, para evitar el divorcio que trae consigo el derrumbe emocional de los cónyuges y de los hijos.
“Hoy los fracasos matrimoniales son comunes, causados por una larga lista de factores sociales, económicos y sentimentales, y los solteros ya no quieren casarse ni de chiste. Mi pregunta es: ¿no sería mejor casarse en pausas? ¿por qué no tomar la propuesta de la legisladora alemana Gabrielle Pauli, quien presentó en su país una iniciativa de ley para que los matrimonios sean cortos y se vayan refrendando según la evolución de la relación y el amor?”, comenta la periodista.
Esta especie de reality matrimonial consiste en una especie de ensayo de dos años, el tiempo suficiente para que la pareja evalúe si vale la pena reafirmar su cariño y tolerancia o de plano se separan.
“Con esta propuesta se ahorrarían los juzgados, los gritos y malos momentos, los elevados honorarios de los abogados, pero sobre todo, los traumas y las huellas permanentes que quedan en las parejas por algo que no logró madurar.
“Además están los hijos, que no tienen la culpa, pero que la terminan pagando. Las consecuencias suelen ser terribles, pueden crecer como hombres violentos que repiten patrones o terminar en una casa hogar porque los padres no llegan a un acuerdo legal”, concluye.