El Museo de las Artes Decorativas de París dedica su gran exposición estival a Valentino, el modisto de Hollywood y de algunas de las más elegantes e internacionales millonarias y aristócratas del mundo, quien dejó las pasarelas en enero.
A sus 76 años, este artista en plena “cura de desintoxicación de la moda”, de la urgencia frenética de preparar colección tras colección, según su amigo y fiel colaborador Giancarlo Giammetti, no ha cesado, en cambio, toda actividad.
Valentino Clemente Ludovico Garavani, más conocido, simplemente, como Valentino, cerró sus 48 años de carrera en enero pasado, tras haber engalanado a artistas como Elizabeth Taylor, Monica Vitti, Sofía Loren, Audrey Hepburn o Sharon Stone e impregnado de elegancia intemporal la indumentaria femenina.
Da fe de ello esta retrospectiva homenaje, inspirada en los “temas y variaciones” de su arte, declinado, hasta el próximo 21 de septiem-bre en 225 históricos modelos y en un “libro”, más que un catálogo.
Para celebrar la muestra, convocó en París a amigos y admiradores como la actriz Marisa Berenson, la modelo Claudia Schiffer o Carlota Casiraghi.
En el museo parisiense, situado entre el Louvre y el jardín de las Tullerías, su trabajo puede contemplarse ahora bajo todas sus costuras, mucho más en detalle que en un fugaz desfile.
En el Museo de las Artes Decorativas, Valentino “es el creador de moda inscrito en la historia de la alta costura como incontestable embajador de la elegancia”, con siluetas que “alían la gracia soberana a un aspecto intemporal”.
Durante casi medio siglo de carrera celebérrima, siempre al día y sin abandonar su vocabulario personal; impregnado de actualidad pero lejos de toda dictadura, el modisto reconstruyó sin cesar sus modelos favoritos en diferentes versiones.
Lo subraya el título de la muestra —Valentino, temas y variaciones— y se puede intuir al contemplar el cartel elegido para anunciarla: un vestido rosa de noche con sinuosa capa de ondulaciones plisadas y drapeadas, fruto de la colección para el otoño-invierno 2007-2008.
Un diseño, apto sólo para ocasiones especiales, con las que soñaba el joven Valentino y en las que se inició recién diplomado junto a Jean Dessès, carismático modisto de aristocráticas clientas que organizaba desfiles de caridad para el armador griego Aristóteles Onassis y presididos por la reina Federica de Grecia.
Circunstancias especiales como las que en 1968 le dieron todo su resplandor internacional, cuando la mediática ex primera dama de Estados Unidos Jacqueline Kennedy eligió entre su famosa “colección blanca” el vestido de novia que le convirtió en la más elegante millonaria del mundo.
Previamente, la futura señora Onassis había encargado al modisto el guardarropa completo con el que rompió el luto por su primer marido, el asesinado presidente John F. Kennedy.
Era el año 1964, sólo un lustro después de que Valentino, con la ayuda de sus padres, hubiese abierto su propia firma de costura en el centro de Roma y lanzado, desde su primera colección, en 1959, ese rojo ardiente, sanguíneo, vivo y apasionado que durante casi 50 años fue su firma.
El mismo rojo que cerró su último desfile y que, recuerdan los especialistas del Museo, Valentino descubrió en Barcelona, cuando era adolescente. Más precisamente en el palco de la ópera, “maravillado ante las mujeres sentadas, formando una especie de cesta de flores rojas”. (EFE)