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Pan para celebrar la epifanía

Los orígenes de la rosca se remontan a las fiestas romanas dedicadas a Saturno, cuando se elaboraban bizcochos con higos, dátiles y miel; para la Edad Media, la tradición era plenamente adoptada por el cristianismo
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El Universal
Viernes 05 de enero de 2007

D esde mediados de diciembre, el maestro Víctor Gomar y su equipo de ayudantes se consagra a la elaboración de más de un millar de roscas que, para el día de hoy, habrán sido distribuidas a incontables empresas que las emplean en promociones al público.

Hace algunos años, Víctor Gomar fue uno de los coordinadores de la rosca monumental que se elaboró en el Centro Histórico de la Ciudad de México y que abarcó la plancha del zócalo y la calle de Pino Suárez.

"La rosca es una tradición muy bonita para mí, porque nos ayuda a enseñar a nuestros hijos a ser un pueblo alegre", dice el maestro panadero.

Bizcocho de larga historia

El rastreo de los orígenes de la sabrosa tradición culinaria del 6 de enero se remonta a las fiestas romanas dedicadas al dios Saturno, cuando se elaboraban unos bizcochos redondos con higos, dátiles y miel, que se repartían por igual a plebeyos y esclavos.

Para la Edad Media, la tradición estaba plenamente adoptada por el cristianismo, que la convirtió en la principal de sus fiestas de Epifanía (palabra griega que significa "la apariecia; un fenómeno milagroso"), para celebrar el hecho de que Jesús tomara una presencia humana en la tierra. Según la Biblia, el Salvador se manifestó ante diferentes personas y en diferentes momentos, pero el mundo cristiano celebra como epifanías tres de ellos: la Epifanía ante los Reyes Magos, el 6 de enero; la Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán y la Epifanía a sus discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Canáan de Galilea.

En Francia, en el día conocido como de los Reyes Magos, la familia se reunía en torno a una rosca de pan dulce cuyo interior resguardaba un haba; ésta simbolizaba al pequeño Jesús escondido de las huestes del gobernante Herodes.

Felipe V importó a España esta tradición. En ese país, la rosca llevaba un decorado de frutas escarchadas y, en su interior, una sorpresa, a veces de gran valor, como una alhaja.

La celebración fue traída a nuestro territorio por los misioneros españoles. Se cuenta que antaño se elegía a un "padrino" del Niño Jesús, que era coronado en una velada conocida como "el Baile de los Compadres". Con el tiempo, esa tradición fue sustituida por la que actualmente se sigue, de que quien saca un muñeco de la rosca debe ofrecer tamales el 2 de febrero, Día de la Candelaria.

Esta fecha marca el fin de la cuarentena de la Virgen María y el fin de las festividades navideñas.

En estos tiempos, "como nuestra economía ha ido hacia abajo, ahora se colocan varios muñecos, según el tamaño de la rosca, para repartirse el gasto de la tamaliza", explica el maestro Víctor Gomar, mientras el horno del taller de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora exhala un delicioso aroma.

El reposo de los Reyes Magos

Según la Wikipedia, la leyenda cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás halló a Melchor, Gaspar y Baltasar en Saba (nación que según los arqueólogos ocupaba los actuales territorios de Yemen y Etiopía).

Los tres sabios fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Después, sus restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena. En el siglo XII, Federico I Barbarroja, los trasladó a Colonia, en cuya catedral reposan hoy, con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia.



 

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