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Nobles en México


Lunes 29 de diciembre de 2003 Por Sonya Valencia | El Universal



Carlos de Habsburgo

"La historia de mi familia se desarrolla trágicamente durante una época, porque al caer el imperio Austro-Húngaro en 1919, mis antepasados se exiliaron inicialmente en Suiza y después en la isla de Madeira. En 1922 mi abuelo murió en el exilio y mi abuela, la emperatriz Zita con sus siete hijos (entre ellos mi padre, Félix de Habsburgo), llegaron a vivir a España invitados por el rey Alfonso XII".

Alto, delgado, de porte muy elegante y aunque de trato sencillo, con cierto aire que revela su cuna, Carlos de Habsburgo nos cuenta anécdotas de sus antepasados en su tranquila casa de San Ángel, que comparte con su guapa esposa, Annie Claire Lacrbe y sus dos pequeños hijos, Julián y Luis Damián.

Licenciado en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, y el Colegio de México, se dedica junto con Annie Claire a la consultoría, en su propio despacho.

Y aunque conoce a todos los miembros de la nobleza asentados en México, dice que sus mejores amigos son compañeros de la escuela y personas a las que ha tratado a lo largo de su vida, "nobles de corazón".

Él nació en México porque su padre, luego de peregrinar por el mundo, se estableció definitivamente en nuestro suelo a partir de 1952, cuando se casó con la princesa Eugenia D`Arenberg, madre del príncipe.

Pertenecer a la nobleza no significa tener fortuna económica. Carlos de Habsburgo comenta que en 1919 confiscaron todos los bienes de su familia y que su abuelo, siendo en 1918 el hombre más rico del mundo, un año después tuvo que trabajar como jardinero en la isla de Madeira, para que sus hijos pudieran comer.



Kitzia Nin Poniatowska, una princesa chispeante

Nieta del príncipe polaco Jean Ciolek Poniatowski, descendiente del último rey de Polonia, Kitzia es sencilla, con un burbujeante sentido del humor y muy democrática. Antes de ser mamá, llegaba en motocicleta a su trabajo.

Entre los herederos de la nobleza europea nacidos en México destaca por su desparpajo Kitzia Poniatowska, directora de Relaciones Públicas y Eventos Especiales de El Palacio de Hierro. Cada año, en la fiesta del almacén para los perfumeros, ella es maestra de ceremonias e invariablemente bromea.

Kitzia jamás ha cumplido con reglas de protocolo: cuando cursó parte de la carrera de Ciencias Políticas en el ITAM se comportó. Pero cuando se inscribió en Ciencias Sociales en el Claustro de Sor Juana, se volvió famosa por llegar en motoneta roja.

Se divierte al contar que su abuelo fue amante de Catalina la Grande y que era "muy fogoso".

La abuela de Kitzia fue Paula Amor, una señora de gran alcurnia, quien pasó la mayor parte de su vida en Europa. La pareja Poniatowski Amor vino a México en 1940 con sus hijas, Elena y Kitzia. La última, madre de "la princesa del Palacio de Hierro" se casó en segundas nupcias con Charles Nin, hijo de Thorvald Nin, hermano de la célebre escritora Anaís Nin.

Hace años en un accidente quedó postrado uno de los hermanos de Kitzia. Para "exorcisar" la angustia, Kitzia escribió su primer libro, Los demonios del dolor , y ya prepara una novela para el 2004.

Casada con Pedro Romero de Terreros y madre de Manuela y Federica, Kitzia es también sobrina de la escritora Elena Poniatowska y sobrina nieta de Anaís Nin.



Letizia Ortiz, la periodista que ?cazó? a un príncipe

El 22 de mayo del 2004, en la catedral madrileña de Almudena, Letizia Ortiz, de 29 años, y el príncipe Felipe de Asturias, de 36, recibirán la bendición nupcial y ella pasará a ser la futura reina de España. Después del viaje de bodas establecerán su hogar en el Palacio de la Zarzuela. De este modo habrá culminado el cuento de hadas cuya protagonista vivió en México.

Periodista, divorciada, libre y chispeante, Letizia Ortiz llegó a la capital jalisciense a fines de 1996, para tomar un curso en el Departamento de Estudios de Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara. Al mismo tiempo laboró en el periódico Siglo XXI de aquella ciudad.

Después de seis meses de estudios, viajó a la ciudad de México y posteriormente hizo un recorrido por el sur de la República.

En Guadalajara vivió en una pensión de estudiantes, en la colonia Jardines del Country.

Quienes la trataron en ese tiempo la recuerdan como "una mujer muy guapa, de carácter fuerte, que no se dejaba de nadie, que vestía pantalones vaqueros y casi no se maquillaba porque era muy bella".

El calificativo de ambiciosa, "pero en el buen sentido de la palabra", aparece en labios de Olimpia Nájera García, hija de la señora que alojó a la futura reina de España, y que narró la siguiente anécdota: "Una vez fuimos a un bar y llegó el mesero a prenderle un cigarro y Letizia gritó: "Tía, coño, pero cómo me van a encender un cigarro, ¡no estoy inválida!".

Corta de dinero, en Guadalajara la periodista se ofreció a hacer reseñas de restaurantes, con tal de tener asegurada la comida.

Con su matrimonio de un año con el profesor de lenguas y escritor Alfonso Guerrero, anulado, en pleno entrenamiento para su inserción en la nobleza y en acelerada catequización para ser una buena católica practicante, muchos temen que la chispa de Letizia Ortiz esté a punto de extinguirse o cuando menos, de menguar.

Quienes se sintieron sorprendidos cuando durante la ceremonia del anuncio de su compromiso, ella dio un codazo al príncipe al tiempo que le decía: "Cállate, yo me ocupo de esto", ahora comentan el cambio de la futura esposa del heredero de la corona española, convertida en una mujer modosita, que lo único que dice en público es "hola" y "adiós". "Están domando a la fierecilla", comentó un periodista ibérico.



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