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Un privilegio apellidarse Juárez A ellos los educaron para conocer y defender en cualquier momento la figura de este gran personaje
Los juaristas de hueso colorado son los cuatro tataranietos antes mencionados, Isabel Ovañanos Buch, Delfín Sánchez Juárez Lazo, Juan Ignacio y Pablo Sánchez Juárez, Cristina Moreno Sánchez Juárez, Leonardo Obregón Santacilia e Irma, Teresa y Karina Obregón, entre otros. -¿Hasta qué generación viven todavía? - preguntamos a Andrés Sánchez Juárez -Los Sánchez Juárez llegamos a la sexta generación. Tengo 11 nietos, la más chica es una niña de cinco años. Empresario, a punto de retirarse, los negocios de Andrés están relacionados con la industria química, la construcción y bienes raíces. Orgulloso de su origen, dice que ser descendiente directo de Juárez para él representa un privilegio. "Yo no hice nada para ser parte de esta familia. Fui educado desde niño como juarista. Mis padrinos eran los padres de mi primo Carlos Obregón. A todos nos prepararon para conocer y defender en cualquier momento la figura de este gran patriota". Los tataranietos y choznos de Juárez recuerdan especialmente su educación en escuelas católicas, donde el ex presidente de México no siempre era muy querido. "Ahora nos damos cuenta de que nuestros maestros no aceptaban a Juárez no por mala intención, sino debido a su poca información, pues él era católico; prueba de ello es que todos los domingos, a las 12 del día, cruzaba de Palacio Nacional a Catedral para ir a misa. En la charla intervienen todos los presentes, cada quien nos da su opinión y comparte anécdotas. Es el momento en que el arquitecto Obregón, tataranieto de Manuela Juárez, esposa de Pedro Santacilia, quien fuera secretario particular de Juárez, dice: "En realidad el anticlerical era mi antepasado, Pedro Santacilia. Mi abuela me contaba que cuando fue a pedir la mano de su madre, Manuela, le dijo a Juárez: ´Queremos firmar nuestro matrimonio´. Ante esta afirmación Juárez le respondió: ´Sí, muy bien, pero ¿dónde va a ser la ceremonia religiosa?´. Pedro le contestó que no habría boda por la iglesia. ´Por supuesto que la habrá´, replicó Juárez definitivo. ´O se casan por la Iglesia o no se casan. Mi hija no sale de aquí si no pasa por la sacristía de una Iglesia católica´". -¿Cómo ha influido en su vida el hecho de su parentesco directo con Juárez? - De niños todo el tiempo estábamos defendiéndonos de los maristas. Cuando se empezaba a hablar de historia de México ¡a sufrir! Mi papá, quien fue el descendiente directo de Juárez, siempre nos aconsejó defender y mantener la idea verdadera de lo relacionado con la Iglesia y el Estado en la época del juarismo. También desde pequeños nos llevaron a todos los eventos: festejo del natalicio, aniversario luctuoso, y hasta hoy, año con año estamos presentes. -Qué objetos conservan de don Benito? -Hemos donado casi todo, dice Carmen Sánchez Juárez , desde el bastón con el que caminaba hasta cuadros importantes. Todos los que estamos presentes, que somos la quinta generación, hasta la segunda, que yo recuerde, donaron todo. Estos objetos están en el Recinto de Homenaje a Juárez, en Palacio Nacional. Llama la atención que muchos de los descendientes de Benito Juárez no tengan rasgos indígenas, la razón, según Pablo Sánchez Juárez, es que tres de las hijas del Benemérito, Manuela, Felícitas y María de Jesús se casaron con españoles o hijos de españoles. "Felicitas Juárez, quien aparece en las pocas pinturas que aún conservamos, se casó con Delfín Sánchez Ramos, quien llegó de España. El tío Delfín, quien era gente de alcurnia en su tierra, se vino a trabajar a México. Meses después arribó a este país su hermano menor, José. En un evento social conocieron a dos de las hijas de Juárez, las gemelas Delfina y María de Jesús, y después de meses de frecuentarse, se casaron los dos hermanos con las dos hermanas. Hay otro dato curioso en la vida de Juárez, que cuenta su chozno, Leonardo Obregón Santacilia, propietario de la ganadería San Juan Pan de Arriba, ubicada en el estado de México. "Existe la creencia de que Juárez prohibió las corridas de toros, pero eso no es cierto. Según un documento que en la actualidad se encuentra en la ganadería de Atenco, por el momento político y social que se vivía en aquella época, el gobierno prohibió los eventos donde se reuniera mucha gente, y a las corridas asistía gran parte de la sociedad mexicana". Leonardo, sobrino del arquitecto Carlos Obregón, se dedica a la reforestación urbana y diseño de jardines. Interviene Cristina y nos relata una de las anécdotas que le contaba su abuelo sobre Juárez. "Yo adoré a Juárez a través de mi abuelo, quien era su nieto. Él vivió la época de la Revolución y cuando era niña me contaba que en alguna ocasión lo agarraron preso y que al llegar al cuartel donde lo encarcelarían entró con el sombrero puesto al despacho del comandante. Al verlo, lo primero que le dijeron fue que se descubriera la cabeza ante la foto del Padre de la Patria. Al quitarse el sombrero, comentó que Juárez era su abuelo e inmediatamente lo soltaron. Y así, por más de tres horas continuaron las historias relatadas por todos los miembros de la familia Juárez, al tiempo en que redactaban una carta, que ese mismo día por la noche mandarían al Conaculta, en protesta por la exposición que el 21 de marzo se inaugurará en el Castillo de Chapultepec y que "de ninguna manera refleja la verdadera figura del Benemérito de las Américas". SV
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