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Desde el momento en que empieza la gestación de un bebé, el cuerpo de la mujer comienza a registrar una serie de cambios naturales, tanto físicos como psicológicos, que muchas veces resultan incómodos y estresantes.
Es importante que durante esta etapa la madre reciba cuidados especiales para que lleve un embarazo saludable, ya que se esto se reflejará en el parto y en la calidad de vida del pequeño.
Las mamás deben sentirse cómodas y felices, pues todos sus sentimientos y emociones se transmiten al bebé.
Así que, si estás en espera de la cigüeña, te recomendamos que pruebes los masajes prenatales de relajación, que colaborarán a que lleves el mejor embarazo posible.
LOS BENEFICIOS
La terapeuta sico-corporal Leticia Román, en entrevista, nos platicó que las madres que se someten a estos masajes tienen un mejor parto y sus hijos crecen más sanos, física y emocionalmente.
Los principales beneficios del masaje prenatal son:
• La relajación de los músculos de todo el cuerpo, principalmente de la pelvis y la cadera, para permitir una mayor elasticidad, lo que hará que el parto sea menos doloroso.
• La reducción de estados anímicos como depresión, miedo o ansiedad.
• El alivio de los malestares relacionados con la mala postura o el aumento de peso.
• La estabilización de la presión arterial, evitando el posterior desarrollo de la preclampsia (es la hipertensión durante el embarazo, asociada a elevados niveles de proteína en la orina).
• La eliminación de la fatiga gracias a la inyección de energía positiva.
• El eficaz funcionamiento del sistema circulatorio.
• Combate el insomnio, logrando un descanso adecuado.
• Y el beneficio más importante: es un gran encuentro afectivo entre la madre y el bebé.
LA TÉCNICA
Es importante que en el lugar en el que se realiza la sesión se genere un ambiente óptimo, considerando la comodidad, privacidad y la ausencia de ruidos distractores.
Se puede poner música instrumental o sonidos naturales, para que la atmósfera sea todavía más relajante.
La terapeuta Román recomienda tener cerca un pequeño altar en el que se conjunten los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, pues, de acuerdo con ella, desprenderán su energía durante el masaje.
La primera posición consiste en colocar a la mamá de lado, con ayuda de almohadas en las que descansa el vientre para comenzar con suaves movimientos relajando la cara, cuello, espalda, brazos, pecho, caderas, piernas y pies.
Posteriormente se cambia de lado, repitiendo el mismo proceso y se termina con la posición boca arriba centrando el masaje hacia el vientre.
Los movimientos en la pancita deben ser circulares, con las yemas de los dedos y sin ejercer presión. Se pueden utilizar aceites o esencias relajantes. La sesión dura casi una hora y se recomienda realizarla dos veces por semana.