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Para Daniel Liebsohn, coleccionar objetos ha sido su pasatiempo favorito desde que era niño. A los ocho años de edad comenzó con relojes de bolsillo. Logró reunir, entre estas piezas que databan del siglo XVIII, desde algunos únicos y muy antiguos hasta otros muy sencillos pero muy bellos, sin embargo, todos constituían para él un muy apreciado tesoro.
Con el paso del tiempo convirtió a esta costumbre en toda una profesión, que lo ha llevado a ser uno de los más reconocidos anticuarios y coleccionistas de nuestro país.
De la misma forma se han ido incrementando sus conocimientos acerca del arte plástico, muebles y objetos antiguos.
“Influyó en mí el que nací y crecí en un ámbito familiar donde siempre existió el arte.
Todos los niños jugaban con cochecitos y yo con carcachitas. Mis padres me llevaban al barrio de la Lagunilla y me dejaban solo para que pudiera escoger los objetos que más me llamaban la atención. Todo mundo me conocía. Los relojes fueron mi primer colección, llegue a tener hasta 40, era una recopilación importante para un niño de mi edad”, comenta Liebsohn.
Actualmente, estrena una nueva galería ubicada en la colonia Roma, la cual lleva su nombre y tiene en exhibición una muestra de juguetes antiguos que lleva por título Juego de tiempos, la cual, tiene como objetivo, entre otros fines, el apoyar a la fundación Niños en alegría, presidida por Alejandra Alemán.
Un mundo de sueños
En conjunto con los curadores invitados Bárbara Berger y Alexandre Lemaire, presenta esta exposición hasta finales del mes septiembre en la que podemos descubrir todo un mundo de fantasía en la que se involucra cierto humor negro, magia y color.
“Son 200 piezas, desde títeres de la colección Bravo Reyes; indumentaria y títeres de artes escénicas; otros de la colección de Rosete Aranda, el titiritero más reconocido en México en el siglo XIX y principios del XX; carritos victorianos de finales del siglo XIX y cocinas americanas miniatura de los años 40, entre otras piezas”, describe.
Asegura que los juguetes expresan sensaciones que hay que saber comprender, “retratan a toda una sociedad y sus anhelos”. Añadió: “El chiste de la muestra era hacer algo que estuviera ligado a la niñez y al coleccionismo, y a su vez, promover esta afición en niños y adultos. Los niños son coleccionistas por naturaleza, pero es algo que no sigues fomentando”, afirma.