La casa que le entregó Donald Trump a Ivana, era de color rosa flamenco, fue construida en 1927 en estilo morisco y tiene 118 habitaciones.
Del matrimonio nacieron tres hijos: Donald Jr., Ivanka y Eric.
El magnate se benefició del carácter y la iniciativa de su mujer. Ella se convirtió en la vicepresidenta de Diseño de la Torre Trump, en la máxima autoridad en el Hotel Taj Mahal y en presidenta del Casino en Atlantic City, Nueva Jersey.
Trump le pidió también que supervisara la restauración de otra de sus propiedades, el Hotel Plaza, y le asignó la presidencia del mismo. Por su trabajo en este inmueble, Ivana fue nombrada en 1990 “la hotelera del año”.
Pero... los millonarios no suelen ser fieles. Un buen día apareció la aspirante a actriz Marla Maples en la vida de Donald. Dos meses después, la rubia checa decidió las condiciones del divorcio, que ocurrió en 1992.
Hablando en cifras: el magnate tuvo que pagar a su esposa 25 millones de dólares (más de 275 millones de pesos); diez de ellos en efectivo.
Ivana Trump pasó a ser considerada el paradigma de la mujer abandonada que se reconstruye a sí misma. Junto con su orgullo, levantó su propio imperio financiero en los terrenos de la moda, las fragancias, las joyas y los libros de superación personal, como Haz frente al divorcio y disfruta la vida de nuevo. Además, hizo un cameo en la película Las primeras esposas y pronunció una frase inmortal: “Remember girls, don’t get mad, get everything” (algo así como “y recuerden, chicas, no se enojen, ¡quédense con todo!”).
Y el corazón… también lo reconstruyó con la ayuda de dos italianos: Ricardo Mazzucchelli, cuya relación apenas duró 22 meses; y Roffredo Gaetania di Laurenzana dell’Aquila d’Aragona Lovatelli, un largo nombre para uno de los magnates de Ferrari, a quien conoció en el romántico y glamouroso Baile de la Cruz Roja, de Mónaco. Este romance tampoco prosperó.
Veremos qué sucede con Rossano Rubicondi.
Una treintañera seductora
Hasta 1999, Wendi Deng fue una mujer oriental común y corriente: no muy alta, esbelta, de pómulos pronunciados y ojos rasgados; cabello corto, vestuario de tienda barata.
Por ese entonces era una de las decenas de empleadas del conglomerado empresarial de Rupert Murdoch (director y principal accionista de la corporación dueña de los periódicos The Sun y The Times y las cadenas vía satélite Fox y Sky y últimamente, el mandamás también del grupo editorial Dow Jones y de New York Post).
En 1999, él, ya con 68 años, abandonó a su segunda esposa, Anna Torv, con quien había convivido 32 años, para casarse con Wendi. Incidentalmente, Anna también había sido empleada de la empresa de Murdoch.
Ahora, Wendi no se parece nada a lo que fue: dejó crecer su cabello —y su poder—; las fabulosas joyas y los vestidos de diseñador que luce le han dado un aura de glamour. Un avance increíble para una chica a quien su padre metió a trabajar, casi niña, en una fábrica. Más adelante, ella comenzó a estudiar medicina.
En la biografía de Wendi se registra que nació en China en 1969 y que tuvo una infancia austera. Que cuando tenía sólo 18 años conoció en Hong Kong a Jake y Joyce Cherry, un matrimonio que la ayudó para que se fuera a vivir a Estados Unidos y estudiar en la Universidad de California, aunque finalmente terminó en Yale.
Enamorado de ella, Jake abandonó a su esposa por la joven asiática, pero ella lo cambió pronto por un veinteañero. Aun así, no aceptó divorciarse de Jake sino hasta que obtuvo su “green card” o carta de residencia. Como sea, la joven Deng, que en 1996 fue becaria de Star TV en Hong Kong, estudió una maestría en la prestigiosa universidad de Yale.
Hace poco, Rupert Murdoch no dudó en frenar la publicación de un perfil sobre ella en la revista dominical de The Sydney Morning Herald.
El autor del texto, Eric Ellis, había seguido el rastro de Wendi por Londres, Nueva York, Los Ángeles y Xuzhou, el pueblo de la provincia china de Jiangsu en el que Deng nació y pasó su infancia.
Wendi Deng, que tiene dos hijas con Rupert Murdoch, Grace y Chloe, de 3 y 2 años, y una enorme influencia sobre él, enfrenta una lucha interna en la familia Murdoch, cuya fortuna se calcula en 6 mil millones de dólares (más de 60 mil millones de pesos).
Los hijos mayores del magnate desean hacer valer sus intereses financieros, excluyéndola. Por ahora, Wendi dirige la empresa que proporciona soporte y licencia a MySpace en China.
Con el más rico de Australia
La modelo y cantante Erica Baxter completa el trío de mujeres casadas con hombres inmensamente ricos. En junio pasado festejó su matrimonio con James Packer, magnate de los medios y el juego en Australia.
La exclusivísima ceremonia civil se realizó en Francia, tras la cual se celebró un banquete cuajado de famosos en la Riviera francesa.
Los medios australianos informaron que el costo de la boda y de los tres días de fiesta para más de 100 invitados ascendió a 6 millones de dólares australianos (cerca de 56 millones de pesos). Pero esto no significó nada para Packer, de 39 años: su fortuna alcanza los 5 mil 500 millones de dólares (más de 60 mil 500 millones de pesos).
James Packer tiene entre sus mejores amigos al actor Tom Cruise. Es hijo de Kerry Packer, considerado el hombre más rico de Australia y controla varios canales de televisión, periódicos, revistas, así como el Crown Casino de Melbourne.
Por su parte, Erika Baxter, que no destacaba ni como cantante ni como modelo, ahora se codea con estrellas de Hollywood y ya grabó su primer álbum con una de las mejores disqueras, Sony BMG.