En diciembre de 1922, una joven de 15 años le daba el pésame por escrito, debido a la muerte de su padre, a quien sería uno de los grandes amores de su vida. Ella vivía en la Villa de Coyoacán y él en la colonia San Rafael. Ella firmaba como Frieda, que en realidad era Frida, y él se llamaba Alejandro.Esto bien podría ser el inicio de cualquier historia amorosa de los años 20, pero si agregamos los apellidos Kahlo Calderón y Gómez Arias, entramos a la vida privada de una de las artistas mexicanas más importantes del México contemporáneo.
En ese entonces, las distancias no se recorrían en minutos: los carteros eran los emisarios de las penas y las alegrías de esta ciudad que despertaba de un episodio revolucionario.
Frida Kahlo y Alejandro Gómez Arias coincidieron en los pasillos de la Escuela Nacional Preparatoria —hoy museo de San Ildefonso—. Poco a poco se fueron relacionando hasta que ella se integró al grupo de Los Cachuchas (José Gómez Robleda, Miguel N. Lira, Ernestina Martín, Agustín Lira, Carmen Jaimes, entre otros.)
En las Escrituras de Frida Kahlo (Lumen, 2007), compiladas por la crítica de arte Raquel Tibol, está el testimonio de un amor juvenil subrayado por la ternura, la sinceridad y la desolación. Algunas de las cartas enviadas a Gómez Arias (durante seis años) son la crónica de una vida “triste” en espera de noticias suyas. Otras son el medio para concertar citas con el destinatario, ya sea en una biblioteca, en la escuela o en uno de los conventos aledaños a la preparatoria.
El accidente en tranvía (17 de septiembre de 1925) no sólo le ocasionó dolores físicos a la artista, también morales: su imposibilidad para andar extinguió los encuentros fugaces con Alejandro. A lo anterior, también se suma que él decidió viajar a Europa. Mientras a ella le dolía la vida, con la pluma en la mano suplicaba: “Alex, ven pronto, lo más pronto que puedas, no seas malo con tu chamaca que tanto te quiere” o “Dime si ya no me amas, Alex, te amo aunque tú no me quieras ni como a una pulga”.
Fueron tres años de un amor confeso en cartas y poco correspondido.