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Madame Coco Chanel, quien vivía en París, alguna vez confesó a sus amigos: “Todo lo que me gusta está al otro lado del mar”. Gabrielle se refería a Londres, la ciudad de la lluvia, los días grises, abrigos, gabardinas y sombreros, de un estilo de vida flemático y elegante, la urbe del otoño-invierno (y también el hogar del duque de Westminster y del Capitán Arthur Edward “Boy” Capel, jugador de polo, dos de sus grandes amores).
Por ello a Karl Lagerfeld se le ocurrió crear una colección intermedia (que no coincide con ninguna semana de la moda) que honrara lo inglés, desde las bolsas adornadas con la bandera, hasta las cruces góticas que adornan las prendas para él y para ella, imponiendo una mínima huella de color en los atuendos negros y grises, en su mayoría. Pero sin perder, claro, la esencia parisina de la capital de la moda.
Satines y terciopelos, lanas y brocados, el inconfundible saco de tweed de Chanel llevado a un largo que nunca había conocido, muy a la inglesa, inspirado en las imprescindibles gabardinas para la ciudad nublada.
Esta colección anual es pensada por el diseñador alemán para resaltar el trabajo de artesanos especialistas que tienen una participación destacada en la casa de modas. Son 7 personajes que, desde 2002, cuando comenzó esta costumbre, se reunen para crear piezas artísticas, colecciones irrepetibles llamadas a sentar precedente en la moda.
Para Paris-Londres se eligieron los mejores bordadores, costureros, zapateros y accesoristas, quienes imprimieron un sello de perfección a cada una de las prendas presentadas. En palabras de Claudia Schiffer “una colección con todo lo roquero británico y el chic francés”.
Una pasarela musicalizada por Sean Lennon y la ex top y ahora cantante Irina Lazareanu, en la que las modelos lucieron peinados inspirados en una jovencísima Briggite Bardot, pero también en la enfant terrible del rock británico, Amy Winehouse. La referencia a esta chica involucrada en escándalos de drogas subraya la devoción de Lagerfeld por las “almas perdidas”.
Y como piezas principales, los accesorios dorados: el guante al estilo Lagerfeld, que no termina de cubrir la mano pero la adorna con suma elegancia; la pechera de plumas de hoja de oro y la pluma del mismo material para adornar el pelo.
Cuando se presentó la pasarela en el salón Phillips de Pury, en Londres, se fijó una fecha clave: se trataba de la misma del primer desfile de la firma en toda su historia. En primera fila, absortas, las consentidas de Karl: Charlotte Casiraghi, la Schiffer, Kate Moss. Sobre el paso de gatos, Agyness (Agnes Deyn) imprimiendo el ritmo de su caminar a la cadencia de las telas. Para rematar, por si alguien no se había detenido a pensar en el genio del Kaiser, fotos que él mismo realizó de su creaciones.